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Malena Pichot: “Yo soy mi tema favorito” – El Planeta Urbano

Tras una ruptura amorosa que la dejó devastada, Malena Pichot comenzó a colgar en YouTube los videos de La Loca de Mierda, un personaje que la hizo famosa en toda Latinoamérica. Hoy protagoniza Ellos, un espectáculo de stand up en donde analiza mejor que nadie el complejo universo femenino.

 Cuando está callada, en silencio, Malena es chiquita y parece inofensiva. Pero al hablar se enciende, toma vuelo, arranca y mete miedo, tanto que uno prefiere no enfrentarla para no ser víctima de su ingenioso humor ácido. Así le pasó a su ex pareja, un chico que la abandonó y terminó convirtiéndose en protagonista de una historia televisada en medio continente.

–¿Cómo fue que la dejó ese novio que inspiró sus famosos videos?

–Lo llamativo es que no fue tan dramático. No ameritaba para nada tanto escándalo. No se cogió a mi mejor amiga, no pasó nada grave, simplemente me dejó de querer. Yo estaba muy perdida en la vida, y generalmente cuando las mujeres estamos así nos agarramos de un tipo y su vida pasa a ser nuestra vida. Entonces, cuando el tipo se va te quedás sin vida, lo que es un gran error.

–¿Cómo salió de esa crisis?

–Con el tiempo, salí gracias al tiempo.

–¿Cuánto tiempo?

–Dos años, y la relación había durado un año y medio.

–En las redes sociales suele ponerse agresiva. ¿Siente que es un modo de descargar su ira?

–Yo cuando puteo por Twitter siento que hago justicia con un montón de gente que piensa igual a mí, porque estoy puteando a alguien que representa a la maldad absoluta, o a una injusticia. Si yo puteo a Wanda Nara es porque creo realmente que es un personaje siniestro que representa lo peor de la sociedad. “Hello, Wanda, ¡apareciste por chuparle la pija a un tipo por YouTube y ahora sos una señora!” Esas cosas a mí me indignan. La familia Nara es gente que si se muere, realmente no se me mueve un pelo, me cago de la risa.

–¿Qué la motiva de hacer stand up?

–La primera vez que lo hice fueron quince personas y la gente se reía mucho. Me acuerdo que desde el escenario yo veía a un pibe que ponía cara de fascinado y ahí dije: “Esto es increíble, ¡es un flash!”. Me copó mucho la reacción de la gente, y descubrí que la risa del otro era lo que más me motivaba.

–El tema principal de sus monólogos es la mujer. ¿Cuál es el estereotipo que analiza?

–El estereotipo de la mujer pelotuda es la mujer machista, que somos casi todas. Es imposible no ser machista, porque nacimos en esta sociedad y listo, no hay mucho que hacer.

–¿Cómo se define a la mujer machista?

–A partir de la mirada del hombre; tiene como una secuencia de cazar al hombre y retenerlo, que es lo que te enseñan las revistas de género. Cosmopolitan, Para Ti y Ohlalá te enseñan: “Cazá a un tipo y retenelo”. Dan cátedra de cómo darle placer para que no se vaya, para que no te engañe. Y yo digo, “Bueno, relajá”. Me jode que un tipo se vaya, pero tampoco voy a estar chupándole la pija de cinco maneras diferentes para que se quede.

–¿Ese tipo de mujer se boicotea a sí misma?

–Claro. Lo que tiene la mujer machista es que va contra la mujer en general. Está en contra de la despenalización del aborto y no quiere que las publicidades de toallitas hablen de eso como debe ser. A la mujer machista le gustaría no escuchar la palabra menstruación, y eso lo sé porque participé en estudios de publicidad y las minas no lo quieren escuchar, prefieren decir: “En esos días”.

–¿Cómo influye la televisión en ese pensamiento?

–La mujer machista quiere tener un culo increíble para mostrarlo en lo de Tinelli. Esa es la meca. Todas dicen: “Si yo tuviera diez años menos y un cuerpo increíble, sabes cómo te bailo en Tinelli”. Estamos perdidas.

–Yo con los hombres me hago la graciosa, no me hago la linda porque no me saldría. Para mí, las minas que se hacen las lindas para conquistar a un hombre son víctimas, me dan pena, no me generan tanta violencia porque me dan lástima. No las bardeo porque lo que yo estoy tratando es que abran los ojos. Pero bueno, esas son las minas que te dicen: “Yo paso por una obra en construcción para que me digan cosas”.

-Parece haber una obsesión con el gremio de la construcción..

