Muestra por primera vez su trabajo. Retrata lo exterior porque es la forma mas directa de expresar lo que ve y lo que siente. Prefiere el sistema analógico al digital y se inspira cuando viaja.

  

A Florencia la rodea el misterio. Todos sabemos quién es, qué hace, de donde viene. Todos la vemos, semana tras semana, protagonizando notas inventadas en las páginas de las mismas revistas de siempre. Su pelo rapado a los costados, su look andrógino, su piel blanca –casi transparente- y unos ojos cristalinos que heredó de su padre. Esa mirada, que las fotos robadas de los paparazzis nunca logran captar en profundidad, es la que me atrapa y me hace conocerla en pocos minutos cuando nos sentamos, por primera vez, en un bar de la Avenida del Libertador. Florencia está aterrorizada.

Es la primera vez que da una nota, que se sienta frente a un periodista y se somete a las indagaciones de un extraño con grabador. “Confío en vos”, me dice. Le juro que no voy a publicar nada que la afecte o perjudique, y me quedo hipnotizado por esos ojos azules que me miran fijo.

Lo que nadie sabe de Florencia es que es una gran persona. Cómo saberlo, si sólo la vemos escapando de fotógrafos que la acosan por algo que ella nunca buscó, por una fama absurda que le vino de arriba, que no tiene nada que ver con su trabajo ni con su forma de ver la vida. Y digo que Florencia es buena porque mido sus actitudes, esos pequeños detalles que definen a una persona cuando apenas la conocemos (…)

Siendo quien es, llega sola, envuelta en un tapado negro discreto, y se sienta a mi mesa. Le pregunto, temeroso, sin saber qué esperar de una persona que siempre lo tuvo todo, en qué mesa se quiere sentar, y me dice que le da igual, que yo elija lo que sea más cómodo para mí. Enseguida me quejo porque el mozo no viene y es ella, la hija de uno de los hombres más poderosos del país, la que se ofrece a dejar su silla, pararse y salir a buscarlo. Cuando el mozo viene pido una cerveza de la buena y me dice que no hay, que sólo tiene la más popular. No vas a querer tomar eso, le digo a Florencia, pero a ella le da igual y pide cualquier marca, la que haya, y luego toma cerveza conmigo como si fuéramos amigos de toda la vida. Le pregunto si le cuesta confiar en la gente, sabiendo que muchos pueden acercarse por interés, y contesta:

“No, yo sé en quien puedo confiar y en quien no. Me doy cuenta bastante rápido. Cuando no dudás, es que está todo bien”. Yo no dudo y ella parece que tampoco.

Nos caemos bien, tanto que hablamos con una fluidez inusitada para dos personas retraídas que acaban de conocerse.

 

–¿Sos muy tímida?

–Sí.

–¿Callada?

–Sí.

–¿Cuando estás en confianza también?

–Sí, no soy de hablar mucho, la verdad.

–Yo también, me tendría que haber dedicado a otra cosa, ¿no?

Florencia lanza la primera carcajada de la noche. Es una risa nerviosa, pero auténtica. Verla así, contenta, me da placer. Siento que esta charla, entrevista o conversación puede seguir adelante, a pesar de todo. Enseguida nos ponemos a hablar de cine y fotografía, los temas que a Florencia le interesan y la razón por la que se animó a dar una nota. Para hablar de eso, y no de ella.

–¿Por qué decidiste dar un reportaje?

–Porque me pareció bien mostrar un poco de lo que hago.

–¿Cómo empezaste a sacar fotos?

–Siempre me gustó sacar fotos. Viajando me sale más… Hace tiempo que saco, lo distinto es que ahora lo muestro. Saco fotos cuando me surge, en general eso me pasa cuando estoy afuera de la ciudad, cuando estoy de viaje. Prefiero sacar en analógico que en digital, me sale mejor así.

–¿Y el cine?

–Lo de estudiar cine fue un momento.

Me encanta, pero era muy pendeja. Filmé algunas cosas pero nunca las terminé de editar, me quedaron así por la mitad. Me encantaría retomar algún día.

–¿La fotografía te gusta más?

–Es más fácil.

–¿Sos medio vaga?

–No soy vaga, pero me cuesta mantener las cosas en el tiempo.

–¿Cuando entendiste que el arte era lo tuyo?

–No es algo que entendí en un momento, siempre fue la manera de expresarme. Para mí, son más fáciles las imágenes que las palabras.

–¿Por qué la fotografía? ¿Por qué la necesidad de retratar lo exterior?

–No sé muy bien, supongo que porque es lo más directo, la forma más directa que encontré para expresar lo que veo y siento, para comunicarme. En cuanto a retratar lo exterior, justamente, es una necesidad yno hay una razón. Es un impulso, captar algo de un instante. Por lo que me doy cuenta, esto me pasa más cuando viajo, quizás porque me relajo.

–Cuál es el lugar del mundo que más te gusta?

–Italia me gusta mucho.

–Pero igual elegiste vivir en Buenos Aires.

–Por ahora sí.

–¿Te podrías ir?

-No lo descarto.

–¿Alguna vez viviste afuera?

–Sí, en Madrid.

–¡Qué lindo! ¿En qué parte?

–Malasaña.

–Genial, ¿hiciste amigos allá?

–No mucho.

–¿Y a qué fuiste?

–Necesitaba salir un poco de contexto.

–¿Qué contexto?

– Familiar, social, de todo tipo

–¿Te pesa mucho tu contexto?

–No, igual que a todos.

–¿Y cuánto tiempo te fuiste?

–Tres años.

–¡Muchísimo! ¿Fuiste sola?

–No, con mi novio de ese momento.

–¿Qué hacías allá?

–Sacaba fotos, estudié un poco y aprendí a ser VJ y laburé un tiempo de eso.

–¿Qué es ser VJ?

–Pasar videos en los boliches, en los barcitos.

–¿Ahora estás cómoda en Buenos Aires?

–Sí, la verdad que estoy muy bien acá.

–¿A qué le tenés miedo?

–(Piensa un rato largo) Calculo que a perder el tiempo. A levantarme un día, tener cincuenta años y querer matarme porque no hice lo que quería hacer. Eso me parece bastante terrible. Voy a intentar que no pase.