Arte marcial disfrazado de danza, la capoeira nació en los quilombos de Alagoas y, casi siempre a escondidas del poder, logró instalarse como una expresión cultural distintiva de Brasil.

 
¿Es una danza? ¿Es gimnasia con música? ¿Es acrobacia? Sí, también es todo eso, pero fundamentalmente la capoeira es un arte marcial, un método de defensa cuyos orígenes se remontan a la época de la esclavitud en Brasil.
Se dice que la capoeira nació en los quilombos, asentamientos de negros fugados de las plantaciones. El quilombo más importante fue el de Palmares, en el actual Estado de Alagoas. Llegó a tener unos 30 mil habitantes y funcionó, durante un siglo, como un Estado libre para los negros, donde de todos modos no estaban a salvo, por lo que desarrollaron técnicas de lucha uniendo conocimientos traídos de África. Zumbi, “el señor de la guerra”, jefe de Palmares, es venerado como el primer maestro de capoeira. Resistió durante años los ataques de los portugueses, pero lo mataron en 1695.
Además, le cortaron la cabeza y la exhibieron en la plaza de Recife. Antes, las autoridades coloniales habían arrasado la capital del quilombo, Macaco. Los que sobrevivieron fueron otra vez esclavizados y llevaron la capoeira a las haciendas, donde la siguieron practicando bajo la apariencia de un baile ritual para no despertar sospechas entre los blancos.
El lugar para celebrar esta danza era un pequeño descampado de forma circular, que hoy es de!nido como roda. De hecho, la palabra capoeira tendría su origen en vocablos africanos
que designaban un “claro en la mata”.
Con la abolición de la esclavitud, en 1888, los negros quedaron libres, pero sumidos en la pobreza. Muchos formaron bandas delictivas para sobrevivir. Así, la capoeira, asociada a la criminalidad, fue prohibida en 1890, y llegaron a aplicarse castigos de mutilación a quienes la practicaban.
No obstante, las rodas siguieron en la clandestinidad y los luchadores se llamaban mediante apodos o apelidos para preservar sus identidades.
Esta tradición llega hasta el presente. En cualquier parte del mundo donde entrenen, los capoeiristas reciben un apelido.
Básicamente existen dos formas de capoeira moderna y ambas surgieron en San Salvador de Bahía. Una es la tradicional, o capoeira Angola, que tuvo su máximo referente en el Mestre Pastinha, nacido a !nes del siglo XIX.
Pastinha aprendió capoeira de un viejo africano y buscó conservar las raíces provenientes del continente
negro. Murió en 1981. La capoeira Angola se caracteriza por un jogo o juego bajo (cerca del suelo), mucha mandinga (malicia o astucia) y pocas acrobacias. Los practicantes no usan cordas o cordeles (equivalentes a los cinturones de las artes
marciales orientales). La idea es que cada uno esconda lo que sabe.
Por su parte, la capoeira regional fue desarrollada por el Mestre Bimba, quien creó la primeraacademia en 1932 y consiguió que fuera reconocida oficialmente cinco años más tarde.
En paralelo, la capoeira fue legalizada y, en 1953, Bimba produjo un hito al actuar frente al presidente Getúlio Vargas, quien declaró: “La capoeira es el único deporte verdaderamente nacional”. Bimba tomó elementos de la capoeira Angola y los mezcló con el batuque, otra forma de lucha que había aprendido de su padre, campeón de esa disciplina.
También desarrolló movimientos propios y sistematizó la enseñanza. Falleció en 1974.
La capoeira regional es más espectacular. Toma la mandinga y le suma velocidad y acrobacia. Aquí sí se usan cordas para identificar las distintas graduaciones.
Estas insignias se entregan en ceremonias llamadas batizados o bautismos, y cada color evoca a diferentes orixás (divinidades afrobrasileñas).
Provocación, ataque, defensa y contraataque es la secuencia básica del jogo, donde el cuerpo se utiliza al límite de su elasticidad. Prevalecen los movimientos exagerados, la simulación y la mentira como estrategia de engaño o malandragem.
En la roda, adonde hay que entrar descalzo, se utilizan instrumentos musicales que marcan el ritmo del jogo. El principal es el berimbau, arco de madera con una cuerda y una calabaza como resonador.
Según su sonido, el berimbau puede ser grave, medio o agudo. Es el grave o gunga el que dirige la roda, mientras los otros dos tonos improvisan. Aparte, se emplean elementos de percusión como el pandeiro, el reco- reco, el agogó y el atabaque.
La combinación de música, palmas, cantos y jogo llevan al axé o energía espiritual.
En la Argentina prevalece la capoeira regional. Algunos de sus precursores fueron los mestres Marcos Gytaúna y Val Boa Morte, quienes llegaron en 1987 para un evento organizado por la cantante
Egle Martin, difusora de la cultura negra. Boa Morte siguió camino a Australia, pero Gytaúna se quedó, hizo demos- traciones en Plaza Francia y dio cursos en gimnasios y en el Rojas, hasta que en 1995 fundó la Asociación Argentina de Capoeira,
con domicilio actual en Padilla y “ames, Villa Crespo.
La Asociación, también conocida como Grupo Oriaxé, tiene cuatro mil socios y 20 puntos de
enseñanza en Capital, Gran Buenos Aires y el interior del país. La sede Belgrano, cuyos integrantes participaron de la producción de fotos, es comandada por el contramestre Mago, y antes el instructor fue Mario
“Pitu” Santana.
Algunos miembros de la sede Belgrano vienen de otras artes
marciales y encontraron en la capoeira una instancia superadora. Hacen
hincapié en la filosofía y los valores que transmite, y en el intercambio amistoso que se da entre distintas escuelas. Si bien hay torneos, el espíritu de la capoeira no es competitivo. “Entrenamos para jogar en la roda”, dice Ezequiel González, empleado de una empresa autopartista de 29 años, cuyo apelido es Smurf Zangado (Pitufo Gruñón).
En el jogo, los golpes se marcan pero sin llegar al contacto, aunque a veces, cuando el ritmo es frenético, pueden pegarse en serio.
Samanta Rodrigues Da Silva, mecánica dental de 32 años, es de Río de Janeiro. De niña quiso aprender capoeira, pero su madre la inscribió en karate. Hace seis años llegó a Buenos Aires. “Aquí, a través de la capoeira, descubrí mis raíces. En la Argentina me encontré con mi país”, dice.
El apelido de Santiago Rodríguez es Agulinha (Agujita), porque es alto y #aco. Este analista de sistemas de 24 años se queda con un par de enseñanzas de sus maestros: “La capoeira no es aprender a caer, sino aprender a levantarse. Es para todo el mundo, pero no todo el mundo es para la capoeira”.
Los jogadores de Belgrano se despiden con el grito que los identifica: “¡Capoeira e só alegría”. Capoeira es
sólo alegría. Habrá que creerles. Están agotados, pero sonríen con todos los dientes.