La hija de Araceli González es, además de eso, una artista con todas las letras. Pinta, actúa y tiene un talento natural para el canto que muy pocos conocen. Aquí, crónica de una chica que tiene mucho para decir. Y dará que hablar.

La princesa Florencia acaba de despertar en el castillo que habita junto a su familia en las afueras de la ciudad.

Araceli, la reina madre, descansa en sus aposentos, al otro lado de la inabarcable mansión, y nunca alcanza a cruzarse con nosotros, los plebeyos que irrumpimos en aquella paz digna de una historia de realeza. Florencia no actúa acorde con el lugar en el que vive. Es simple, servicial y no expresa el más mínimo aire de niña engreída. Cuando nos recibe en la megacasa de Pilar que diseñó su madre, se muestra como una colaboradora más del equipo y carga cuadros, sube y baja escaleras, sirve bebidas y nos trata como si fuéramos amigos de toda la vida. En esa casa enorme, de ambientes que parecen infinitos, cualquiera podría vivir por el resto de su vida con una paz envidiable.

Florencia, sin embargo, es una chica inquieta que busca desafíos, está dispuesta a salir al mundo y trabajar duro, como si nada le hubiera caído del cielo. Para cuando esta nota se imprima, estará volando a Boston, Estados Unidos, para seguir perfeccionándose como actriz. Antes, hace unos años, viajó a Nueva York para estudiar arte, y sus estupendos cuadros son el fiel reflejo de la disciplina y el talento que la caracterizan. Además, Florencia canta. Su voz es tan dulce y precisa que al escucharla nadie podría imaginarse de quién proviene. Es de ella, la que habla y gesticula igual que su madre y no puede escapar al rótulo de ser la hija de Araceli.

Habrá que tomarse un tiempo para escucharla, prestar atención a lo que dice y valorarla por lo que realmente es y no por lo que representa. Estamos seguros de que ella, Florencia Torrente, dará que hablar no por venir de donde viene sino por ser quien es.

–¿Cómo es su relación con el arte?

–Mi relación con el arte es constante, es de todos los días y de toda la vida. Amo el arte desde que tengo uso de razón; el arte en general, amo expresar, necesito expresar. Es la mejor forma de poder decir lo que el inconsciente quiere decir. Es como una terapia pero para con uno mismo.

–¿Cuándo comenzó a pintar?

–Empecé desde chiquita, siempre me gustó dibujar y pintar, mi mamá me compraba millones de cuadernos y de libritos para pintar y yo me podía pasar horas haciéndolo.

–¿De qué hablan sus cuadros?

–Mis cuadros hablan de mi vida, de mis experiencias, de mis sentimientos y de etapas específicas. Mi primera muestra hablaba de un proceso un poco angustiante, pero siempre desde la positividad, y esperando la evolución. Todo va surgiendo en el momento, no es algo que piense demasiado, sale de uno, y eso es lo más lindo. Mi segunda muestra se llamó “All You Need Is Love”, y hablaba de que uno tiene que amarse a uno mismo antes que nada, porque si no, no se puede amar a nadie.

–¿Qué intenta reflejar a través del arte?

–Aprendizaje. En el caso específico de “All You Need Is Love”, transmitir todo lo que uno entiende de la vida, para quizá poder abrirles los ojos a otras personas. Y amor, mucho amor.

–¿Cuál es su expresión artística favorita?

–La espontaneidad, porque es lo más puro del ser humano.

–¿Qué la inspira a la hora de crear?

–Me inspiran las experiencias, la vida, lo cotidiano.

–¿Por qué tomó la decisión de ser modelo a los quince años?

–Empecé a laburar porque quería independencia, poder comprarme mi auto , ahorrar, estudiar y hacer todo lo que me hacía feliz. El modelaje fue una puerta cercana que me permitió encontrar otras puertas muy interesantes en el camino. Elegí otro rumbo, uno que me hace muy feliz.

  

–¿Por qué dejó el modelaje?

–Yo creo que la vida es un ciclo, todo tiene un principio y un final. Mi trabajo como modelo empezó a los quince años y terminó a los veinte, cuando empecé a sentir que ya no me llenaba y que necesitaba decir muchas más cosas, que tenía mucho para dar y que estaba canalizando mi energía en algo que no era para mí. Esto no quiere decir que ahora lo odie, y que nunca más en mi vida haga una campaña, sino que ahora quiero focalizarme en otras cosas. Yo soy partidaria de que uno tiene que hacer las cosas que lo hacen feliz y eso ya no me hacía feliz. Creo que hay que hacer cambios drásticos en la vida, es lo que te fortalece.

