La vida está llena de cosas bellas, por ejemplo, la obra  de este artista brasileño. Canciones como “Garota de Ipanema” o “Corcovado” lo demuestran al toque, pero discos como Stone Flower confirman que se trata de uno de los mayores artistas del siglo XX.

 

En 1973, en Baires, todos éramos fans de Carlos Santana: la visita del chicano fue la única que recibimos por esos años y todos nos volvimos demasiado obsecuentes con él. Cuando tocó hizo gran parte de Caravanserai, aún hoy considerado como uno de los momentos más elevados de Santana y, dicho por él mismo, la mejor banda que armó en su historia es la de esos años. ¿Para qué estoy hablando de Santana si el que me interesa es Jobim? Bueno, en ese disco genial, del que seguramente nos ocuparemos en un futuro no muy lejano, el único tema que no era original era un cover de “Stone Flower”, de Antonio Carlos Jobim.

 

Para nosotros, jóvenes imberbes e inexpertos, hasta ese momento Jobim era “Garota de Ipanema” y poco más que eso. Y la verdad es que no teníamos por qué saberlo. El tiempo después haría de las suyas y pondría todo en su lugar: a Santana, a Jobim, a los musicalizadores de radio de esa época y a nosotros mismos. Nosotros acá estamos, los musicalizadotes de radio de esa época murieron todos pobres, Santana hoy le toca la guitarra a cualquiera que se le pare al lado y el viejo aeropuerto de Río, El Galeão, hoy se llama Aeropuerto Internacional Antonio Carlos Jobim. Un gesto hermoso y muy saludable del pueblo brasileño a su mayor artista del siglo XX y que sería hermoso que imitáramos aquí con alguien que nos represente mejor que el ministro Pistarini.

 

Una vez, hace un lustro, volviendo de Río con mi esposa e hijo, que era chiquito, nos encontramos con que el vuelo saldría con cuatro horas de retraso. Las primeras dos horas, entre cena, free shop y caminatas varias se bancaron, pero a las tres horas el plan era abandonar al nene y buscar un vuelo que saliera ya a cualquier lado. Como buen padre me dije “debo arreglar esto”, paré al nene frente a un retrato de Jobim que había por ahí y le empecé a contar su historia, con canciones incluidas.

 

 

Después subimos al avión cantando “Garota de Ipanema” y “Corcovado”, yo desafinando y él con su media lengua, ante la sonrisa de mamá. Un momento inolvidable para la familia. En el retorno, una hora en Migraciones en Ezeiza, media hora más en la aduana y, en un momento, me veo diciéndole al nene que el aeropuerto se llamaba Ministro Pistarini pero fui incapaz de contarle una historia entretenida del ministro, por lo que hablamos de Boca y de Batman y de esa forma lo entretuve hasta la salida.

 

A ver si ponemos un poco de onda para recibir al extranjero o para darnos la bienvenida a nosotros mismos y le ponemos al aeropuerto, no digo Luis Alberto Spinetta, pero tranquilamente lo podemos bautizar Ástor Piazzolla, o Atahualpa Yupanqui, o aunque sea Alberto Ginastera, por más que nadie sepa de Bomarzo. No les vendría mal anoticiarse de esa obra a los que no la conocen, o enterarse de que tenemos a Ginastera en el inventario argento.

 

Vuelvo a lo nuestro. Los pendex del 74, con algo de curiosidad e interés, superado el cimbronazo de haber escuchado Caravanserai de Santana, partimos en busca de Stone Flower, de Jobim, para ver de qué se trataba. Y ahí comienza una hermosa historia para todos los iniciados. Nadie es el mismo después de escuchar los 36 minutos que dura todo el disco. Nadie es tan oblicuo como para no ser mejor tipo después de involucrarse con las deliciosas canciones de Stone Flower.

 

 

