Acostumbrado a los éxitos, no evade el tema del momento: el rating del 13. En un año de apuestas fuertes, prepara tres ficciones para recuperar el liderazgo en la TV y estrena una nueva película donde protagoniza una comedia de parejas swingers que promete dar de qué hablar. En lo personal, tampoco se escapa a la hora de referirse a los hijos, a la familia que armó con Griselda Siciliani y a sus fantasías más privadas.

Dirá que para saber ganar hay que saber perder y que como ama el juego de la TV ahora irá por la revancha. Este no es un año más para el gerente de programación de Canal 13. Pero si hay algo que Adrián Suar no pierde es el sentido del humor. Ni la pulseada feroz por el rating, ni los números que últimamente no lo favorecen, ni el debut tardío de Marcelo Tinelli, ni las tres ficciones que fracasaron lo doblegan. Las cosas no salieron como esperaba. Lo sabe. Y se hace cargo.

 

 

–Con 31 años en la televisión, cuál es su conclusión: ¿la fórmula del éxito existe o es impredecible?



–Pará, pará. Primero: ¿de dónde sacaste ese número? No puede ser… ¿31 años ya?

 

 

–Según el archivo empezó en 1981 con El papá de los domingos gracias a un casting en canal 9.

 

 

–Sí, sí, ¿tanto tiempo pasó de eso? Aclará que era un prodigio de 12 años y sigamos (Suar ríe con ganas y, sin que se lo pidan, retoma el tema). Del éxito te puedo decir que conozco bien sus condimentos. Para hacer un éxito se necesita creatividad, trabajo, constancia y una gran cuota de suerte.

 

 

–¿Qué falló entonces?

 

 

–Eso lo podés saber una vez que estás al aire. Lo podés intuir, pero no predecir. Cuando viene un éxito, al tercer programa te das cuenta qué cosas hiciste bien, qué fue lo que pegó y por qué te eligen. Y cuando hacés un fracaso pasa lo mismo, entre el segundo y cuarto programa, encontrás el error.

 


–¿Para usted el público siempre tiene la razón?

 

 

–El público generalmente tiene razón. Igual eso no significa que un producto que ven 10 millones de personas a mí me termine de cerrar. Pero analizar y entender por qué lo ven es importante, ya sea por lo bizarro, por lo perverso, o el disparador que fuere.

 


” Para hacer un éxito se necesita creatividad, trabajo, constancia y una gran cuota de suerte”



–¿Le gusta Tinelli?

 

 

–¿Cómo no me va a gustar Marcelo? Es el número uno de la televisión, nunca dejó de serlo. Lo re banco. El mejor conductor, lejos.

 

 

–¿Cómo se sobrevive al rating del minuto a minuto en tiempos de alta competencia?

 

–Se creó todo un folklore respecto al rating, hay mucho mito en eso. Suma el tema de la exposición que no es menor, claro… Pero, a ver: me pasa lo que le pasa a cualquier individuo. Cuando me va bien, todo es alegría. Y cuando las cosas no salen, la paso mal, me deprimo, me estreso y hago catarsis como cualquiera. Yo personalmente no vivo el rating como un karma, tengo mi matrix fuerte, lo entiendo como parte de este juego.

 

 

–Suena muy zen.

 

 

–Sonará, nada más. Yo soy re competitivo, me vuelvo loco, lo admito. Pero también tengo claro que el que no sabe perder no sabe ganar. Y yo sé perder. No me gusta, desde ya. Pero como sé perder, también sé buscar la revancha. Respecto al rating y la responsabilidad que eso tiene dentro del mundo del espectáculo, como amo profundamente lo que hago, no lo vivo como una carga. Los que me conocen y trabajan conmigo saben que tengo buen humor, que me divierto, que en los fracasos también trato de ponerle buena onda y de no perder el sentido del humor. Además me siento un privilegiado porque esta profesión siempre me trató muy bien.

