Actriz del momento y actriz de siempre, interpreta en esta impactante sesión fotográfica la emblemática obra del artista plástico Michelangelo Caravaggio.

 


Su personaje en No te enamores, la película que está por estrenar, es una mujer que sale con un hombre casado durante años. ¿Hubo alguna situación similar en su vida personal?

–La verdad es que nunca me pasó de estar en una relación larga, importante e interminable con un hombre casado y no poder salir de ahí. Sí me pasó de estar en relaciones largas, complicadas e interminables que no iban para ningún lado, pero no necesariamente con un hombre casado.

Entonces, sé de qué se trata saber que uno no tiene que estar ahí y no poder salir, intentar salir y volver a caer, decir no me llames más, no te llamo más y que el teléfono suene una semana después. Hay tantas formas hoy de comunicarse con alguien que hay que ser muy fuerte para resistir 

 –¿Cómo maneja la situación con su ex, Iván Noble?
 
–Con mi ex es distinto, porque yo con él tengo un hijo, entonces hablo doscientas cincuenta veces por día y sé todo de él, me entero de lo importante.
Si se muda, si viaja, si tiene una relación que significa algo. Es la persona con la que más me mensajeo y hablo por lo que sea, con lo cual ahí no me llevaría la sorpresa de
abrir una revista y enterarme de que está con otra. Es una atípica buena relación de ex.
 
–¿Hubo otras no tan buenas?
 
–Claro, puedo caer en un lugar de indiferencia donde el otro no significa nada, o también me ha pasado que las cosas no terminen nada bien.
 
–Con un hijo todo cambia.
 
–Sí, no quiero imaginarme la pesadilla que debe ser llevarse mal con alguien con quien tenés un hijo en
común. Con Iván por suerte nunca sucedió de estar peleados mal.
 
–El título de la película es No te enamores, ¿puede tomarse esa frase como un lema?
 
–Bueno, las gitanas cuando te quieren echar una maldición te dicen:
“Ojalá te enamores”. Hay algo de eso en la vida siempre. Te rompen el corazón, vos se lo rompés a otro. En nombre del amor pasan tantas cosas.
 
–¿No se aprende con la edad?
 
–Aprendés algunas cosas y te olvidás otras.
 
–Se reincide.
 
–Yo no soy de reincidir mucho, no soy de caer en el mismo pozo, pero caigo en distintos (risas). Voy cometiendo distintos errores. Yo tengo la teoría de que cuando venís de una relación, la próxima te sana la última herida.
Pero es una teoría que tengo yo por mi historia personal, o sea que no suelo caer en lo mismo. A mí me pasa más que voy cayendo en distintas trampas, pero ya aparecerá la persona que
me la haga más fácil.
 
–El tema es si uno sigue padeciéndolo o se retira.
 
–Pero eso sería decir “no me enamoro más”, y lo único que queremos todo el tiempo es enamorarnos.
 
–También son etapas.
 
–Sí, yo te puedo decir ahora no me enamoro porque estoy trabajando mucho, porque tengo el plato muy
lleno y no me conviene, no tengo tiempo y mejor no porque me voy a complicar la vida. Pero si me preguntás, me puede pasar, y ojalá me pase en algún momento, me encantaría.
 
–Ya va a aparecer.
 
–Sí, seguro, yo creo lo mismo.
 
–¿Es cierto que recuperarse lleva la mitad del tiempo que duró la relación?
 
–No, la de Iván no me llevó tanto tiempo, estuvo bien esa relación, tuvo un buen final. Si a mí alguien
me habla mal de Iván es como si maltratara a mi hijo. Yo lo respeto, es el papá de mi hijo, es una figura bastante sagrada. Es y será una parte de mi hijo toda la vida.
 
–¿Qué cosas le podría reprochar a sus padres como hija?
 
–A mí me cambiaron doscientas veces de colegio, y esa es una de las situaciones más traumáticas en la vida de un niño.
 
–¿Por qué tantos cambios?
 
–Porque mis padres no se ponían de acuerdo con lo que querían, entonces mi mamá un día me mandaba a un colegio de monjas alemanas, al otro año me mandaba a un colegio de Belgrano bilingüe en donde la mayoría de la gente era de la colectividad, después volvía a otro colegio de monjas menos estricto que el primero, después nos íbamos a vivir a Miami… Era cualquiera, así salimos.
 
–¿Cómo fue adaptarse al colegio en Estados Unidos?
 
