Así como los pensadores del Renacimiento sembraron la semilla que hizo brotar la ciencia, las mentes más intrépidas del siglo XXI nos llevaron por la ruta de la tecnología en un viaje que es cada vez más fácil y rápido.

 

La ciencia resultó la hija dilecta de ese tiempo fantástico en la historia de la humanidad que fue el Renacimiento. La apertura mental que trajo le permitió al hombre desembarazarse del dogma y de la oscuridad de la Edad Media. Isaac Newton, Albert Einstein o Thomas Alva Edison no hubieran sido los mismos sin Nicolás Copérnico o Galileo Galilei que, inspirados en la rebeldía y la curiosidad de genios como Dante Alighieri, Miguel Ángel o Leonardo Da Vinci, les allanaron el camino. Todos ellos fueron grandes intrépidos. Atravesaron barreras supuestamente inquebrantables en su época para crear lo hasta entonces inexistente.

 

Su gran legado, la ciencia, fue la llave  que abrió la puerta del progreso, que a finales del siglo XVIII devino en la Revolución Industrial. 

 

Más de dos siglos después, a comienzos de 2006, en una feria de tecnología, uno de los hombres que cambió para siempre la vida de la humanidad dijo: “Desde luego, el impacto generado por el mundo digital es equivalente al de la Revolución Industrial; no mayor, pero sí equivalente. La diferencia, que magnifica la situación actual, es que el industrialismo se desarrolló durante muchas generaciones, mientras que el cambio digital se está llevando a cabo en sólo una generación y media o dos”. Ese hombre se llama Bill Gates, y es el responsable de la masificación de la computación.

 

“Así como los pensadores del Renacimiento sembraron la semilla que hizo brotar la ciencia, las mentes más intrépidas del siglo XXI nos llevaron por la ruta de la tecnología en un viaje que es cada vez más fácil y rápido”


 

En 1980, Frank Cory, entonces gerente general de IBM, comprendió que los avances en el mundo de la computación, de la mano de los microprocesadores de Intel, pondrían en serio riesgo a su compañía. En ese entonces IBM manejaba el negocio de los grandes computadores, que eran los únicos que existían. Cory encargó a un equipo el desarrollo de una computadora de escritorio, o Personal Computer.

 

Les dio un año de tiempo y el 12 de agosto de 1981 IBM lanzó la PC 5.150, uno de los inventos que más cambió la vida de la especie humana en mucho tiempo. Tenía 29 mil transistores, costaba 1.565 dólares (unos 3.600 dólares actuales) y venía con un software llamado MS-DOS (Disk Operating System). La compañía esperaba vender 241.683 equipos en cinco años. Los vendió en un mes.

 

Al momento de crear Microsoft (1975), el objetivo de que las computadoras fueran algo tan básico como la radio o la televisión parecía una utopía. Sin embargo esta fue la visión que guió a los jóvenes amigos que fundaron la compañía: Bill Gates y Paul Allen. Ellos comenzaron imaginando qué sucedería si la gente tuviera acceso gratuito a la informática. “Creímos que habría computadoras por todas partes, como consecuencia del bajo costo del poder informático y de la cantidad de nuevo software que se aprovecharía de ello”. Cuando IBM encargó a Microsoft el sistema operativo que traería su novedosa PC, el sueño de aquellos jóvenes comenzó a hacerse realidad. La democratización de la informática puso aquel año uno de sus pilares fundamentales.

 

El software no sólo tenía un precio muy accesible sino que podía ser usado en cualquier computadora. Fue como si de pronto, casi por arte de magia, personas que hablaban en lenguas diferentes y que requerían de complejos traductores para entenderse, pasaran a hablar un mismo idioma. Este fue el efecto del MS-DOS de Microsoft. Todas las computadoras pudieron utilizar el mismo lenguaje.  

 

En 1984, Apple Computers, la empresa fundada en 1976 por otro joven creativo, Steve Jobs, marcaría un nuevo hito al presentar su revolucionaria computadora personal. La Macintosh de Apple traía incorporado, por primera vez, un software cuyos comandos funcionaban a las órdenes de un simpático adminículo que sería bautizado como “el ratón” o el “mouse”, y se recorrían con un sistema de “ventanas”.

 

Para operar la Mac no hacía falta escribir complejas instrucciones, sino simplemente clickear el mouse. Steve Jobs había marcado el camino pero en aquel momento no llegó a construirlo. Nuevamente Bill Gates se encargaría de darle masa crítica a esta ruta de innovación inaugurada por Jobs. Él lo acusaría toda su vida de haberlo copiado.

 

El 1990 Microsoft lanzó el programa Windows 3.0, un software basado en representaciones icónicas que evitaban al usuario tener que redactar complejas instrucciones. Ahora, con un simple doble clic del “ratón” podría abrir y cerrar “ventanas” que lo iban llevando de un programa a otro, y la creación de una interface gráfica que podía ser utilizada en cualquier computadora derribó las barreras que quedaban.

 

La vocación por la masividad de Microsoft, junto con la convicción estética y funcional de Apple, lograron que la computación dejara de ser exclusiva para transformarse en inclusiva. Los sueños de aquellos intrépidos jóvenes pusieron en marcha una nueva era que ya no tendría vuelta atrás.

 

Apenas 20 años después, la tecnología es el parámetro que organiza nuestras vidas. La base de nuestros modelos de pensamiento. Una PC actual estándar funciona 670 veces más rápido que la 5.150 de IBM de 1981 y procesa 30 mil veces más instrucciones por segundo. Hoy cuesta menos de mil dólares.

 

Así como el siglo XX fue el siglo de la ciencia, el siglo XXI es el de la tecnología. Nuevamente fueron los intrépidos los que le dieron forma al mundo. Su particular vocación por lo que no existe termina moldeando nuestra existencia. Sin ellos, definitivamente, nuestra vida no sería la misma.