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PECó, PECó y se arrepintió – El Planeta Urbano

Al Green, el responsable de una larguísima lista de éxitos, supo amalgamar sexo, dinero, muerte y joda casi por partes iguales hasta que se entregó a Dios, fundó una iglesia y se hizo predicador. 

 

                    

 

Hay que pensar en Al Green como en uno de los más originales intérpretes de música soul. Y cuando pensamos en esto, es inevitable remitirse a la acepción que tiene la palabra “original” para los orientales: no es el primero de algo, sino el que no se puede imitar.

Con Al Green pasa exactamente eso, es inimitable, no es de ninguna manera el mejor, ni el más parejo, ni el más prolífico de los soulmen conocidos. Pero es uno de los más reconocibles cantantes de la última mitad del siglo pasado.

Para las nuevas generaciones, Green tomó entidad a partir de Quentin Tarantino y la magnífica banda de sonido de su película Pulp Fiction, donde “Let’s Stay Together” se distinguía entre una andanada de éxitos recopilados para la ocasión. Bastante vintage a decir verdad, pero una banda sonora efectiva.

Sin embargo, Al Green es mucho más que “Let’s Stay Together” o que una lista bastante numerosa de números uno. Al es uno de los más grandes intérpretes, un buen compositor, un tipo que para la época, estamos hablando de los finales de la década del 60 y comienzos de la del 70, lucía genial. Para muchos, entre los que me incluyo junto a Tarantino y Homer Simpson, entre otros, los años más brillantes de la música pop. Al Green representó una dura amalgama de sexo, dinero, muerte y joda casi por partes iguales, lo que le daba un aura  especial a toda su obra.

Livin’ for You es su sexto álbum, de 1973. Ya habían pasado “Let’s Stay Together” y “Tired of Being Alone”, sus más vendedores números uno, y todavía andaba por los burdeles, sabiendo que unos años después, y hasta hoy, se convertiría en uno de los más famosos preachers de los Estados Unidos, con una congregación basada en Memphis, de donde es oriundo, y liderada por él mismo, que hoy tiene miles de seguidores por todo el mundo. Supongo que más de la mitad se acercaron más subyugados por el alma de sus discos que por su mensaje de paz y misericordia. Vaya uno a saber.

Livin’ for You se editó en la Argentina, algo inexplicable, teniendo en cuenta que aquí se editaban Al Green y Marvin Gaye y no se editaban David Bowie o los Doors, por ejemplo. Por lo menos no en su totalidad. De Al Green se editaba todo, y los álbumes recorrían el sendero de la difusión a través de las radios y las discotecas como el famoso reguero de pólvora. Un solo dato desde mí mismo: debuté como disc jockey en los carnavales de 1977, y en ese momento Livin’ for You era uno de los discos fundamentales en cualquier club o discoteca de Buenos Aires. Cabina donde trabajabas, cabina donde lo encontrabas, desde el centro hasta Ramos Mejía, la meca de los travoltas de esos años.

¿Qué tenía en particular este disco sobre los demás?

¿Qué lo hacía tan reconocido y tan pedido? Ese es uno de los misterios de estos asuntos, pero me animaría a decir que lo que lo hacía único era el groove. Ahí tienen una buena respuesta. Otra cosa que me enseñaron los años es la que decía Hrundi, en The Party (y si no saben de quien  estoy hablando es porque nunca vieron The Party, que aquí se llamó La fiesta inolvidable, y si nunca la vieron no sé para qué estoy hablando): “La sabiduría es una providencia de la vejez, pero el corazón de un niño es puro”. Decía que otra cosa que me enseñó una vida entre discos es que un buen productor es para un artista de la música igual que un nacimiento en cuna de oro para un humano cualquiera. Y así como Marvin Gaye tanto le debe a Leon Ware, o los Beatles a George Martin, o Sandro a Anderle, o los Stones a Andrew Loog Oldham, Al le debe mucho más que la mitad de su carrera brillante a Willie Mitchell, quien no sólo le producía los discos, sino que también le componía las canciones y era el ingeniero de sonido de sus grabaciones, dotándolas de una atmósfera entre hipnótica y bailable por igual. Son famosos sus colchones de cuerdas atrás de la banda, o sobre la banda, o delante de la voz, o donde quiera que los pusiese, que ese es uno de sus toques, que jamás podremos descifrar el resto de los normales, donde están esos violines y esas violas que acompañan permanentemente la melodía. Un sonido que es tan particular y famoso  como la pared de sonido de Phil Spector. Una forma de grabar que no ha podido ser igualada jamás, por más máquinas que se inventen y por más academias de producción que se funden, nadie jamás pudo ni siquiera acercarse a la densidad del sonido que sale de las consolas de Willie Mitchell.