–Fue un trauma enorme, porque yo no hablaba inglés. Me mandaron de repente a un colegio en donde nadie me hablaba en español, nadie me venía a decir: “Yo sé que no sabés inglés, no te preocupes, te vamos a esperar”.
 
–¿Qué edad tenía?
 
–Trece años, horrible, la peor edad. Me acuerdo un día que me tocó leer en voz alta, y me puse a llorar, empecé a leer y me puse a llorar.
 
 
–Actualmente le toca protagonizar una ficción exitosa. ¿Está contenta con el resultado de Graduados?
 
–Sí, muy.
 
–¿Cómo toma la incertidumbre de comenzar un nuevo programa?
 
–A mí no me da miedo porque estoy muy acostumbrada a las dos cosas. Te puede ir mal o te puede ir bien. Si te va bien mejor, vas a estar más tranquilo todo el año, el programa va a seguir, la gente te va a parar más por la calle, te van a pagar más plata si te contratan para algo y te van a hacer más notas, pero no pasa más allá de eso. Todo es más.
 
–¿Y cuando va mal?
 
–Si no te va bien, no pasa nada.
 
–Es la parte más cruel de su profesión.
 
–Este medio es muy cruel porque hay un exitismo ridículo en el que si la pifiás sos un cero y si la pegás sos un genio, y la realidad es que no sos ni un genio ni un cero. ¿Cómo puede ser que un tipo que el año pasado tenía dos éxitos este año tenga dos fracasos? Es cíclico.
 
–¿Se refiere a Adrián Suar?
 
–A Adrián Suar o a Sebastián Ortega.
A mi hermano el año pasado no le  fue bien con la tira que hizo y este año tiene el programa más visto. ¿Qué quiere decir eso? ¿Que el año pasado estaba dormido? ¿Que este año se iluminó? No, es como el amor, es misterioso, no sabe nunca nadie cuándo puede suceder.
 
–¿Cómo maneja el ego?
 
–Esta es una profesión que mejor si te agarra bien plantado, que no se te vaya la vida ahí, porque te vas a enfermar. Tampoco nunca me tomé tan en serio esto. Suena de manual, pero de verdad la vida no pasa por ahí. Yo me deprimo por otras cosas, pero no por si un programa mide poco. Otras cosas tienen peso en mi vida.
 
–¿Qué cosas?
 
–Cosas que tienen que ver con mi vida personal, con mi familia, el amor. El trabajo es importante, pero no
se me va la vida ahí.
Tengo un hijo en primer grado, tengo hermanos, tengo otras cosas.
 
–¿Cómo es la relación con sus cinco hermanos?
 
–Con todos me llevo bien, pero con todos tengo relaciones distintas también. Con algunos llevo relaciones muy intensas, con otros hay más distancia por cuestiones geográficas o porque tengo menos afinidad, pero en líneas generales me llevo bien. Hay un amor muy profundo. Debe ser así siempre, un hermano es un
hermano. Con Luis tenemos una relación más intensa, es un amigo, es alguien con quien he llorado, que ha llorado conmigo, o lo llamo un domingo a la mañana a ver si almorzamos, pasa por mi casa, se tira en el piso con mi hijo, es un querido. Eso no pasa con todos mis hermanos de la misma forma. Con Rosario también tengo
una relación muy estrecha porque es la única mujer, porque siempre fue muy chica y ahora las dos somos mujeres, entonces empezamos a compartir cosas. Con Sebastián nos une muchas veces el trabajo, me río mucho con él, tiene una cosa de eterno adolescente.
 
–¿Cómo maneja la relación laboral con Sebastián?
 
–A veces me llama para trabajar y a veces no.
A veces me llama y le digo que no puedo porque acabo de ser madre, porque estaba recién salida de una tira o porque el programa no me convencía. También me ha pasado de ver programas suyos que me gustaron mucho, que me hubiera encantado participar y nunca me llamó y yo no me animé nunca a decirle: “Che, me encantaría estar en tu programa”. Me parece que en ese caso le estaría imponiendo una situación espantosa. Y yo sé que cuando él me llama es porque tiene algo bueno para mí, entonces tenemos esa tranquilidad.
 
–¿Alguna vez se planteó cambiar de profesión?
 
–No, pero lo que sí te puedo decir es que no me veo actuando de vieja. Me gustaría hacer algo creativo que no me obligue a mí a estar bien, a tener bien la cara, a verme joven.