–Boludo, vas caminando por la calle y te dicen: “Te quiero chupar el culo y acabarte en las tetas”. No me sube el ánimo eso, más bien me dan ganas de cagarlos a trompadas. A mí me divierte en un punto porque eso me habilita a insultar en la cara a alguien, cosa que es muy difícil que se dé la oportunidad. Digo, la secuencia de decirle en la cara a un tipo cualquiera: “¿Por qué no te vas a la concha de tu madre?”. Es casi imposible, pero yo siempre lo hago. Me paro frente a un obrero que me dice guarangadas y le digo: “¿Qué te pasa, infeliz?”. Y los tipos se cagan en las patas, porque no están acostumbrados a que las minas respondan.

–¿Responde con un sí, con una contrapropuesta?

–¡No, qué pesadilla! ¿Por qué me voy a coger a ese marginal de mierda que fue violado por su padre? No me interesa en absoluto.

–¿Todos somos machistas?

–Sí. Yo, si me depilo, soy machista. Soy machista porque cada tanto me pregunto: “¿Voy a tener hijos?”. Y después pienso: “¿Por qué me hago esa pregunta? ¿Qué necesidad tengo?”. No debería ni hacérmela, pero nos pusieron un chip en la cabeza y así pensamos. Es tanto más fácil ser hombre. Yo trabajo en una radio en la que todos son hombres, y es muy difícil no ser la minita, que no esté ese juego de: “¡Ah, te pusiste un escote hoy!”. Entonces, la maniobra que tengo para salir de eso es asexuarme por completo y decir: “No, chicos, yo soy frígida”. Es la única manera de escapar de la cosificación.

–¿Por qué muchas mujeres se tratan tan mal entre ellas?

–Eso está inculcado desde que nacemos, desde el momento en que te dan dos Barbies y un Ken. Estamos jugando a la casita con dos minas, con tres minas, y hay una que siempre es la fea. Somos realmente víctimas, la sociedad te inculca que una tiene que cazar a un tipo, que no se le puede ir, entonces la competencia entre minas está generada por la sociedad. El discurso machista hace que las mujeres sean así. A las minas les enseñaron a conseguir un tipo para procrear, para hacer una familia. Eso es ser mujer, y es una garcha.

–¿Contribuyen también las revistas femeninas?

–La revista Cosmopolitan es la base del mal en la Tierra. El otro día me mandaron un artículo y las frases que utilizan son geniales, tipo: “Toma el mástil de tu hombre”. ¿El mástil? Eso es dar por sentado que el hombre tiene un mástil, ¿entendés? Es el rey de la pija más grande, no hay posibilidad de que tenga un chizito, no dice: “Agarrá el chizito”, dice “Agarrá el mástil”. Entonces los hombres siempre quedan como los pijudos que la mueven ¿Qué es eso?

–En su monólogo destruye a Alessandra Rampolla. ¿Por qué?

–La Rampolla cuenta todo en diminutivo, te hace un bricolaje del sexo y para ella hablar de un pete o de un muñequito de mazapán es lo mismo. Además, asusta a los pocos heterosexuales que quedan con esa concha de peluche gigante que da miedo. La Rampolla se separó cuando adelgazó. Al tipo le cabía que fuera gorda. Hablemos de eso, Rampolla, no de tanta pelotudez, porque vos seguramente chupabas la pija increíble y el chabón se te fue igual. ¡Qué fuerte! ¿No?

–¿Hay otro asunto recurrente en sus monólogos?

–Tengo una lucha personal con el tema de la menstruación, y me desbando a propósito porque sé que a la gente le da impresión. Quiero decir: basta, blanqueémoslo, me sangra la concha. Es muy trash menstruar. Entonces, si por la calle veo un flaco muy heavy metal con remera de Hermé t i – ca, tachas y toda la bola, me paro y le digo: “Flaco, me sangra la concha, vi más sangre en un mes que vos en toda tu vida, así que no me jodas”.

–Otra de sus obsesiones es la publicidad.

–Las publicidades también son el eje del mal. Las de desodorante de hombre son orgías, y las de jabón de mujer son una gorda bailando sola en su casa, vestida de blanco. El problema es que hay un montón de minas que bancan eso, si no, no pasaría. Porque las minas quieren ser la modelito del desodorante de tipos, eso es lo más triste de todo. Para mí las minas somos una minoría conceptual, es como si los judíos fueran nazis o los negros fueran racistas. No ocurre eso con las minorías, y con las mujeres sí. Las mujeres odian a las mujeres.

–¿Y usted odia a los hombres?

–Para nada. Odio el sistema en el que estamos, donde el discurso es machista, pero los hombres no tienen la culpa de eso, es algo ancestral, está en la Biblia.