Agustín Pichot sigue jugando al rugby, pero ahora fuera de la cancha, peleando por popularizar el deporte. También hace radio, produce programas deportivos, habla de ecología y se pregunta a sí mismo si se le va a animar a la política.

Quién es Agustín Pichot? Esta pregunta tiene una respuesta fácil en el mundo del rugby, donde todos recuerdan al gran medio scrum del Casi que se fue a jugar a Europa y desde allí capitaneó a Los Pumas hasta el tercer puesto logrado en el Mundial de Francia 2007. Pero su figura ha traspasado los límites del rugby, acercándose a la política, y también a los medios, y sus opiniones ya no son escuchadas solamente por la gente del deporte sino por quienes ven en él a un dirigente con futuro promisorio.

El Planeta Urbano se encontró con Agustín Pichot en el balneario City Beach, de Pinamar. “Vengo desde que nací, es el lugar donde tengo los mejores recuerdos de mi familia. A sólo dos balnearios de este compartí con mis padres toda mi infancia, y es un lindo lugar para venir con mis hijas a vivir lo que yo viví; de paso traje la radio al parador y con Bebe Contepomi nos divertimos un rato a la tarde”, cuenta. Caminando por la orilla, viendo cómo las olas dejaban sobre la playa caracoles, pero también botellas de plástico, empezamos nuestra ronda de preguntas.

–¿Hacia dónde va este mundo? ¿Qué se puede hacer para que nosotros y nuestras futuras generaciones tengan una mejor vida?

–Creo que nosotros somos la generación del medio, entre la vieja escuela que creía que los recursos naturales iban a ser abundantes y para siempre, por lo que ni siquiera se hablaba del tema, y la actual esquizofrenia sobre los temas relacionados con el fin del mundo, el derretimiento de los polos, el calentamiento global. Pasamos de no saber nada sobre la problemática ecológica a hacer un máster y preguntarnos si vamos a vivir como en Waterworld, la película de Kevin Costner. Creo que estamos aprendiendo y educándonos sobre qué cosas hacer, como no dejar las luces prendidas ni los cargadores de los teléfonos o las computadoras cuando ya están cargados. Son pequeñas cosas que no hacen una gran diferencia, pero yo no tengo la capacidad para decir que hagamos tal o cual cosa porque realmente sirve. No sé cuál sería el impacto si dejara de comprar los diarios, por ejemplo. Sí he aprendido mucho, y por mis hijas, esa generación que tiene un vocabulario distinto, palabras como reciclaje, que ya tienen incorporadas y que hacen que tengan una cultura mucho mayor sobre el cuidado del planeta que el que teníamos nosotros. Hoy aprendemos de los chicos mucho más de lo que podemos enseñar. Ellos absorben, están preocupados y viven el problema de la ecología mucho más que nosotros a esa edad. Es cierto que ven cosas concretas, el calentamiento global generó cosas fuertes en la vida diaria, aunque también se ha mezclado mucho con las catástrofes naturales que ocurrieron, que quizá no tengan mucho que ver pero se asocian a un desorden ambiental, desde un tsunami con 400 mil muertos a que la tierra se sacuda. Los chicos tienen una preocupación más sensible que la gente grande.

–¿Cómo ve las políticas que se implementan para mejorar el medio ambiente? 

–Estuve en una charla sobre el calentamiento global que dio el ex vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, en Sevilla, donde contó algunas cosas que se están haciendo, pero son los grandes jugadores, los Estados, los que tienen que involucrarse y controlar, por ejemplo, que las plantas de aluminio no tiren los residuos a los mares, o se despilfarre agua en la minería a cielo abierto. Pero son temas en los que los ciudadanos comunes no tenemos ningún tipo de ingerencia, sólo las grandes empresas y los Estados son los que pueden hacer algo.

–Estuvo con Al Gore, trabajó para Mario Das Neves y se contactó con los Clinton, ¿hay un Agustín Pichot político?

–En realidad no sé cómo llego a ser político, en mi carrera deportiva he sido un embajador político, porque fue gracias al rugby que conocí a Al Gore y a Bill Clinton. Pero por medio del deporte, de Gerardo Werthein y de Nicolas Sarkozy, que era amigo de los dueños de los clubes donde yo jugué, me fui metiendo en un ambiente político al que accedí como celebridad deportiva. Son cercanías que de otra  dio. Parecería ser que cuanto más conocido y mejor deportista se es, el mundo se hace más chico.

–¿Sirvió la relación con Das Neves, que lo nombró embajador de Neuquén en París?

–Todo sirve. Obviamente duré poco y entendí que el mundo de la política es mucho más complicado de lo que uno piensa. Uno cree que el objetivo de la política es el bien común y poder hacer cambios genuinos desinteresadamente, pero es un mundo muy brutal, aunque creo que es el camino para lograr esos cambios. Yo hice política en el rugby, en mis últimos catorce años, tanto dentro de la cancha como afuera traté de que el cambio fuera constante. Eso es hacer política, cambiar para que las cosas mejoren.

