Nació hace 18 años en una cálida ciudad del norte de Brasil. Hoy vive en Buenos Aires y, tras actuar junto a Ricardo Darín y Diego Peretti en cine y televisión, es una de las jóvenes promesas de la actuación en la Argentina. Además, es tan sexy…

La cámara se enciende y Ailín se transforma. Clara, su personaje en la serie En terapia,  desconsoladamente con la mirada perdida en el vacío. El espectador queda atrapado por la belleza y la intensidad de esa chica que pocos conocen. Y se pregunta, casi de manera instintiva, cómo se hace para llorar tan bien.

 

-¿Cuál es su técnica?


–Yo no soy esa gente que aplica la memoria emotiva. Me funciona más meterme en la situación de verdad, si no no me saldría. En veinte minutos de rodaje seguido, como hacíamos en En terapia, si no te metés sale mal. Al principio cuesta, pero en seguida ingresás en la piel del personaje y vivís su situación.
 
 
Ailín nació en Aracuyá, cerca de la bahía, bien al norte de Brasil. Allí vivió hasta los siete años, cuando sus padres decidieron separarse, y su madre, brasileña, dejó de verla. El padre de Ailín, un periodista argentino que ahora la asesora en su carrera y oficia de mánager, volvió con ella a su país natal y aquí la crió, en Buenos Aires, lejos de la playa y el clima tropical. “A los siete años vine a la Argentina y bloqueé el portugués, no lo volví a hablar más. Mi vieja se quedó allá, entonces con mi viejo lo bloqueamos”, recuerda.
 
 
–¿A su madre no la ve hace mucho?


–Vino hace un tiempo, pero ya se fue.
 
 
–¿Se lleva bien con ella?
 
 
–(Duda) Sí, la última vez que vino estuvimos muy juntas. No estoy acostumbrada a eso, pero fue bueno.
 
 
–¿Sufrió mucho no haberla tenido de chica?

 
–Fue natural, fue de muy chica. Después la volví a ver este año y siento que fue la primera vez en mi vida que me uní a ella. Estuve siete años sin verla cuando nos fuimos de Brasil.
 
 

–¿Nunca le reprochó nada?

 
–No, acepté eso como algo natural. No me sale enojarme con ella. Tal vez si hiciera terapia…
 
 
–¿Nunca hizo terapia?
 
–No.
 
 
Ahora entiendo por qué Ailín llora tan bien. Ahora comprendo, luego de haber escuchado su historia, que ella sabe lo que es el dolor y conoce perfectamente la horrible sensación de haber sufrido una pérdida. Le pregunto, entonces, si recurre a sus propios fantasmas a la hora de interpretar a los ajenos. “Creo que la historia de uno siempre te marca mucho”, me cuenta, con una seguridad que sorprende. “Yo soy un poco esto por todo lo que me pasó en la vida. Tu pasado te ayuda un montón, porque uno trabaja sobre experiencias personales, la actuación es muy humana, entonces uno observa mucho el pasado. Pero sí, a veces pensar en cosas de mi vida me ayuda para mis personajes”.
 
 
–¿Cómo traslada esas emociones a la piel de Clara?

 
–Clara es una bailarina de ballet adolescente. Tiene toda esa presión del mundo del ballet, una presión física muy grande. Ella es muy exigente también, y es una chica que está muy sola. Eso la hace una persona muy dura, pero cuando alguien logra ir más allá, como Guillermo, el personaje de Diego Peretti, se ablanda.
 
 
–¿Esa exigencia de la bailarina tiene algo que ver con la exigencia de la actriz?

 
–Quizá no en un sentido tan físico, pero eso de la autoexigencia sí lo vivo. Clara dedica gran parte de su vida al trabajo, y yo también.
 
 
–¿Actuá desde muy chica?
 
 
–Desde los diez años.
 
 
–¿Y cómo hacía para manejarse con su vida normal, con el colegio?

 
–Siempre lo manejé bien, pero cuando estaba en quinto año se me juntaron varias cosas y se me complicó. Los últimos dos años del secundario fueron terribles. En 2010 tuve varios rodajes largos y falté mucho al colegio.
 
 
-¿Cómo se llega al mundo del cine, tan codiciado por muchos actores?

 
-En mi caso, yo estaba haciendo publicidades y me presenté a dos castings. Uno era para la película XXY, con Ricardo Darín, y el otro para El tesoro del Portugués. Quedé en las dos películas y fue todo muy fuerte, porque se filmaron al mismo tiempo, en la segunda mitad del año, y yo estaba en el colegio.
 
 
–¿Hacer cine era una meta muy importante para usted?

 
–Casi ni me daba cuenta de lo que significaba, era muy chica y no tenía mucha noción. Sí me encantaba ver películas, pero no era algo con lo que soñaba. De hecho, me acuerdo de que el primer día de rodaje fue muy raro para mí, no entendía cómo funcionaba el asunto. El cine me resultó parecido a lo que yo hacía en publicidad, pero mucho más intensificado.
 