Dos datos sobre Willie: a diferencia de Leon Ware era incapaz de cantar una sola estrofa, así que no hay discos de Willie intérprete y la prueba más fehaciente de que su sonido le es propio e intransferible es que Al Green jamás volvió a tener un número uno en años hasta hace una década, cuando volvió a grabar con Mitchell para el sello Blue Note. Willie llevó al número uno, aunque por única vez, a los mediocres Wet Wet Wet, un cuarteto de carilindos británicos que a mediados de los 80 llegaron a la cima sonando igual que Al Green aunque cantaban como el culo y se vestían peor. Los rumores de la época hablaban de una apuesta que había hecho Willie, viendo como decaía la carrera de Al nGreen, y viendo también el esfuerzo que hacían soulmen modernos para alcanzar su grado de complejidad en el estudio. Según parece, decía que podía llevar a la cima a cualquiera, y parece que era cierto nomás.

Yendo al disco que nos ocupa, Livin’ for You, es una placa en la que no hay un tema que sobresalga, aquí no hay un “Let’s Stay Together”, en todo caso aquí hay nueve de ellos, pero sin su magia. Quiero decir que lo que hizo grande a ese tema fue su composición tiempo y espacio, repetida décadas después con su inclusión en Pulp Fiction. “Let’s Stay Together” apareció cuando en el mundo aún no existía nada igual y Livin’ for You aparecía cuando ya todos sabíamos que era posible un “Let’s Stay Together”, que ya era real esa magia, esos armónicos y esa melodía que nos la llevara a todos para el mismo lugar.

La diferencia está en que en Let’s Stay Together, que así se llamaba el álbum de 1972 que lo incluía, están “Let’s Stay Together”, y “Sha la la”, y la maravillosa y mejorada versión de “How Can You Mend a Broken Heart”, de los Bee Gees, y los demás se alineaban atrás de esos simples. En Livin’ for You la lista de temas es más pareja, nivelada para arriba digamos. Están “Livin’ for You”, que era uno de los lentos favoritos para bailar de esa época y después “Home Again”, con una rítmica que se acelera sobre el final dándole algo épico a esos cuatro minutos. Atrás llega “Free at Last”, un derroche vocal llevado por una melodía de lo más envolvente, algo que sirve de presagio de lo que vendrá después, que es “Let’s Get Married”, una canción de amor que no es ni melosa ni obvia, sino que es una

Al Green, el responsable de una larguísima lista de éxitos, supo amalgamar sexo, dinero, muerte y joda casi por partes iguales hasta que se entregó a Dios, fundó una iglesia y se hizo predicador.

PECo, PECo y s e a r r e p i n t i o verdadera declaración de amor con una base funk y arreglos gospel a los pedos. Creo que acá cerraba el lado uno del vinilo, lo cual  me parecía ideal, un descanso mínimo, un break necesario para encontrar en el otro lado “So Good to be Here”, la balada power del disco, la que no fallaba con las chicas, y lo digo yo que ya llevaba meses de disc jockey y veía desde la cabina como mis amigos repartíannsonrisas ganadoras con esta canción. Ahí llega “Sweet Sixteen”, que es una especie de blues sensual por donde se lo quiera escuchar, con unos arreglos de vientos que estremecen. Y así llegamos al único cover del disco, “Unchained Melody”, original de los Rigtheous nBrothers, un dúo de blue eyed soul que ya la habían hecho un éxito descomunal, pero en la mirada de Al Green crece en calentura. Ya se sabe, lo peor que te puede pasar como músico es que Al Green o Bobby Womack te hagan un cover, ya el tema pasa a ser de ellos. Después está “My God is Real”, ya dando el primer indicio de lo que se avecinaba: el fervor divino y el pastor que quiere guiar a los descarriados estaban latentes en Al, la verdad no sé para qué, si siempre sus discos serán más importantes para la humanidad, creo humildemente. Y el final a todo trapito con “Beware”, una balada arrastrada que lleva a querern poner el disco otra vez.

Como decía Oscar Wilde: “El cigarrillo es el modelo perfecto del placer, siempre te deja con ganas de un poco más”. Eso es lo que pasa con Livin’ for You, de Al Green.