Antes de meternos en las canciones, es menester echar un vistazo a la banda que acompañó a Tom Jobim y a algunas misceláneas del momento. Para empezar, el disco es una producción de Creed Taylor, quien fue el primero en editar bossa nova en los Estados Unidos, propietario del sello Pacific Jazz, promotor del famoso Bossa Nova Concert en el Carnegie Hall en 1962 y productor también, entre otras cosas, del disco que inició el desembarco de la bossa en Nueva York, el disco Jazz Samba de Charlie Byrd con Stan Getz al saxo, que fue el más vendido ese año en los Estados Unidos. Después de eso Creed haría Getz/Gilberto, con “Garota de Ipanema” y “Corcovado” cantados por Astrud. Ambos temas, los hits de ese inolvidable disco, más “Desafinado” estaban firmados por el pianista de esas sesiones, Antonio Carlos Jobim. Así es que Creed contrató a Tom para el sello Verve, y ya con su primer álbum –The composer of Desafinado Plays, editado en 1963– conquistó a los críticos más encumbrados del jazz, tanto que la Downbeat calificó el debut con cinco estrellas. Jobim volvió a Río, retomó con Creed en el 67 y Wave lo puso en la primera línea del momento. Giras y shows neoyorkinos mediante, en el 70 Tom compuso y grabó Tide. Otro golazo desde fuera del área, tanto que al mes Creed decidió sacar su propio sello musical independiente y le pidió a Tom que reuniera a la banda de Tide y grabara un nuevo disco. Así se llega a Stone Flower. La verdad es que no fue un gran suceso: pasarían dos décadas hasta que esa obra fuera reconocida como el más creativo y sofisticado momento de Jobim en su vida.

 

 

Los músicos que lo acompañaron en ese disco son una verdadera selección de lo mejor y más evolucionado de la época. El propio Jobim al piano y voz, también la guitarra, aunque el primer guitarrista era nada menos que Eumir Deodato, que venía de hacer la música de 2001: Odisea del espacio, de Stanley Kubrick nada menos. Estaba Ron Carter en el bajo, bajista de Miles Davis, Freddie Hubbard, Herbie Hancock y de mil más, incluyendo el dato de que es él quien toca el bajo en “Killing Me Softly with His Song”, de Roberta Flack. También João Palma, baterista brasileño legendario que tocó con Stanley Turrentine y Frank Sinatra, apoyado por los percusionistas Everaldo Ferreyra y Airto Moreira, ex Dizzy Gillespie, Miles Davis y Weather Report, entre otros; más Urbie Green en trombón (Billie Hollyday, Sinatra y Count Basie), Joe Farrell en saxo (George Benson, Lou Donaldson), Hubert Laws en flauta (Chet Baker, Chick Corea, Kenny Burrell) y Harry Lookofsky en violín (Tony Bennet, Sarah Vaughan, Marleena Shaw). Todos juntos en fila por la calle de la mano de Tom Jobim en el 70.

 

La lista de temas comienzacon “Tereza My Love”, canción que compusiera Jobim para su novia de ese momento, como correspondía, pura belleza compuesta para seguramente otra belleza, romántica y sexy, ideal para abrir el disco. Después llega “Children’s Games”, compuesta originalmente para la peli The Adventurers, con Eumir Deodato y que grabaron mejor acá, y mucho después Tom usaría la misma melodía para “Chovendo na Roseira”, con Elis Regina (gracias a Dios cada tanto la reflotaba). Le sigue “Choro”, basado en un antiguo ritmo brasileño, y aquí llegamos a la más cool versión de “Brasil”, de Ary Barroso, que nadie tocó jamás como Jobim, nueve minutos de transfusión de sangre carioca en cualquier organismo sensible. Ahora aparece “Stone Flower”, la canción que da nombre al disco, con todos los nombrados al mismo tiempo más, por si faltara alguno, Hermeto Pascoal, vaya a saber uno tocando qué cosa sublime. “Amparo” es otra de las canciones compuestas para The Adventurers, seguida por “Andorinha”, simple melodía surgida del piano de Tom, con mínimos arreglos, a la que sigue quizá el más marchoso tema del disco ambient de esa película, “God and the Devil in the Land of the Sun”, con un Joe Farrell sensacional subido a una fabulosa sección de bronces comandada por Deodato, dos minutos de gloria. Al final “Sabia”, de Jobim y Chico Buarque, balada parapitos sensible y simplona como sólo Chico sabe hacer. Lo más. Lo bueno de escribir estas líneas es que me llevaron a trabajar relajado escuchando una y otra vez Stone Flower, yendo y viniendo por aquí y por allá, de “Sabia” a “Choro” paré unos minutos para disfrutar enteramente “Children’s Games”, miré la foto de mi mujer en la playa con Brasil de fondo, prendo otro faso y sí, amigos, me atrevo a decir, sin temor a equivocarme, que la vida está llena de belleza, si la querés arruinar encendiendo la tele a la tarde o escuchando música de mierda en las radios más famosas, jodete, pero la vida está llena de cosas bellas y si no las disfrutás, no te preocupes, alguno lo va a hacer por vos. ¡Feliz Navidad!