El Museo Metropolitano ofrece una muestra de retratos del Renacimiento que es puro gozo para los ojos y el alma. Abarca la época entre Donatello y Bellini con piezas procedentes de todo el mundo.

 

 Por fin un día amable dentro de este crudo invierno. Voy camino al Museo Metropolitano (el MET, de manera friendly). Mi objetivo es ver la exposición Retratos del Renacimiento.

 

De Donatello a Bellini.

 

Una propuesta por demás interesante. Reúne casi 160 retratos realizados entre los años 1400 y 1600. Por más modernidad o vanguardia que me atraigan, nunca dejarán de sorprenderme las propuestas de estas instituciones de arte. Con éxito indiscutible organizan exposiciones que enseñan los orígenes. Y todavía existen aquellos que niegan la presencia del largo recorrido del arte desde las pinturas de Altamira. Tiendo a pensar en la mediocridad de los que defienden una idea sin aceptar otras. Caballete, óleo, instalación, video, fotografía, ¿qué más da?

 

Los museos destinan fortunas incalculables para concretar muestras con autores del Renacimiento u otras épocas.

Mucho más costosas, por supuesto, que organizar las de artistas actuales. Si a uno se le ocurriera la descabellada idea de visitar en forma independiente una a una estas obras, a los lugares a los que pertenecen, debería hacerse de algún año sabático.

El tour tendría que recorrer las ciudades de Berlín, París, Frankfurt, Roma, Florencia… y sigue la lista. Pero la peregrinación no terminaría ahí. Muchas de las obras pertenecen a colecciones privadas. Eso ya complica un poco más la cosa. Pero gracias al MET podemos concretar nuestro sueño por unos pocos dólares. Y además, tomarnos un respiro e ir a comer unos cupcakes a la cafetería del museo.

 Llego a la imponente puerta de entrada. No parece de muy buen humor el indio que conduce el taxi. Indio… de la India.

Parece mentira que haya que aclarar todavía esto. Lo venimos haciendo desde la gran confusión que generó Cristóbal Colón. ¿Los indios de India o los indios de América? ¿Se podría encontrar alguna solución para no seguir aclarando? Entro al MET. Hago la cola en la ventanilla, pago mi “contribución”. Aquí menciono algo que puede interesar: no es necesario pagar full price para ingresar.

Amablemente, los que atienden informan el precio máximo de la entrada, pero también sugieren la posibilidad de pagar lo que el visitante considere.

Tomo un folleto con la lista de las exposiciones. Alquilo los auriculares y me dirijo directamente a la sala de los retratos, abstrayéndome de todas las otras tentadoras muestras que aparecen a mi paso. La primera impresión al ingresar en la sala es impactante. No sólo por la propuesta visual de los trabajos y su disposición sino por la cantidad de visitantes.

La mayoría jóvenes. Mientras recorro la muestra, la audioguía va comentando detalles interesantes de cada obra. “A principios del Renacimiento, Italia fue sede de la primera gran época del retrato en Europa”, escucho. Y me pongo a pensar en esa época. Obras

de algunos autores olvidados, que no tenían más de 12 o 13 años de edad. Que comenzaron a estudiar en las academias a los 10 u 11, y durante 18 años o más estuvieron dedicados al aprendizaje de las técnicas y al perfeccionamiento. Era duro llegar a ser considerado artista. La mayoría pertenecía a talleres conocidos. Su nivel era el de ayudante o aprendiz. Los artistas se concentraban por primera vez en plasmar las semejanzas y las expresiones de cada personalidad. Aquí puedo ver retratos de personajes conocidos. Otros, no tanto.

Algunos quisieron pasar a la inmortalidad a través de estas obras. El objetivo de un retrato era conmemorar momentos trascendentales de sus vidas, como el matrimonio o la muerte, la llegada al poder político o de la Iglesia. Era la mejor forma de documentar su época, el concepto de belleza y las costumbres. 

¿Cuál sería el costo de tener un retrato propio? Quedaban muchos siglos por delante para que Daguerre naciera y nos facilitara las cosas con un simple clic. Si andan por la Big Apple, esta muestra estará hasta el 12 de marzo.