La ribera brasileña es casi una visión del paraíso terrenal. Con hoteles de lujo o posadas divertidas, garantiza las vacaciones perfectas para cualquier presupuesto.

Los portugueses llegaron hace exactamente 512 años y encontraron un lugar paradisíaco en las costas de lo que un día iba a ser Brasil. Además del paisaje y el clima, encontraron un puerto a resguardo de los vientos.

Allí mismo, a Porto Seguro, llegan ahora los aviones para que podamos recorrer las interminables playas de esta costa. Es una franja que comienza en Santa Cruz Cabralia y termina en Caraiva, con highlights como la hermosísima ciudad de Trancoso y sus vecinas Arraial d’Ajuda (más ruidosa y colorida) y Praia do Espelho, un paraíso casi desierto, considerada una de las mejores playas de Brasil.
 
Praia do Espelho
 
Es la joya de esta zona, de acceso limitado, ya que sólo se llega en combi o 4×4. La playa rememora el Paraíso: solitaria, con un increíble mar esmeralda, coqueiros ribeteando la costa y apenas algunas posadas. Se puede pasar el día recostado en las reposeras de algún club (desde 100 reales por persona, unos 70 dólares, con comida incluida) o volverse zen y escoger uno de los pequeños hoteles. Uno de los más bonitos, Enseada do Espelho, hace soñar con escapar para siempre de la civilización.
 
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Arraial
 
El viaje ya arranca con aventura: hay que cruzar en balsa el río Buranhem.
Arraial aparece como la mejor opción de alojamiento. Sus charmosas pousadas son acogedoras y accesibles. Para los presupuestos medianos, una opción es la posada Sitio San Francisco, con pequeñas viviendas separadas por callecitas que simulan el pueblo original. Para bolsillos más holgados, el hotel Maitei con su piscina infinita sobre la playa de Mucuge. El resto, disfrutar de las playas: Pitinga es la más alejada
y Aracaipe la divertida, llena de restaurantes y boutiques ultrachic.
 
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Trancoso
 
Trancoso es el it-place, elegido de los millonarios y los golfistas, ya que tiene hoteles con links a medida. Lo más encantador, sin embargo, es el ‘cuadrado’, una especie de plazoleta de calles de arena que finaliza en la iglesia, rodeado por exquisitos anticuarios, negocios de diseño y restaurantes de delicias bahianas (¡no perderse las moquecas, guisados de pescado y mariscos con aceite de dende!), todos cobijados por añosos árboles. Bajando un sendero pedestre, la Playa de los Cocoteros espera al viajero con beach clubs, tragos y DJ. El alojamiento perfecto: la posada El Gordo, con una piscina que flota sobre una vista panorámica de la Playa de los Nativos.
 
  Praia do Espelho                                                                      El sol de la playa de Aracaipe
 
  

Vista de Trancoso