Un aventurero y un gentleman: así es como uno se siente al pisar por primera vez suelo sudafricano. El contraste entre el exotismo del continente y la pulcritud de las costumbres heredadas de sus conquistadores –británicos y holandeses– es difícil de describir.

Sudáfrica no se parece casi a nada. Su paisaje azotado por el sol; sus costas bañadas por dos océanos, el Atlántico y el Índico, que compiten en magnificencia; su geografía inquieta: montañas, llanuras verdes, acantilados que imitan la “corniche”, mesetas amarillas; su infinidad de especies animales. Y, finalmente, la joya de la corona: la inigualable Ciudad del Cabo.

La ciudad más soleada del mundo

 

Ciudad del Cabo se extiende entre las olas azules del Atlántico y un pintoresco pico trunco, Table Mountain. A lo largo de esa franja, desfilan barrios que van desde el recuperado reducto de los negros, hoy el pintoresco downtown, hasta las mansiones que balconean al mar en la exclusiva Clifton Beach, playa de ricos y celebridades.

Es una ciudad sorprendente, por la variedad de paisajes urbanos, la calidad de sus servicios y la gentileza de su gente. En Ciudad del Cabo encontramos historia hasta en su centro comercial, antiguo refugio de esclavos, con casas coloniales recientemente recuperadas. Hay diversión en De Waterkant, el barrio gay friendly, rebosante de cafés, restaurantes y pequeñas casas holandesas de hermosa arquitectura. Hay paseos divertidísimos en el Victoria and Alfred Waterfront, que en el marco de una suntuosa arquitectura victoriana y un ambiente cosmopolita alberga más de 400 locales que ofrecen artículos para todos los gustos y presupuestos (artesanías, joyas, antigüedades, ropa, comidas). Saliendo de la ciudad se encuentran dos de los puntos más interesantes del viaje: los Kirstenbosch Gardens, sin duda entre los más bellos jardines botánicos diseñados por el hombre, y la ineludible península del cabo: Cape Point.

 

Un viaje a los orígenes: Cape Point 

 

Unos pocos kilómetros al este de Ciudad del Cabo se encuentra el cabo de Buena Esperanza, límite convencional, aunque no real, de los océanos Atlántico e Índico, y una de las reservas naturales más importantes del mundo.

Esta reserva tiene un dramático paisaje de altos acantilados adentrándose en el mar con una tremenda variedad floral. La península es el sexto reino floral del mundo, tiene 7.750 hectáreas y es por lejos, en proporción a su tamaño, el más rico de los reinos. Internarse en ella es reencontrarse con los orígenes: múltiples especies de monos, cebras y demás animales saldrán a nuestro encuentro, mientras que al llegar al final de la punta, los delfines danzarán alegremente ante nuestros ojos. Y desde ese extremo, Cape Point, la vista asombrosa de las aguas azules y esmeraldas mezclándose en una maravilla líquida.

 

El reino de los animales: Parque Kruger 

 

Claro que el sitio en que el gentleman da paso al aventurero es esa esquina del país que se llama Parque Kruger y que concentra la mayor cantidad de animales salvajes. Si la suerte está de su lado, verá a los llamados big five: el león, el búfalo, el elefante, el rinoceronte y el leopardo, en su propio hábitat, y se sentirá un poco el protagonista de África mía.

 

Por supuesto que estos safaris organizados poco tienen que ver con el peligro o la incomodidad. Los confortables lodges que esperan a los visitantes pueden llegar a competir con el mejor hotel cinco estrellas de cualquier ciudad. El Parque Kruger tiene unos dos millones de hectáreas y puede visitarse todo el año, aunque el encanto de la primavera lo hace especialmente deseable. Sólo se trata de contar con el cargo y los prismáticos adecuados.