–¿Cuáles son sus metas como actriz?

–Yo dejo que las cosas fluyan, no pienso demasiado. Cuando uno va por el camino correcto, las cosas empiezan a funcionar.

Pero si me preguntás qué deseo, sería trabajar en el exterior, porque sueño con viajar toda mi vida, trabajando de lo que me apasiona.

–¿Qué nos puede contar de su faceta de cantante, que muy poca gente la conoce?

–Estudio canto desde los trece años. Amo la música, por suerte mi madre me dio la posibilidad de ir a colegios superartísticos, que me abrieron muchísimo la cabeza y me permitieron conocer muchas cosas de mí que desconocía. Una de ellas es la música.

–¿Continúa perfeccionándose también en esa rama del arte?

–Hace 4 años que tomo clases ininterrumpidas de canto, y hace tiempo empecé a estudiar piano. Amo el piano, pero me di cuenta de que por la vida nómade que llevo necesitaba un instrumento que se pudiera trasladar conmigo, y por eso empecé a estudiar guitarra.

–¿Actualmente cómo desarrolla su carrera musical?

–Hace casi un año que empecé a tocar la guitarra y a juntarme con mi amigo Nicolás Civatti (que es el mismo que me enseña guitarra) para armar un repertorio y dejar que las cosas fluyan a ver qué pasa. Y cosas muy lindas empezaron a suceder: un amigo nos propuso hacer un video para la página linkinrock.com, y el mes pasado tocamos por primera vez en vivo. ¡Así que estoy muy feliz!

-¿Por qué no habla mucho de su música?

–No, no es que no hable de mi música, simplemente prefiero que las cosas surjan por sí solas. Prefiero que salte en el momento que sea indicado. Para mí todo llega cuando tiene que llegar. Y es por eso que prefiero no hablar de más. ¡Voy tranquila!

–¿Qué cantantes la influencian?

–Es una pregunta particular, la verdad que tengo muchos artistas a los que admiro y no podría nombrar a uno solo, pero a su vez pienso que no me influencian, más bien me inspiran. Me gusta Ray Charles, Frank Sinatra, Adele, entre muchos otros.

                        

–¿Cómo se proyecta de acá a diez años?

–Ufff ¡qué pregunta! No lo sé exactamente, pero lo que sí espero es estar haciendo lo que amo y me hace feliz. ¡Si no sería muy infeliz! Actualmente estoy preparando una colección de carteras y accesorios para Lazaro. El diseño es algo que también me encanta.

–¿Qué cosas aprendió y aprende de su madre?

–Aprendí a hacer panes de banana (ríe). No, en serio, además de eso, aprendí a vivir la vida siendo sincera y leal a mí misma. A no perder las raíces y seguir el camino que me haga feliz.

–¿Le molesta que su madre sea tan sobreprotectora?

–No, no me molesta. Eso la hace atenta, y me gusta que se preocupe por mí. Obvio que hay momentos en que se preocupa demasiado, pero siendo madre es lógico que así suceda.

–¿Qué planes tiene para su viaje a Boston?

–Voy a estudiar a Berklee Voice, para hacer un curso intensivo de tres meses. También voy a hacer un seminario en Harvard Extentions de teatro shakesperiano. Estoy feliz, es algo que estoy esperando hace dos años desde que conocí Boston y Berklee. Dije: ¡quiero estudiar acá! Así que desde ese entonces estoy ahorrando para hacerlo. Apliqué a la universidad, me aceptaron y acá estamos, a punto de irme. ¿Qué más puedo pedir?

–¿Qué le atrae de vivir en Estados Unidos?

–No sé cómo explicarlo, es un todo. La atmósfera, el orden, la seguridad… No sé, me siento en casa. Es por eso que de vez en cuando me gusta pasar un tiempo allá.

–¿Qué le produce angustia?

–La decepción, las injusticias y las pérdidas.

–¿Qué cosas le producen felicidad?

–La vida, la familia, el amor y ser apasionada.