 

 

–¿Cómo ve la televisión de hoy? Escucho críticas.

 

–Puedo hablar más de Telefé y del 13, que son los que tienen mayor presupuesto; el resto de los canales hacen lo que pueden con la programación que pueden. Eso pasa en la Argentina y en todas partes del mundo, en México, Brasil, la mayoría de los países tienen dos canales que lideran en audiencia y el resto acompañan con la torta publicitaria. Lo que veo hoy es mucho formato con gente sentada presentando repeticiones de otros programas y debatiendo sobre todo. Algunos de esos resúmenes están muy bien hechos y editados. Y respecto a Telefé, debo reconocer que hizo las cosas bien. Por eso somos competencia.



–¿Con quién comparte el juego de mover las fichas a la hora de ganar con la programación?

 

 

–Con Pablo Codevilla y Coco Fernández.

 

–¿Y qué preparan para la revancha?



–La jugada que viene es incorporar dos tiras para el prime time. El objetivo es programar un canal con bastante diversidad de productos. Hasta marzo, abril, lo tuve con la ficción, pero no nos fue bien (se refiere a Los únicos, Lobo y Condicionados). Agosto se viene con todo: incorporamos Sos mi hombre y Tiempos compulsivos (ver recuadro). Y para fin de año empezamos a grabar una comedia romántica que voy a protagonizar con Natalia Oreiro, es un proyecto que venimos manejando desde hace tiempo y ahora se concreta. Me tiene muy entusiasmado la dupla, y para mí va a estar bueno volver a la ficción.

 

–¿No lo cansa la presión de vivir tras la búsqueda permanente del éxito?

 

 

–Siempre fui en busca del éxito. Lo archibusqué y lo sigo buscando. Pero tengo buena onda con él. No me tomó la cabeza, ni me maneja. Es un amigo que me acompaña, pero hasta ahí. Cada uno se paga lo suyo. Le puse mucha terapia, mucho de mi cabeza y de mi sanidad. La salud mental es fundamental para mantenerte en eje.

 

 

–¿Y qué hay de su estrés?

 

–Ahí está, gracias, controlado (risas).

 

 

–Meditación, análisis, ¿cómo lo hace?



–El análisis es necesario, ayuda mucho. Pero el estrés en sí lo bajo haciendo huevo. Necesito dejar al animal quieto. Veo una película, me pierdo con una serie o con el paisaje durante una caminata. En la intimidad hago una vida muy tranquila: estoy con Griselda (Siciliani, su pareja) en casa, en familia, eso me encanta.

 

 

–Manejar un canal, una productora, protagonizar una tira, oficiar de padre, mantener la pasión en la pareja. ¿Cree realmente que se puede ser diez en todo al mismo tiempo?

 

 

–No sé si soy un diez. Pero me reparto bastante bien. Respecto a la tira que voy a hacer con Natalia, es algo que hice en 2005 con Sin código. Me fue bien. Sé que si lo hago una vez cada tanto, puedo. Es cierto que el que mucho abarca poco aprieta, pero tengo un rango alto que lo fui descubriendo con el tiempo. Tengo una capacidad de hacer muchas cosas a la vez que a mí mismo me sorprende por momentos. No soy neurótico a la hora de trabajar. Perdón, sí, soy neurótico. Pero no tengo la neurosis típica: hago el switch naturalmente, paro, sigo, cambio.

 

 

La revancha del 13: Lo que se viene



Sos mi hombre. La historia gira en torno a Ringo (Luciano Castro), un boxeador retirado que hoy se ve obligado a enfrentarse a contrincantes más duros que los del ring: su penosa situación económica, la decepción amorosa y la permanente lucha por la custodia de su hijo Santino. Camila (Celeste Cid) es una joven y acomodada doctora que siente la necesidad de ayudar a los demás. La atracción será instantánea y ya nada volverá a ser igual, promete la sinopsis. Con Joaquín Furriel, Eugenia Tobal, Gabriel Goity, Gonzalo Valenzuela, Lito Cruz, Raúl Rizzo, Gimena Accardi, Ludovico Di Santo y más elenco.

