A los 28 años el creador de Facebook es uno de los hombres más exitosos del mundo. Genio de la informática, es también un hábil hombre de negocios que siempre gana cuando juega fuerte.

El 3 de octubre de 2010 salió al aire, en los Estados Unidos, el segundo episodio de la vigésimo segunda temporada de Los Simpson. La trama contaba que Lisa quería invertir en un proyecto empresarial de Nelson, pero se daba cuenta de que su éxito instantáneo lo hacía dejar los estudios. Para hacerlo recapacitar, Lisa le presentaba a Mark Zuckerberg, y allí descubría que él también había abandonado la universidad.

Dos días antes se había estrenado en los cines Red social, que cuenta el nacimiento de Facebook. En una escena memorable, los estudiantes quedan azorados cuando Bill Gates, el creador de Microsoft, los arenga a innovar y, mirando directamente al personaje que interpreta a Mark Zuckerberg, dice: “El nuevo Bill Gates puede estar en este auditorio”.

En esas 72 horas Zuckerberg, de 26 años, quedó definitivamente consagrado como un nuevo ícono pop, el ídolo para admirar, el ejemplo a seguir la película lo pinta como un nerd bastante despelotado, y esa es la imagen que el mundo compró de él. Los que lo conocen de cerca piensan distinto. Por ejemplo Eduardo Saverin, Dustin Moskovitz y Chris Hughes, sus compañeros de cuarto en Harvard, los que lo ayudaron a crear Thefacebook, la red de la que se cayeron cuando se convirtió en Facebook a secas. El que más se enojó fue Saverin, cuyo rol como gerente de negocios se vio limitado cuando entraron nuevos inversores y su “amigo” redujo su participación en la empresa del 34 por ciento al 0,03. Hubo juicio, y el tribunal le concedió un 7 por ciento de propiedad sobre la nueva compañía y el derecho a ser reconocido como cofundador. Los otros dos también se fueron, con menos ruido pero igual despecho.

Es imposible dejar afuera de la lista a los hermanos Tyler y Cameron Winkle- voss, dos estudiantes de Harvard que estaban armando una red social para los estudiantes de esa universidad y le pidieron ayuda a Zuckerberg, que sabía más de informática. Según ellos, les robó la idea. En 2004 lo demandaron por violación del contrato, apropiación de secretos comerciales y robo de los derechos intelectuales y Zuckerberg se defendió diciendo que no había ningún contrato firmado y que por lo tanto él no era un socio. La demanda tuvo muchas idas y venidas hasta que se diluyó, según se rumorea, en un acuerdo privado.

¿Es o se hace? Su documento dice que Mark Elliot Zuckerberg nació el 14 de mayo de 1984 y en el casillero “profesión” puede poner indistintamente programador o empresario. Se hizo famoso al crear Facebook, pero no fue su primera innovación. En 2002, con 18 años, lanzó Synapse Media Player, con su amigo Adam D’Angelo. Era un programa para bajar música que tenía la habilidad de predecir canciones basándose en las selecciones previas del usuario. Microsoft, Apple y otras empresas quisieron comprar los derechos, pero Zuckerberg decidió no vender y subió la aplicación a la red para que la descargara en forma gratuita quien quisiera. ngresó en Harvard en 2003 y se destacó de entrada por su gran capacidad y por las polémicas que generaba.

 

Primero desarrolló el programa Coursematch, que permitía a los estudiantes ver la lista de compañeros de otras materias, y luego Facemash. com, una web en la que se podía calificar a las estudiantes de la universidad. El Departamento de Servicios Informáticos lo acusó de infringir la seguridad informática y violar las políticas de privacidad y de propiedad intelectual. Se alegaba que Zuckerberg había hackeado la intranet de Harvard para alterar imágenes de los estudiantes sin autorización y para su propio beneficio, pero no era cierto.

Según radio pasillo, Zuckerberg, muy ofendido, hizo pública la lista completa de las imágenes de sus compañeras. Lo cierto es que, en su defensa, declaró que toda información debía ser libre y abierta. La sanción, si es que se aplicó, no se hizo pública. En 2004 Zuckerberg creó Facebook y se tomó el año lectivo, pero en 2005 abandonó la carrera. Llovían ofertas para comprarle el invento, con Viacom y Yahoo! a la cabeza.

Esta última empresa le ofreció mil millones de dólares, pero recibió un no como respuesta. La posibilidad de hacerse ultrarrico no había pasado de largo: el 24 de octubre de 2007 Microsoft anunció que había comprado el 1,6 por ciento de las acciones de Facebook y Wall Street no tardó en calcular que, gracias al acuerdo, Facebook valdría unos 1.500 millones de dólares. Una posterior extensión del contrato incrementó aún más el precio.

A la empresa de Bill Gates le importaban poco las polémicas: meses antes Facebook había lanzado Feed, un sistema de noticias, una lista de lo que hacen los amigos en el sitio, que recibió grandes críticas porque muchos dijeron que era innecesario y exhibicionista. Días después Zuckerberg pidió disculpas por la indeseada herramienta y ofreció nuevas opciones de privacidad, aunque siguió sosteniendo que toda información debe fluir libremente.

 

El 24 de mayo de 2007 Mark Zuckerberg anunció el lanzamiento de la plataforma de Facebook, un ambiente de desarrollo para construir aplicaciones sociales dentro de la red social. Lo publicaron en todos lados y su fama se disparó.

La revista Forbes lo incluyó en su ranking de las 25 personas más influyentes de internet y lo puso en el puesto 785 de la lista de los másricos del mundo, el más joven en la historia de la publicación, calculando cuánto tenía en el bolsillo al ser dueño del 30 por ciento de Facebook, valuada en 5.000 millones de dólares. En las próximas semanas ese pecio podría subir hasta los cien mil millones gracias a diversos acuerdos comerciales. Este Ricky Ricón dista mucho del clásico ganador. En su perfil de

Facebook se define como una “persona a la que le gusta hacer cosas”. Viste remeras y zapatillas, le gusta la psicología y declaró en una nota que tiene un departamento de un dormitorio con un colchón en el suelo. No aclaró si es de dos plazas, porque desde 2005 vive con Priscilla Chan, una estudiante de origen chino que conoció en Harvard y supo ver un diamante en bruto escondido bajo el desgreñado Mark.