A sus 33 años, trabajó en 14 películas y actuó en 12 programas de televisión. Ademas, es linda, amable y relajada. ¿Qué más se puede pedir?

 El paraíso existe al otro lado del charco. En Uruguay, arriba de Punta del Este, pasando José Ignacio, sucede una fiesta gloriosa. Es de día, el sol pega fuerte, el cielo no puede estar más celeste y la gente no puede ser más linda. Gente bonita y confundida, que está de vacaciones, es famosa, importante, y asiste feliz a la presentación de una bebida vitamínica, deportiva, sanísima.

Lo curioso del caso es que nadie toma esa bebida, sino que todos nos entregamos en forma desmedida al consumo de alcohol.

Hay muchas caipiriñas, caipiroskas, mojitos, clericós y todo tipo de tragos disponibles en cantidades industriales. Los famosos toman, los periodistas tomamos y miramos lo que hacen los famosos. Y ahí está ella, en un sitio apartado del bullicio, sentada con amigos sobre lonas de colores cercanas al mar. Lleva puesto un pantalón negro de seda con motivos de cadenas en color dorado muy versacesco. Eso, más sus rizos amarillos siempre abundantes e inconfundibles, hace que no pase desapercibida.

Sé que debo hablar con Leonora para pactar una entrevista, que es un personaje interesante por donde se la mire, pero también sé que está en una fiesta, con sus amigos, y tal vez no corresponda molestarla. Sé todo eso, pero el deber me llama y junto coraje para abordarla.

Me acerco y la saludo, y ella no tiene la menor idea de quién soy y tampoco parece importarle. Es amable pero fría, entre tímida y algo parca. Le propongo hacer una entrevista; me dice que sí, que hable con su representante, que la pactemos para otro momento. Entonces se queda callada, como invitándome a retirarme. Me voy.

A la semana siguiente, estamos de regreso en Buenos Aires. Hablé con el representante de Leonora, pactamos una entrevista y finalmente llega el día. Leonora es puntual. Se presenta en el lugar acordado a la hora establecida, toda maquillada, vestida y producida. Ready to go.

Cuando estamos listos para comenzar con la sesión de fotos, el impresentable dueño del restaurante mexicano ubicado en la calle Cerviño –donde nos habían previamente autorizado a hacer la nota– nos echa del lugar argumentando que para hacer fotos allí es necesario pactar un acuerdo comercial. Discutimos y pierdo la calma. Leonora, que presencia todo atónita, se queda callada en un costado.

Finalmente nos vamos, trasladamos la sesión a otro bar y perdemos media hora entre trámites y autorizaciones. Pienso que ella se va a ir, como lo haría cualquier actriz con aires de diva. Imagino que estará enojada con la situación, que no tiene ganas de esperar, que preferirá pasar la entrevista para otro momento. Sin embargo,

Leonora no hace nada de eso, sino que espera tranquila en un sillón, ojeando revistas y chequeando su teléfono. Espera 45 minutos sin quejarse. Luego, cuando todo está listo, posa ante la cámara como una modelo profesional. Y las fotos, gracias a su estilo natural, quedan estupendas.

Al comenzar con la entrevista, le hablo a Leonora de aquel encuentro en Punta del Este una semana atrás. Pienso que gracias a ese approach es que estamos ahí sentados haciendo un reportaje. Sin embargo, ella no se acuerda de mí. No me registra, no sabe nada de la pequeña charla que tuvimos en la playa y asegura que para ella nunca existió. Hubo tanto alcohol en aquella fiesta que no sé si yo estaba alucinando, si ella había volado con la mente hacia otro planeta o si soy tan insignificante que estaba sobria y no me recuerda porque simplemente no existo en su mundo. Como sea, dejo pasar el olvido y empezamos.

 

– ¿Se considera diferente del resto?

 

–Creo que todos somos diferentes e iguales también, en el fondo todos queremos lo mismo: amor.

 

–¿Le gusta estar en pareja?

 

–No es prioridad, es algo que sucede, por supuesto que me gusta, la vida es más linda compartirla.

 

–¿Cómo se encuentra ahora?

 

–Estoy de novia, muy bien. (N de la R: sale con Cruz Pereyra Lucena.)

 

–¿Es importante para usted tener hijos, o es algo que puede suceder o no?

