Imágenes de la infancia de Benjamín Vicuña en formato Super 8 ilustran esta nota con el protagonista de “La Dueña” y “Prófugos”, la serie de HBO. Política, solidaridad y Pampita en una charla sin precedentes.

Son las siete de la tarde de un martes lluvioso en Buenos Aires. Es de noche, un tráfico insoportable invade la ciudad y dan ganas de hacer cualquier cosa menos enfrentarse a las calles salvajes del centro porteño.

Benjamín tiene fiebre. Y no tiene por qué darnos una nota. No hay regla contractual ni acuerdo de prensa que lo obligue a dejar el confortable departamento que comparte con su familia en pleno Palermo Chico. No hay razón, en la tarde otoñal, para fingir sentirse bien ante las cámaras de un fotógrafo y sonreír frente al grabador de un periodista molesto que le hace preguntas pesadas, indagaciones que lo obligan a pensar en un momento en el que debería descansar.

Benjamín sale de su casa pese a todo lo que acabamos de contar. Baja de la torre lujosa en la que vive, se sube a un taxi cualquiera en el que lo pasamos a buscar y pide comenzar la entrevista ahí mismo, arriba del auto, camino a la sesión de fotos. “Gracias por no cancelar”, le digo. “No, por favor, es que ya habíamos quedado y no quería faltar a mi palabra”, contesta, como si fuera algo normal, en estos tiempos, darle valor a la palabra. Más tarde, al escucharlo hablar y contarnos su historia, entendemos por qué es tan profesional y atento con su trabajo.

“Me enamoré de esto, del teatro, de la actuación, y quise avanzar a toda costa aunque hubo muchos obstáculos, tanto de mi familia como del mundo desconocido al que me enfrenté”, dice. “Pero bueno, no es nada muy heroico mi argumento ni mi forma de pensar, pero lo que yo creí en ese momento es: ‘Si me equivoco, podré volver para empezar de nuevo’. Claramente en mi vida fue un hito haber dejado mi casa para irme a estudiar teatro.”


–¿Por qué tuvo que dejar su casa?


–Porque ese fue para mi familia parte del obstáculo y del esfuerzo. Me dijeron: “¿Querés rock? OK, ¡tomátelas! Viví el rock y arreglátelas solo”. Y eso por supuesto me hizo ser hombre, me abrió la cabeza al mundo, a un Chile que no conocía. Estuve cuatro años en la universidad estudiando teatro y en ese tiempo hubo un distanciamiento con mi familia. 

–¿Tan fuerte fue la decisión de estudiar teatro como para alejarse de su familia? ¿Tan grave era para ellos?

 

–Sí, se me complicó. Se dio en un momento y un lugar en donde era complicado tomar una decisión así. Pero también fue un momento de rebeldía y de mutación interna que me hizo muy bien. Y de paso aprendí a conocer un poco el mundo, porque venía de un lugar bastante protegido, desde todo punto de vista.

 

–Sin embargo, decidió arriesgarlo todo por la actuación.


–Estudiar teatro para mí significó un riesgo, una decisión y un camino bastante solitario. Era el único y el primero en mi familia que se dedicaba a esto, y eso me hizo conocer mis límites, conocerme, y estuvo bueno ese riesgo, ese vértigo. Me sentí más vivo que nunca.

Cuando se publique esta nota, Benjamín estará en Chile grabando la segunda temporada de Prófugos, la miniserie de HBO que fue un suceso en varios países de habla hispana. Antes, habrá terminado de rodar su participación estelar en La dueña, el éxito de Telefé, y habrá viajado a Santiago junto a su mujer, Carolina Ardohain, embarazada de ocho meses.

 

–¿Para cuándo esperan a su nuevo hijo?


–Mi tercer bebé va a nacer en la segunda semana de junio. Será en Santiago por mi agenda de trabajo, esa es la única razón. La idea es que la familia permanezca unida a pesar de los viajes, y ya está todo coordinado así.

 

–¿A Carolina le gusta vivir en Chile?


–Sí, le encanta, aparte allá tenemos amigos y una casa muy linda. La verdad es que nos sentimos cómodos en ambos países, tenemos familia en los dos lugares y hemos construido dos hogares. Se ha formado una dinámica que nos acomoda: extrañar, sentirnos extrañados, y muchas veces no contaminarnos con esa cosa cotidiana y pesadade la rutina. Poder estar cambiando está bueno.

 

–¿Disfrutan de esta situación nómade?


–Todos en la familia, incluidos mis hijos, tenemos una personalidad que hace que nos guste estar en movimiento.

 

–Pero en algún momento van a tener que establecerse, por el colegio de los chicos.

 

–Esperemos que ese momento se prolongue lo más posible. La idea es mantener siempre residencias en ambos países.

 

–¿Qué diferencias encuentra entre la Argentina y Chile?

