Luego de una minuciosa investigación, el historiador descubrió detalles inéditos de la vida de Eva Perón. En su libro Evita. Jirones de su vida le da importancia a lo que ella jugó políticamente y no a la visión paternalista que la muestra como apéndice de Perón. El autor, uno de los escritores de mayor venta en la Argentina, logra una vez más transmitir con un estilo claro los sucesos que marcan a fuego la historia de nuestro país.

 

Rodeado por sus siete mil libros ordenados temáticamente, alguna que otra foto familiar, la imagen del Che, recuerdos y objetos antiguos como una máquina de escribir, la Olivetti original. Allí, en su estudio, Felipe Pigna gestó Evita. Jirones de su vida, su último libro, dedicado a su hermana, que fue la primera de su familia en hablarle bien de ella. Una biografía de una mujer a la que califica como “intrépida” porque “se animó a un poco más”.

 

–¿Eva fue una intrépida?

 

–Sí, era una intrépida. En general los intrépidos, los buenos intrépidos, son aquellos que se animan a un poco más, y Evita es un caso así. No creo en la predestinación, no soy calvinista, pero el seguir y seguir contra todo, porque le dijeron siempre que no y ella siempre fue por el sí, creo que la convierte en una buena intrépida. Ella tenía una sensibilidad especial para con la injusticia, lo habla en La razón de mi vida, pero como toda chica del interior y de pueblo, quería ser actriz y figurar en las revistas. Ella queda muy deslumbrada con Buenos Aires en un sentido negativo, le parece una ciudad tremendamente injusta, esa es la primera impresión social que se puede ver. Hay viajes previos de ella, pero cuando se viene a quedar, es una migrante más. Deja el campo para venir a buscar trabajo y deambula, con la diferencia de que ella se pone en la cabeza que quiere ser algo y no otra cosa, no quiere ser oficinista, quiere ser actriz.

 

–Tampoco vino a buscar un marido que la salvara, algo muy común en esa época, ¿no?

 

–No un marido que la mantuviera, sí alguna pareja de conveniencia en algún momento, pero no el matrimonio como salvación. Era una época tremenda para la mujer y más queriendo ser actriz. Regía el derecho de pernada, “querés ser actriz, tenés que pasar por mi cama”, algo que no ha desaparecido aún, pero en ese momento la mujer estaba más indefensa. Ella estaba expuesta a esto, contó sus rechazos y que alguna vez lo tuvo que hacer, pero lo intrépido de Evita no está tanto en ese momento sino en lo que viene después, lanzarse a hacer lo que hizo, como ir a visitar los principales países del mundo.

 

–¿El motor de Eva era propio o era por amor a Perón?

 

–Creo que es algo propio, que se convierte en algo propio, incluso creo que ella llega a construir poder independientemente de Perón, obviamente con el aval de Perón. De las ramas más importantes dentro del peronismo ella manejaba dos, la femenina y la sindical. Se encargaba de los sindicatos y su tarea estaba dividida entre la Fundación Eva Perón, la rama femenina y el sindicalismo. Tenía un poder muy importante y gran conciencia de lo que estaba haciendo, y creo que lo hace con mucha autenticidad. Eso lo demuestra su gran compromiso, un compromiso de piel, de estar diez horas, doce horas, incluso enferma, atendiendo a la gente.

 

–¿Es más fácil o más difícil escribir sobre alguien de quien ya se escribió tanto?

 

–Es más difícil, ayuda que haya mucho investigado, pero uno siempre tiene que constatar, constatar y constatar si quiere hacer un libro serio, y además porque uno está tratando de buscar otra lectura, otra forma de verlo. Yo busqué darle importancia a que ella jugó políticamente y no a la visión generalmente un poco paternalista que la muestra como apéndice de Perón o como un personaje folklórico. Mi mensaje, su último libro, ahí está claramente.

 

–¿En qué momento Eva empieza a prepararse?

 

–Era una mujer muy inteligente, con una gran capacidad de aprendizaje y efectivamente no tenía una gran educación, pero sí una capacidad de aprender y elaborar conceptos propios. Ella leía mucho, empezó a partir de Perón, creo que es una gran alumna, su mejor alumna. Al estar al lado de Perón, que era un tipo muy formado, sintió que se tenía que preparar. Por eso, la acusación de frívola es ridícula, si hay algo que no era Evita es frívola. Le gustaban las pieles, las joyas, los vestidos y a la gente que la seguía le encantaba verla como una reina, es lo que la mentalidad pequeño burguesa no puede entender.

 

–¿Qué es lo nuevo que encontró?

 

–La cuestión de la lobotomía. En 2011 salió un artículo en La Nación que refería a una supuesta lobotomía practicada a Evita en junio del 52 con el objetivo de evitarle los dolores tremendos que tenía. Era una práctica bastante común, en los Estados Unidos se hacían entre 30 y 50 mil por año. Ya no se hace porque es una barbaridad, la persona queda prácticamente como un vegetal. Esto está absolutamente desmentido por los testigos presenciales y particularmente por María Eugenia, la enfermera que estuvo con ella todo el tiempo y hubiera sido la primera en enterarse de una operación. Los datos que se aportaban sobre el tema son extremadamente dudosos, eran unas placas que se mostraban en un documental de Tristán Bauer. A partir de eso se hizo la hipótesis, y la verdad es que no sé cuál es el objetivo, querrán tratar de anular ese período de agonía en el que terminó de escribir Mi mensaje, un libro en el que deja una fuerte postura contra la Iglesia, los militares, el poder. En un momento se dijo que no era de ella, pero después se hicieron las pruebas de caligrafía y se determinó que era de Evita. Probablemente la intención sea decir que eso no fue verdad, que Evita estaba lobotomizada, pero la verdad es que no, incluso hay discursos de despedida grabados con total lucidez.

 

–Hay un accidente en su infancia que tampoco es muy conocido.

 

–Sí, es otra cosa poco conocida, Evita se quemó la cara con aceite en un accidente. Fue una tragedia familiar, y después, cuando le crece la piel, le crece que parece de porcelana. Perón incluso habla de la tersura de la piel, de la blancura de la piel. Era muy chiquita cuando le pasó.

 

–¿Cuándo tuvo su primer contacto con Eva?

 

–En mi familia, que era antiperonista, siempre escuché hablar mal de ella, pero mi hermana, que empezó a militar en la JP, fue la primera que me empezó a hablar bien de Evita, por eso le dedico el libro, después yo también empecé a militar y a conocer a otra Evita.

 

–¿Por qué Eva no se opera?

 

–Creo que hay un poco de omnipotencia, de “no tengo tiempo”, de “tengo que seguir para adelante”. Les pasa mucho a estos personajes: Napoleón no se dejaba atender, siempre tenía algo que hacer, el médico de San Martín le recomendó reposo y el tipo tenía que cruzar los Andes.

 

“Evita se quemó la cara con aceite en un accidente. Era muy chica y después, cuando le crece la piel, parece de porcelana”

 

 

–¿Y cómo era la relación de pareja?

 

–Era una pareja con baja líbido, según cuentan todos, Perón era un tipo con una líbido muy volcada a lo político, no se preocupaba mucho por las mujeres, y la relación era de poco tiempo, cuando ella venía, él se iba, ella llegaba a las cuatro o cinco de la mañana de trabajar, dormía muy poco y a las diez ya arrancaba para la Fundación, le decía al chofer: “Vamos para la boîte”. ¿Por qué a la boite? Porque decía: “Ahí los hago bailar a todos”.

 

 

“Siguió y siguió contra todo, porque le dijeron siempre que no, y ella siempre fue por el sí”