 
–Pasó de no haber hecho nada a tener mil escenas con Darín.

 
–Sí, pero era chica y me lo tomaba como un juego, entonces no había tanta presión. 
 
 
Mientras charlamos, Ailín se somete a una intensa sesión de maquillaje que la transforma en una mujer aún más bella de lo que naturalmente es. Dice que le gusta que la produzcan, que le encantan la cámara, la ropa, y que adora los polvos y labiales que la maquilladora dispone perfectamente en su rostro de una belleza exótica, impresionante, enorme.
 
 
De repente, mientras la escucho hablar, noto un leve moretón violáceo en su rostro. Le pregunto qué pasó. “Anoche salí a un boliche con una amiga”, me cuenta. “En un momento, estábamos bailando en la pista cuando lanzaron unas pelotas gigantes, y un chico quiso pegarles con el puño cerrado y su mano fue a parar a mi ojo”.
 
 
–¿Dolió mucho?

 
–Sí, dolió.
 
 
–¿Cómo reaccionó?
 
 
–Viste cuando algo te duele mucho, que te ponés a llorar. Bueno, eso. 
 
 
–¿Y el chico qué hizo?
 
 
–Nunca se dio cuenta.
 
 
–¿No le dijo nada?

 
–No, seguí caminando y me fui para otro lado, así no me veía.
 
 
–¿Sale mucho?
 
 
–Sí, me gusta salir.
 
 
–¿Tiene novio?
 
 
–No.
 
 
–Imagino que le queda poco tiempo libre.
 
 
–Siempre estudié y trabajé, a hora que terminé el colegio siento que me sobra el tiempo, que debería hacer algo más. Me gustaría estudiar otra cosa, creo que a la actuación le suma tener otra carrera.
 
 
–¿Qué le gustaría estudiar?
 
 
–Ni idea, pero algo seguro.
 
 

“Me gusta poder vivir situaciones que en la vida real no viviría nunca, pero que igual te dejan cosas para aprender, por más ficticias que sean”
 


-¿Tiene claro que quiere ser actriz en el futuro?

 
–Clarísimo no, es algo que disfruto mientras pueda, pero sé que vivir de la actuación es muy difícil.
 
 
–¿La angustia eso?
 
 
 –Un poco sí, pero no pienso mucho en el tema, no me lo tomo como una crisis vocacional.
 
 
–A los 18 años uno se enfrenta al vértigo de decidir lo que va a hacer el resto de su vida, y eso es un poco fuerte, ¿no le pasa?
 
 
–No me está pasando, por suerte. Tengo muchas amigas que lo sufren, pero yo no me detengo mucho a pensar en eso. Sé que existe  la inestabilidad en la carrera del actor, pero no me asusta como para detenerme.
 
 
–¿Cuál es su próximo paso?


–La semana que viene comienzo a grabar una ficción para canal Encuentro. Interpreto a una adolescente que es nueva en una escuela del conurbano. Son ocho capítulos y cada uno tiene un tema relacionado con la escolaridad y la adolescencia. Está Vera Spinetta también, ¡Vera es lo más!
 
 
–¿Qué desafío representó hacer En Terapia?
 
 
–Fue muy complicado porque hacíamos las tomas casi completas, con textos larguísimos. Era empezar y hacer una toma de veinte minutos, casi media hora. Eso para mí fue muy nuevo, nunca lo había hecho. Y con Diego (Peretti) estaba buenísimo, porque él es un gran actor.
 
 
–¿Alguna vez le dio miedo enfrentarse a monstruos como él o como Darín?

 
–Con Diego un poco sí, porque aparte es televisión y hay mucha exposición. Además estaba con un elenco increíble, lo que me dio mucha felicidad.
 
 
–Sin embargo, nunca le ganó la presión.

 
–No, porque disfruto mucho.
 
 
–¿Qué es lo que más disfruta?

 
–Siento que cuando actúo aprendo mucho. Es una escuela para mí.
 
 
–¿Qué cosas aprende?
 
–Aprendés mucho de vos mismo, porque todo el tiempo estás trabajando con la sensibilidad. Me gusta poder vivir situaciones  que en la vida real no viviría nunca, pero que igual te dejan cosas para  aprender, por más ficción que sean. Por eso digo que yo aprendo mucho actuando.
 
 
–¿Siempre trabajó con grandes actores en proyectos de prestigio, nunca le ofrecieron algo más light?

 
–Sí, pero ahora soy grande y voy eligiendo. Igualmente, no me cierro a nada.
 
 
–¿Rechazó algunas propuestas?
 
 
–Sí, yo siento que tengo que estar cómoda, si no no puedo trabajar. Si el personaje no te atrapa, si no lo sentís, es una pérdida de tiempo ponerle el cuerpo. Tanto para el que está del otro lado como para mí. Si no te gusta el personaje, se nota mucho en el resultado.