 

–Hay una diferencia de idiosincrasia, de personalidad, de identidad. Son muchas más las cosas que nos unen que las que nos separan. No puedo desconocer la riqueza cultural argentina. Yo soy un fan de la música, la literatura y el cine argentino de toda la vida, incluso mucho antes de que se me cruzara por la cabeza vivir acá, eso te puedo decir de Buenos Aires. Pero de Chile también está la belleza del paisaje, lo cerca que tienes lanieve y el mar; el orden, lo trabajadora que es la gente. Es una buena combinación.


–¿En qué aspectos debería mejorar Chile?

 

–Reconozco que estamos un paso atrás en cosas como el proyecto de muerte digna, el tema de la identidad de género, el matrimonio igualitario. Nosotros vamos un paso atrás pero siguiendo los buenos ejemplos, aunque es una sociedad que luego de una dictadura quedó con muchos miedos de manifestarse.

Pero hoy estamos más grandes y evolucionamos. El tema del orden es algo que no sé de dónde proviene pero efectivamente es una sociedad ordenada y muy trabajadora.

 

–¿Cómo ve a la Argentina desde afuera?

 

–Siento que la Argentina es un país maduro, es un pueblo que exige y demanda, que tiene una voz clara. También existe un cuadro creativo que hace que sean líderes en diferentes industrias como la creación de formatos, cosa que me seduce. Luego, de Chile se puede decir que es un país que está en vías de madurez, que en el último tiempo ha despertado, está exigiendo cosas básicas como la ley de educación.

 

–¿Le interesa la política?

 

–Sí, mi manera de hacer política es el teatro. Amo el teatro, produzco teatro, soy gestor cultural también, además de ser actor y conocido. Es mi lugar, mi trinchera. No me gusta la politiquería, pero sí me interesan los niños, que son el futuro del mundo.

 

–¿Cómo se hace política desde la actuación?

 

–Desde los contenidos, desde rescatar autores, de instalar preguntas en la puesta en escena. Y también desde el día a día, de trabajar por una sociedad más justa. Sé que suena muy idealista y muy imposible, pero desde esa escala también se puede construir un país mejor.

 

–¿Qué desea para sus hijos?

 

–Me gustaría que mis hijos estén en lugares rodeados de amor, de diversidad, de apertura, de conocimiento.

 

–¿Qué tipo de educación le gustaría que recibieran?

 

–Hago hincapié en la diversidad porque es una de las carencias de Chile, tanto eso como los prejuicios que existen en la sociedad. Nuestra hija fue a un colegio en España y a otro acá, y está bueno que esté abierta al mundo y sea hábil socialmente hablando.

 

–¿Cómo le afecta la histeria mediática argentina?

 

–Cuando puedo estoy unplugged, es lo que intento. Ya logré tener un grado de distancia y de capacidad y lucidez como para ser objetivo y entender cómo se comporta la prensa, entender que es un negocio, asimilar ciertas reglas de un juego del que uno no quiere ser parte aunque te obliguen a creer que es parte de tu profesión. Sin embargo es un lugar en el que no me siento cómodo. Amo lo que hago, pero no necesito esa exposición mediática y no me gusta.

 

–¿Cómo hace para manejar esa exposición?

 

–Lamentablemente, a veces ellos te manejan a vos. Yo trato de estar al margen. Insisto: no vivo de eso, no me interesa.

 

–¿Pero le afecta ver cosas que no son ciertas o le da igual?

 

–Claro. El tema es complicado, sobre todo cuando se arman caricaturas o tipos de personalidad que no son reales. Pero también dejo que exista y no le dedico tanto tiempo a eso. No me convierto en justiciero ni voy a reivindicar nada porque creo que eso de ponerse a aclarar o reivindicar es un ejercicio bastante inútil.

 

–¿Hubo algo en particular que le haya molestado más?

 

–Juegan con algo que es bastante delicado para los artistas, que es el ego. Es bipolar porque por momentos te tratan bien, te dicen cosas lindas, y luego se meten con tu intimidad, con tu privacidad, o muchas veces surgen inventos, especulaciones, mentiras.

 

–¿Duelen?

–Duelen, por supuesto, aunque se entienda de dónde provienen, duele. Con el tiempo se aprende a digerir algo cuando viene dirigido a uno, pero no me quiero imaginar cuando sea con los hijos o gente que no tenga nada que ver. Eso te puede generar aun más impotencia.

 

–¿Cómo protegería a sus hijos de eso?

 

–Abriéndoles todos los naipes de la información, para que tengan la cabeza abierta. Creo que estoy criando y acompañando en este viaje a niños que son inteligentes, cariñosos, que sabrán distinguir entre lo bueno y lo malo.

 

–¿A dónde le gustaría llegar con su trabajo?

 

–Hoy mis prioridades están en otro lugar. Mi carrera es una consecuencia de la paz y de la felicidad que me produce encarar proyectos. Si yo pudiera pedir algo, si existiera un Dios del teatro, le pediría que sigan cayendo buenos personajes. En el fondo, jugar y divertirme con lo que hago, que es actuar.