La sociedad actual glorifica la juventud y considera que lo viejo es feo, que no sirve, que se tiene que tirar. Así negamos el envejecimiento y tratamos de mantenernos, al menos en apariencia, lo más jóvenes posible. Esto muchas veces puede atentar directamente contra nuestra salud.

La industria de la belleza fomenta, mediante millonarias campañas publicitarias, el culto a la apariencia juvenil y quiere estandarizar la belleza a ciertos tipos de hombres y mujeres. Incluso nos quiere hacer creer que mediante milagrosas operaciones o tratamientos médicos, siempre vamos a ser jóvenes y bellos.

La anorexia abunda más hoy en día, porque la sociedad idealiza la imagen de la mujer de apariencia juvenil, erótica y, sobre todo, delgada.

El exceso de interés y dedicación al cuerpo, al igual que la falta, nos llevan por caminos insalubres tanto para el físico como para la psiquis.

Por este motivo, tenemos casi la obligación de encontrar un equilibrio para no desbalancearnos. Entrenar nuestro cuerpo y alimentarlo, cuidarlo y mimarlo. Pero no tenerlo como eje de nuestras vidas, y no caer en alguno de los pecados que, en la mayoría de los casos, puede enfermarnos.

Como especialista en la materia, considero interesante hacer un repaso por los siete pecados capitales. Para generar conciencia y fortalecer la idea del equilibrio.

 

Soberbia. 

 

Lograr un aspecto atlético genera un cambio de actitud respecto de la gente que los rodea.

La soberbia o el orgullo, el deseo o atractivo de ser más importantes que los demás por poseer un físico mejor que el de los otros puede, en muchos casos, hacer que esa mirada se vuelva negativa.

 

Pereza.  

 

Es catalogada como la tristeza de ánimo, y muchas veces se transforma en el principal agente de boicot personal para no lograr el objetivo de cuidarnos y mantenernos en forma. La tarea de conseguir un cuerpo estético y saludable se ve manipulada por este pecado capital y sólo genera angustia en quienes caen en él.

 

Ira. 

 

Muchas veces el afán de conseguir resultados en el corto plazo hace que la gente realice programas de entrenamientos utilizando caminos que implican la utilización de productos prohibidos. Esto trae como consecuencia la liberación de hormonas que aumentan la agresividad y la adrenalina, haciendo muy propensa la ira en estas personas.

 

Avaricia.  

 

Es una inclinación o deseo desordenado de placeres o de posesiones. El cuidado del cuerpo en forma obsesiva nos vuelve avaros, egoístas. Cuando nuestro interés por el cuerpo predomina, le dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo y descuidamos al resto, principalmente a nuestros seres queridos. Es importante tomarse tiempo para uno mismo, y también para cuidarnos, pero no debemos perder la mirada concéntrica y el interés hacia afuera para no caer en este pecado que sólo nos aleja de los demás.

 

Lujuria. 

 

Es el pecado que pregona los deseos obsesivos sexuales. El cuerpo en forma muchas veces es usado como medio de prueba en este sentido, y a menudo esta desviación de la idea del cuerpo en estado puede llegar a no tener límites. Una persona lujuriosa se transgrede a sí misma afectando fundamentalmente la psiquis y poniendo en riesgo, muchas veces también, la salud.

 

Gula. 

 

Es un vicio del deseo desordenado por el placer, conectado con la comida o la bebida.

Resulta incompatible a la hora de pregonar el culto al físico, ya que somos lo que comemos. La cantidad y calidad de lo que ingerimos es el punto en cuestión.

Una alimentación variada es saludable, y la medida está dada por la saciedad.

La gula no sólo nos impide estar en forma sino que además interfiere en la buena salud, llegando, en muchos casos, a problemas como la obesidad.

 

Envidia. 

 

Es aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer lo que tiene el otro. Muchas veces sentí una energía distinta al entrar en un megagimnasio.

Y a lo largo de los años pude confirmar que en gran medida se debe a lo que le sucede a las personas que envidian o anhelan el cuerpo o la indumentaria del otro. Cualquiera sea el caso, la envidia es un sentimiento que nunca produce algo positivo en el que lo padece, sino una insalvable amargura.