En uno de sus últimos números, la publicación Condé Nast Traveler la llamó “la nueva Berlín”. ¿Qué quiso decir? Que además de recibir el cetro de ciudad de vanguardia por excelencia en el continente europeo, Estambul acababa de erigirse la emperatriz del pecado. 

 Título para el que tiene toda una historia de tradiciones. ¿Quién no asocia a esta ciudad con los placeres de la sensualidad, con sus misteriosos baños turcos y sus salas de masajes prohibidos? ¿Quién que haya visitado alguno de sus mercados no sucumbió a la sinfonía de aromas brujos, de colores que van más allá de lo que los ojos de un viajero resisten? Estambul es la moderna Babel, a horcajadas entre Europa y Asia, dueña de la modernidad continental y el lujo asiático. Nadie que pise por una vez el añejo barrio de Sultanahmet, donde emerge como una joya el palacio Topkapi, o atraviese la cosmopolita y multitudinaria Avenida Istiklal, con sus boutiques exquisitas y sus hoteles llenos de charme, puede poner en duda que está en presencia de una ciudad que hizo de la lujuria, la gula, la codicia y la pereza pilares de su magnificencia.

 

Sultanahmet

 

El corazón de la vieja Estambul es el tumultuoso barrio de Sultanahmet. Allí se encuentran las maravillosas mezquitas Sofía y Azul, cumbres del arte medioriental.

Pero además se esconden en sus calles, que son casi callejones, mesas que despegan apenas del suelo, que obligan a eternizarse en lujuriosos cojines y quedarse desde la caída del sol hasta la madrugada después de cenar y fumar eternos narguiles con esencias que incluyen la manzana en casi todos los casos. También para ver pasar a las mujeres más hermosas de Oriente, muy pocas de ellas veladas, la mayor parte ostentando sus atrevidas t-shirts Moschino, Gucci o Dolce & Gabbana de la ultimísima colección e invitando a la más tentadora de las trasnoches con su mirada. En Sultanahmet se encuentran además el magnífico palacio Topkapi, situado entre el Cuerno de Oro y el Mar de Mármara, con una inigualable vista del Bósforo.

Sólo allí entenderemos de qué se habla cuando se menciona el lujo oriental.

 

Avenida Istiklal

 

El centro turístico de la moderna Estambul es la calle Istiklal. En ella se encuentran los restaurantes, lounges, casas de haute couture y edificos de la belle époque que pocas ciudades occidentales pueden ostentar. Dos imperdibles y pecaminosos sitios: el 360, un lugar para ver y ser vistos, donde las modelos top y los millonarios más encumbrados figuran en rigurosa lista de espera, y donde mientras escuchamos lo más cool de la música lounge pinchada por una DJ dejamos escurrir nuestra conciencia entre las grietas del cóctel perfecto. Para los afortunados, queda en las alturas del histórico

Misir Building. El otro, el Pera Palace Hotel, recientemente restaurado, como si de una pieza de arte se tratara. Allí terminaba su recorrido el Orient Express, y allí, en una habitación que aún existe, escribió algunas de sus mejores novelas Agatha Christie. El restaurante, el servicio de té y el guapísimo personal merecen la visita.

 

Ortaköy

 

Siguiendo la riviera del Bósforo, y luego de visitar las maravillas del Museo de Arte Contemporáneo de Estambul, ingresamos en el barrio donde todo sucede, ese en el que se conjugan las más bellas mezquitas y el comienzo de un puente que remeda al de Brooklyn. Todos los clubes nocturnos y la gente más sofisticada de Europa recala aquí para bailar, ligar y mostrarse. ¿Los lugares in? La megadisco La Reina (sí, así, en español) o el más chic The House, un complejo de hotel boutique, disco y restaurante que termina justo ahí donde el Bósforo lame la arena de la orilla.