 

–No es lo más importante, pero estoy empezando a pensarlo, creo que puede ser sanador.

 

–¿Sanador en qué sentido?

 

–Tener hijos puede ser sanador, porque creo que llega un punto donde la vida debe cambiar, dar un giro, ¿qué más si no?

Todos llegamos al mismo lugar, creo que al final lo único que cuenta es el amor, e imagino que mayor acto de amor que ese no hay.

 

–Le molestó que se cuestionara su relación con la familia de Gustavo Cerati? (N de la R: ex pareja de Leonora.)

 

–No sé qué se cuestionó, ni idea, es absurdo contestar sobre esto.

 

–¿Cómo se lleva con ellos ahora?

 

–Siempre me llevé muy bien, son mis amigos

 

–¿Cómo vivió todo lo que pasó con él?

 

–No respondo sobre eso.

 

–¿Mejor cambiamos de tema?

 

–Mejor.

 

–Leí que estaba muy nerviosa con su papel en El elegido. ¿Qué fue lo que más le costó de interpretar un rol así? ¿Le resultó complicado rodar escenas de sexo con otra mujer?

 

–Estaba nerviosa porque El elegido fue una novela muy vista y con muy buenos actores y quería que la historia entre nosotras fuera lo más creíble posible. Era difícil porque en televisión no hay tiempo para ensayar y hay que resolver rápido, pero eso también te da muy buen entrenamiento. Por suerte los directores y técnicos nos ayudaron a Mónica (Antonópulos) y a mí a que fuera todo más fácil y escucharon nuestras propuestas para hacer las escenas.

 

–¿Alguna vez le pasó algo similar en la vida real? ¿Se enamoró de una mujer?

 

–No, no tuve ningún acercamiento con chicas.

 

–¿Qué le produce placer?

 

–Escuchar música, bailar, estar con mis amigos, con mi novio, mi perra… Estar en la naturaleza, meterme al mar.

 

–¿Cuáles son sus lujos permitidos?

 

–No tengo lujos, me compro sólo cosas que me gusten, principalmente ropa.

 

–¿Cuál es su mayor deseo?

 

–Vivir en una casa rodeada de campo, árboles y mar.

 

–¿Hay algo que le gustaría tener?

 

–Sí, una casa con un enorme parque con árboles.

 

–¿Qué situaciones la estresan?

 

–El tráfico, la ciudad, las colas, el apuro, los boludos.

 

–¿Boludos en qué sentido?

 

–Boludos para mí son quienes creen que tienen una manera de relacionarse o comunicarse cool, pero en realidad no son auténticos, por lo tanto resultan violentos y, por ende, boludos.

 

–¿Qué le produce tristeza?

 

–La calle, las personas que están desamparadas, que no tienen a dónde ir, la indiferencia de la gente, la locura, la soledad, la sobrevaloración de lo joven y el abandono a la gente grande a la que habría que escuchar más porque son los que más saben. En el mundo en el que vivimos hoy, por pobre y por viejo te dejan de lado.

 

 

–¿Cómo se lleva con el paso del tiempo, con el paso de la belleza?

 

–Por ahora no me enrosco mucho con el deterioro de la belleza física, hay otras formas de belleza más allá de la estética. Además, uno se puede cuidar para mantenerse sano y bien. Lo que noto es que el tiempo está muy veloz, todo va pasando muy rápido y lo que me da miedo es no evolucionar y estar siempre en el mismo estado.

 

–¿Cuida mucho su cuerpo o es naturalmente flaca?

 

–Me gusta hacer actividad física, yoga o entrenar, salir a andar en bici también. No me cuido en las comidas, como normal.

 

–¿Qué hace para relajarse? ¿Cómo desconecta?

 

–Escucho música, veo una película o serie que me guste.

 

–¿Tiene algún vicio?

 

–El cigarrillo.

 

–¿Cómo es una reunión perfecta con amigos?

 

–Buen vino, buena música y mucho baile.

 

–¿Siempre tuvo esos rulos rebeldes? ¿Alguna vez intentó alisarlos?

 

–Sí, siempre tuve este pelo majestuoso y lo alisé por épocas para cambiar y luego volvió a su forma. Me gusta, es parte de mi personalidad.

Es único, como yo.