Las nuevas tecnologías de impresión permitirán, en pocos años, no sólo reproducir objetos sino imprimir órganos y tejidos humanos en 3D.

¿Imaginan un mundo donde podamos imprimir zapatillas cuando se rompan, o repuestos de autos? Ese mundo ya llegó y de a poco será más accesible al usuario hogareño y asequible para la medicina. Pero en este caso, no es cuestión de esnobismo.

 

Estas nuevas técnicas de modelación en 3D permiten cambiar el rumbo de la sanación porque algún día, dentro de los próximos 15 años, será posible imprimir un riñón.

 

La técnica denominada bioprinting es la responsable de conseguir estructuras destinadas a la reparación de cualquier herida o disfunción. La tinta de la impresora tradicional se reemplaza con células madre, y la forma, con estructuras capaces de portar cualquier material biodegradable y biocompatible, para que el destinatario final no rechace el objeto extraño en cuestión. No hace mucho, para reproducir una estructura compleja, los componentes de un órgano artificial se sostenían con la creación de un andamio realizado en material soluble en agua que, una vez colocado, desaparecía. Con la aparición de la bio-impresora 3D se elimina la necesidad de un andamio y se gana en precisión: cada una de las células o materiales se puede depositar capa por capa, asistidos virtualmente a través de una computadora. Lo llamativo de este nuevo mundo que se abre es que utiliza una vieja tecnología más que conocida: la de impresión a chorro de tinta.

 

 

Nuevos mundos


Uno de estos mundos posibles es el de la gastronomía. La Universidad de Cornell, junto con el instituto de cocina francesa de Nueva York, desarrollaron impresoras 3D donde la tinta no es tinta, sino un compuesto de puré creado a partir de un sistema de jeringas que permite crear complejas recetas, imposibles de tamizar por el ojo humano. Una mezcla de geles alimentarios que contienen ingredientes como chocolate, queso o masa genera esta pasta comestible. El algoritmo será el encargado de hacer realidad el plato principal. Este emprendimiento es parte de un proyecto internacional de código abierto llamado Fab@Home, que permite imprimir, en diferentes partes del mundo, elementos como baterías, accesorios de bicicleta o linternas, según el caso.

 

 

Otro de los mundos posibles es el de la ingeniería de tejido, o medicina regenerativa, que trabaja fuertemente en la posibilidad de imprimir un órgano vital de ser humano. La materia prima estaría compuesta por una combinación de células y diversos nanomateriales que podrían reparar, reemplazar y mejorar funciones biológicas en órganos con lesiones o enfermedades. Si bien por ahora sólo son prototipos, son varios los investigadores que avanzan en este sentido, intentando resolver una problemática mundial: el faltante de órganos para la gran cantidad de pacientes en espera. Tengion es el proyecto del cirujano Anthony Atala, quien presentó un prototipo de riñón artificial utilizando una tecnología que viene investigando hace más de diez años, cuando creó el primer órgano implantado en un laboratorio, una vejiga. Su laboratorio de medicina regenerativa está sentando las bases para poder imprimir más de 30 tejidos diferentes y órganos como riñones, vejigas y válvulas cardíacas. Otro de los avances en este sentido es Bioprinter, una impresora desarrollada por la empresa Organovo y la australiana Invetech, que estará lista para funcionar dentro de cinco años. Esta impresora, con base en San Diego, está orientada a la reconstrucción de órganos y tejidos. El cuerpo humano artificial se va completando como si fuera una partida de TEG. Si nos vamos a Suecia, encontraremos la tráquea artificial, creada a partir del modelo 3D de la original.

 

La materia prima en este caso fueron polímeros artificiales pero recubiertos con células madre, lo que impide el rechazo del órgano. Por el momento todas las áreas mencionadas están en etapa de investigación pero los expertos aseguran estar muy cerca de que sea una realidad. La herramienta-máquina siempre marcó un antes y un después en la historia y generó asombro y rechazo en la sociedad. Hoy hablamos de impresión de objetos como parte de una evolución natural pero olvidamos que el origen de la máquina estuvo ligado al menosprecio del cuerpo en la Edad Media y encarnizado en el odio a lo que estas representaban en la Revolución Industrial para los luteranos. Hoy, el mundo entero está tan embebido de tecnología que hace falta una noticia como la impresión de órganos para pensar que algo raro, al menos, sigue pasando. 

 

 

El auto fantástico de Microsoft



Connectec Car es la panacea en tecnología fierrera. Se trata de un concepto que la empresa Microsoft está desarrollando a través de diversas plataformas como Sync (Ford), Uvo (Kia) o Blue&Me (Fiat) pero que va más allá. Según un portal de trabajo online, la empresa de Redmond está buscando un ingeniero para una plataforma automovilística que incorporará tecnologías como Kinect,ing, Windows 8, Windows Phone, Windows Live, Bing y el sistema de servicios en la nube Azure. Todo esto para interpretar los movimientos de la cara y las manos de un conductor e interactuar con él ofreciéndole información contextual sobre lo que ve en el trayecto y música para que acompañe la travesía, siempre basado en el conocimiento previo del sujeto al volante.

 



Polaroid



Un ícono de la fotografía mundial que ha sabido reinventarse. Sabemos que hoy está de moda (así se explica el éxito de la aplicación Instagram) pero no hay como una cámara de fotos pocket que imprime las películas en el momento. Es lo que la Polaroid Z2300 hace realidad. Tiene 10 megapíxeles y permite imprimir fotografías (¡y stickers!) de 2×3 pulgadas en menos de 50 segundos. Utiliza la tecnología de impresión Zink y los resultados de cada imagen se pueden optimizar con el editor incorporado para utilizar desde la misma cámara. Estará disponible en blanco y negro a partir de agosto en Estados Unidos a 160 dólares, más 15 extra por cada 30 láminas de papelroid.