Es uno de los artistas más prolíficos de nuestra Época. Produce dos mil obras al año y participa de todas las campañas sociales que se le presentan… y se le presentan muchas. Es un hombre que ama ayudar, es un mecenas de las causas benéficas. 

Entrar en su galería es casi como entrar en su vida, al menos así se siente.

Milo es abierto, te hace sentir cómodo, deja que cada uno se mueva con libertad, recibe a todos los que entran con una sonrisa y en segundos los acomoda. Puede poner su atención en varias cosas a la vez, y mientras nos da esta nota, combina la entrega de mantas para Red Solidaria, organiza la próxima subasta y da una entrevista telefónica para la televisión francesa. En las horas que pasamos ahí (y confieso que no queríamos irnos) vendió cuatro obras, tuvo una idea para una serie nueva y nos encantó con ese mundo de alegría infantil y generosa que es su vida y se ve en su obra. 

 

–Antes se dedicaba a la industria textil. ¿Cómo descubrió su vocación por el arte?

 

–Yo siempre pinté. Cuando era chico era muy inquieto, entonces me anotaban en todas las actividades posibles para ocupar el tiempo. Pero nunca me imaginé que iba a pintar. Antes de la crisis de 2001 lo único que me interesaba era ser productor. No me importaba qué, sólo quería producir, sólo sabía que quería hacerlo con mis manos. Durante cinco años me dediqué a fabricar y monté una cadena de tres locales de ropa. Ese bendito año me fundí. En esa época pensaba mucho en la pintura como algo que me daba la posibilidad de salir por un rato de la realidad. Era mi cable a tierra. Un día tomé la decisión de dedicarme a pintar. Con el transcurso del tiempo se fue convirtiendo en mi vida. Pero no fue premeditado, se dio naturalmente. Me reconozco una persona muy arriesgada y no tengo miedo de cambiar de rumbo de manera radical. Soy práctico, muy movedizo e inquieto. Soy disperso y puedo hacer varias cosas al mismo tiempo. La pintura me contiene mucho, me alivia. Canalizo mi energía en la pintura.

 

–Seguro que sí, porque su obra es muy lúdica y tiene esa energía infantil que resulta muy atractiva.

 

–Sí. Ahora, te digo que para mí lo más interesante que tiene mi obra es que no tiene pretensión de ser obra de arte. Yo no tengo la necesidad emocional de ser un gran artista. No me interesa. Pinto lo que soy, no lo que no soy. Trabajo mucho en eso y me esfuerzo por ser honesto. Tal vez no sé lo que quiero, pero sí tengo claro lo que no quiero. En el arte uno no puede hacer lo que no sabe. Hay que ser, no parecer.

 

–Podríamos decir que lo inspira la libertad

 

–La libertad de hacer lo que uno quiere, cuando quiere.

No la libertad por la libertad en sí. Yo quiero vivir así y eso es en sí mismo un gran compromiso. Muchas veces me pregunté si todo lo que me sucedió en la vida fue una construcción previa a esto, y sí. Yo no tuve una vida común como la de la mayoría de los niños. Fui muy inquieto y transgresor. Me pasaron cosas tremendas y otras muy lindas. Pero todo lo capitalicé desde un lugar positivo para desdramatizar. Soy muy optimista y le busco siempre la vuelta a las cosas para encontrar el lado bueno, porque siempre lo tienen.

 

–Su optimismo se puede percibir en su obra.

 

–Hay cosas que son más pictóricas, otras más gráficas, hay dibujos y pinturas. No tengo complejo con la obra, nunca lo tuve en realidad. Me parece que está bueno que uno saque todo lo que pueda sacar, y haga todo lo que puede hacer. El problema es que los seres humanos estamos constantemente pensando en que tenemos que “parecer”. Para mí eso es un error. El mundo del arte tiene que ser completamente esquizofrénico.

                                             

–Es uno de los artistas más prolíficos de nuestra época. ¿Cuántas obras produce al año?

 

–Aproximadamente dos mil obras. Trabajo todos los días, muchas horas por día. Duermo poco y me entrego a producir. Una parte de esa obra se la dejo a mi hija Olivia.

 

–¿Qué es para usted el arte?

 

–Te voy a contestar con una frase de Picasso: “No sé lo que es el arte, pero si lo supiera no te lo contaría”. Es la gran respuesta para mí.

 

–¿Cree que el arte es transformador?