 

 

Tiempos compulsivos. Fernán Mirás será el terapeuta de una fundación que alberga pacientes ambulatorios con patologías psiquiátricas. En encuentros semanales, junto a su ayudante (Juan Minujín) y una nueva doctora (Paola Krum), intentará aliviar el malestar que aqueja a sus pacientes y, a su vez, luchar en silencio contra sus “propios fantasmas”. Con Guillermo Arengo (un adicto al trabajo), Carla Peterson (fóbica “generalizada”), Pilar Gamboa (con vértigos y ataques de pánico frecuentes), Gloria Carrá (padece trastorno de personalidades múltiples) y Rodrigo de la Serna (un “manipulador” que disfruta de marear a la gente).

 

 

Solamente vos. Así se titulará la tira que protagonizará el gerente de programación y que promete dar de qué hablar en 2013. Suar arrancará el próximo año encabezando esta ficción nada menos que junto a Natalia Oreiro, encarnando a un padre separado a cargo de cuatro hijas (entre quienes estarán la China Suárez y Lali Espósito). Con la presencia de Mike Amigorena (que tomará el papel de “novio” de la mujer de Ricardo Mollo) y Muriel Santa Ana (como la ex de Suar).

 

 

–Y ahora la película: el estreno de Dos más dos. Leí la sinopsis, pero prefiero escuchar la cocina de la historia, ¿cómo surgió?

 

–Juan Vera, el guionista y productor, me trajo la idea y me gustó de entrada. La dirigió Juan Kaplan, con quién hace dos años hice Igualita a mí. Piqué de entrada con la propuesta, me interesó eso de investigar sobre la fantasía que tenemos un poco todos en el mundo de la pareja. Lo que pasa en la historia es muy interesante y real. Con Julieta Díaz, que interpreta a mi mujer, venimos de una relación un tanto desgastada, y una pareja de amigos (que son Carla Peterson y Juan Minujín) nos confían que son swingers. La revelación seduce a mi mujer que me propone probar, ver qué pasa. Es una comedia distinta. Yo creo que la gente va a salir del cine pensando. Más allá de la historia, se movilizan cosas internas que son comunes a todos, como el aburrimiento en la pareja después de cierto tiempo y el qué hacer para mantenerla viva, ¿no?

 

 

–¿Le van esas propuestas, tuvo su experiencia previa?

 

 

–Nooo. La verdad es que nunca tuve esa clase de fantasías, jamás. Me divierte tocar el tema desde la ficción de la película, te plantea muchas cosas. Pero yo, Adrián, en lo personal no me va la relación swinger. No estoy en contra del intercambio de parejas, sé que hay gente que lo practica, pero no me despierta curiosidad.

 

 

–¿Cuáles son sus fantasías?

 

 

–Creo que la más común entre los hombres: estar con dos chicas al mismo tiempo. Pero tengo más fantasías en lo laboral que en lo sexual, muchas de ellas las concreté y fueron grandes éxitos. Imaginar, volar, fantasear siempre fue mi motor.

 

 

–¿Y cómo mantiene la pasión en la pareja?

 

 

–En mi caso está intacta. Ahora, en una etapa espectacular, disfrutando mucho de Margarita.

 

 

–Hábleme de ella.

 

 

–¡Uuuy!, estoy feliz, como sabía que iba a pasar. Es hermosa, me puede. Es muy bebé, es de la mamá todavía, pero Gri me deja participar mucho en todo. Estoy muerto de amor por ella. La veo y me produce algo muy fuerte, me produce eso mismo que mi hijo, Toto (el que tuvo hace 13 años con Araceli González). Me gusta mucho ser padre, soy un papá un poco atípico porque no estoy todo el día en casa, pero es algo que disfruto. Soy un padre que ama profundamente a sus hijos. Trato de dar lo mejor, de estar, de acompañar, de consentirlos y también de ponerles límites cuando es necesario.