 

–Sí. El arte es transformador. Es una palabra madre, como amor. Son palabras madres precisamente porque son transformadoras. El arte en las últimas décadas tomó una importancia trascendental en las culturas de muchos países. Los artistas somos referentes de la gente. Hoy los artistas somos más creíbles que los políticos, por ejemplo. Por eso es importante que tomemos la responsabilidad de ayudar en lo que podamos y a todos los que podamos. A mí me sucede que cuando ayudo, veo cómo la gente se conmueve. Y esto sucede porque vos sos igual que ellos, y al mismo tiempo te convertís en referente de un adolescente que dice: “Además de hacer lo que le gusta es copado porque ayuda a los demás”. Y cuando es grande se convierte en referente de un chico más chico. Entonces se va creando conciencia, y se va construyendo esta cadena.

Es muy fácil ayudar si sabés cómo.

 

–De alguna manera está sembrando la semilla de la conciencia social.

 

–Juan Carr dice eso. Está bueno que cada uno de nosotros se haga cargo de un problema. Los problemas son interesantes, son como jugadas de ajedrez. A mí me encanta tener problemas porque me gusta resolverlos. Y creo que eso ayuda a promover la sensibilidad. Cuando uno ayuda se siente más vivo.

–¿Cuál es su expresión artística favorita?

 

–El cine. Me gusta el cine de Kusturica, y me gusta el cine nacional. Mi película favorita es Luna de Avellaneda.

 

–Si no pintara, ¿en qué arte incursionaría?

 

–Me gustaría ser actor.

 

–¿De qué tipo?

 

–¿A quién no le gusta hacer reír a la gente?

 

–Ojo que es lo más difícil.

 

–Sí, pero es lo que me hubiese gustado hacer si no pintara. Esto hablando de las  artes, porque si me preguntás sobre la vida, hubiera sido un asesino serial.

 

–¿Por qué un asesino serial?

 

–Porque es una buena manera de canalizar. ¡Basta de pavadas! Aunque tengo una lista…

 

–Es completamente dicotómico con su obra, porque su arte transmite amor, energía infantil y hace conectar con el niño interno.

 

–Tal vez porque entiendo al “asesino serial” como una figura simbólica. Me gusta Dexter, por ejemplo. Es un hombre normal que se dedica a matar a los malos. No es un superhéroe, pero se comporta como tal, y eso me encanta. La idea de que todos podemos ser “superhéroes”.

 

–En su carrera siempre donó muchas obras para organizaciones de beneficencia.

 

–Sí, dono mucho de lo que hago.

 

¿Cómo sigue el camino?

 

–Generalmente se subastan. Yo siempre dono en su totalidad, y trato de colaborar con la gente directamente y con las organizaciones que están comprometidas realmente con la gente. Creo que es bueno no acumular. Que entendamos que estamos en tránsito y no necesitamos más de lo que tenemos puesto. Me pasa que me cuesta acumular, y como produzco tanto, necesito entregar. Mis amigos siempre me dicen que soy generoso, pero en realidad creo que va más por un ciclo natural de la vida. Soy consumidor también, me encanta consumir.

 

–¿Cómo incorporó la parte mediática en la artística?

 

–Una cosa va llevando a la otra, y cuando te das cuenta ya estás en el baile. Aunque el problema en realidad no es la exposición en sí, sino cómo uno convive con ella.

 

–¿Y cómo convive con esto?

 

–Es difícil, porque cuando uno hace genera movimiento.

Cuando uno hace, sacude las cosas y eso trae toda una serie de consecuencias. Si pudiera modificar algo respecto de la exposición, modificaría lo referido al amor o a mi vida personal. No me gusta hacerla pública.

 

–¿Qué es lo que más le molesta de esta parte?

 

–Los medios generan una imagen tuya que generalmente no tiene nada que ver con la realidad. A mí me catalogan como un rockstar del arte… nada más lejos de eso. Soy un hombre que quiere amar y ser amado, y tener una linda relación. Sí me gusta la idea de “referente social”. A mí me gusta como modelo Juan Carr. Mis intereses pasan por ahí. Me encanta ayudar porque la vida me dio mucho, tuve y tengo una vida linda.

 

–¿De qué manera lo fue moldeando?

 

–Me pasaron millones de cosas maravillosas, algunas me ayudaron, otras me destruyeron. Pero todo eso me hizo más fuerte. Y las emociones también te hacen fuerte: cuando sufriste en el amor, cuando perdiste a seres queridos, cuando no fuiste correspondido. Todas estas situaciones hacen que después valores mucho más el amor y lo cuides de otra manera.

–¿Cuál es su sueño?

 

–Cambiaría el mundo. Quisiera un mundo con más amor, con más alegría. Quisiera que la gente fuera más generosa como especie.