 

 

–Ser “el hijo de…” siempre carga con un estigma, ¿trabaja para que no les pese su exposición?

 

 

–Margarita apenas tiene un mes. Te puedo hablar de Toto, que ya se está formando, y de él te puedo decir que por suerte tiene cualidades que a mí me gustan mucho: es buena persona, se hace querer y es un ser luminoso. Ahí tiene una genética del papá y la mamá muy especial. Tiene escondido esto de la tele, pero yo sé que se copa con lo que hago. Está creciendo muy bien, me gusta el hijo que tengo, estoy muy orgulloso de él. Yo no soy un padre perfecto, se lo digo: “Soy un padre que te ama, que hace lo mejor que puede y que va a estar presente, pero hamacate porque tenés que hacer tu camino”. Eso es lo que le digo a él, sé que después voy a estar con la ñata contra el vidrio siempre. Los chicos son mi gran pasión.

 

 

–Es difícil hablar bien de uno, pero si tuviera que mencionar tres virtudes suyas, ¿cuáles rescataría?

 

 

–Creo que lo que se ve de mí es lo que soy. Soy casi transparente, te diría. No tengo muchas cosas para ocultar. No me gusta el autobombo, no me maquillo de algo que no soy. No me maquillo de bueno, no me maquillo de malo. Después, soy una persona con más imperfecciones que otras cosas. Soy agradecido, eso sí.

 

 

–¿Y qué vicios le cuesta controlar?

 

 

–Me cuesta desconectarme de lo creativo, te diría. Pensar se convirtió en un vicio. Tengo tantos programas y otros tantos en la cabeza, que por momentos estoy como ausente. No sé si eso se le puede llamar vicio, pero es lo que me pasa: no permito que se rompa la cadena de frío. Vivo anotando tonterías, frases, anécdotas que me cuentan, palabras que me suenan lindas, títulos… Todo surge de una imagen, de historias. Eso está metido en mi cuerpo y no lo puedo controlar.

 

 

–La última: ¿quién es Adrián Suar?



–Ufff… Soy una versión inquieta, una persona que hace. El productor me parece que está primero, esa es mi profesión mayor. El gerente de programación ni qué hablar. Y el actor es mi oficio primario que me va a acompañar hasta mis últimos días porque no lo pienso abandonar, me va a dejar él a mí. Lo dije millones de veces, pero es lo que compensa un poco el resto de la vorágine, es lo que más me divierte. No estoy de vuelta ni mucho menos, pero estoy muy agradecido. Todo lo que me pasó lo voy llevando, lo bueno y lo malo. ¿Quién soy, me preguntaste? Un tipo que acierta y se equivoca, que cuando la pifia relojea, trata de aprender y avanza. Yo sigo. Siempre sigo.

 

 

Dos más dos, la película



La sinopsis tienta. Y mucho. La historia que coprotagonizará trata sobre las experiencias de una pareja que se mete en el mundo de los swingers. Diego (Adrián Suar) y Emilia (Julieta Díaz), exitosos en sus profesiones, tienen un hijo de 14 años y una vida familiar organizada. Mientras que su pareja de amigos, compuesta por Richard (Juan Minujín) y Betina (Carla Peterson), no tiene hijos y lleva una vida más mundana. Una noche de celebración, Richard y Betina les confiesan que practican el intercambio de parejas y que les encantaría compartir esa práctica con ellos. El punto de giro llega cuando Emilia despierta sus fantasías dormidas y le insiste a Diego para que acepten la invitación. Con la participación de Alfredo Casero, dirigida por Diego Kaplan y escrita por Juan Vera y Daniel Cúparo, se estrenará el jueves 16 de agosto.