–¿Qué hay de cierto sobre los rumores que lo mencionan como futuro secretario de Deportes de la Nación?

–Se ha hablado de eso y se asocia mi nombre con la política de Estado, pero no creo que sea el momento; terminé lo del 4 Naciones hace muy poco y estoy con otros proyectos. Me acabo de desligar de la Unión Argentina de Rugby porque se concretó el proyecto para el que me habían contratado, así que ahora veremos qué hacer.

–Ya que hablamos del ingreso de Los Pumas en el torneo 4 Naciones, The Championship, un logro fenomenal para el rugby argentino, ¿cree que hay jugadores para jugar de igual a igual con las tres potencias, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda? Hay miedos en el ambiente y se llegó a decir que la UAR tendría que contratar un avión sanitario para traer a los lesionados.

–Los que hablan así son los que lo ven desde el lado derrotista y no desde el desafío. He jugado varios partidos contra esos equipos y no hay nada más lindo que jugar contra los mejores, y aunque perdí muchas veces, y algunas holgadamente, siempre he querido volver a enfrentarlos, tener revancha. Los que piensan así es que no quieren crecer, sobre todo los que están afuera de las decisiones. Te dicen que va a haber problemas con los jugadores, y seguro que va a haber problemas, porque uno está desafiando algo grande y seguramente va a ser durísimo. Pero si queremos crecer, en lugar de jugar sólo entre nosotros teníamos que tomar esa decisión, que no fue de Agustín Pichot, sino de la mayor cantidad de jugadores y de la mayoría del rugby argentino, que quiere que la Argentina siga creciendo.

–A Italia le costó muchos años ganar un partido en el 6 Naciones, ¿a Los Pumas les va a costar lo mismo en The Championship?

–Va a costar un montón, pero no creo que el éxito o el fracaso se dé por un partido perdido o ganado en The Championship, se va a dar por la gente que se acerque al rugby, algo que ya se ve en el interés que tienen todas las provincias por recibir a Los Pumas. Por suerte el rugby dejó de ser algo enquistado, monárquico de la Urba (Unión de Rugby de Buenos Aires), lo que le hacía mucho mal. Hoy, este avance les duele a muchos, molesta, para algunos es lo peor que hay, pero el rugby debe ser federal y de todos. 

–No cree que hay un avance en la relación UAR-Urba a partir del apoyo de esta última a la reelección de Luis Castillo como presidente de la UAR?

–En realidad, todo 2011 fue bueno, tuvimos reuniones muy positivas con Ricardo Bellver y Gonzalo Pulido, pero estas reuniones las habíamos propuesto hace dos años, tiempo que perdimos por culpa de facciones de poder, momentos para dirigir el rugby y fantasmas que no existían pero se trajeron a la ecuación. Pero por suerte el plan a largo plazo se sigue cumpliendo, y lo importante es que ese plan no sea de uno, sino que la mayoría de la gente lo apoye, porque el objetivo final es que cada vez más chicos jueguen al rugby, no para que ganen plata los 20 o 50 jugadores que van a jugar el Rugby Championship.

–Así como el scrum, el tackle y el pase para atrás definen al rugby, una de sus máximas ha sido siempre que “el rugby es de los jugadores”. Hoy parecería que son más importantes los dirigentes que los jugadores.

–Para mí el rugby siempre fue de los jugadores. Desde que dejé de jugar, hace cuatro años, he pensado cien por ciento en los jugadores. Pero para la dirigencia del rugby argentino de los últimos treinta años el deporte ha sido de ellos, eso está clarísimo en todas las decisiones que han tomado: Los Pumas tuvieron los cuatro peores años de fixture de la historia después de haber salido terceros en un mundial. Tuvimos sólo 18 test matches cuando el resto de los países tuvieron hasta 50 partidos. Y todavía pretendían que el equipo de Santiago Phelan saliera entre los primeros cinco en el Mundial. Eso no es pensar en los jugadores. Para lograr algo hay que viajar, pelearse, luchar por lo que uno cree, eso es un poco lo que hice en los últimos cuatro años.

–¿Se siente una estrella del espectáculo ahora que está asociado a Espn y se lo ve seguido en programas de radio y televisión?

–No, para nada. Los medios siempre me gustaron y ahí está mi lado marketinero. Me gustó siempre comunicar, y lo hago, y me divierte mucho, me acerca a la gente, que es la que día tras día hace que uno sea quien es en la sociedad, más allá de la familia. Estoy asociado con Espn en el proyecto de la radio desde hace dos años. Yo quería una radio y me pareció que la alianza con ellos era positiva, con los riesgos lógicos que significaba la relación del canal con el rugby y los monopolios. Ya me siento parte de la familia de Espn y voy encantado cuando me llaman a algún programa, pero les queda claro que yo tengo una productora y produzco cosas para ellos y también para otros medios.

–¿Qué le parece lo que está haciendo Gerardo Werthein con el olimpismo argentino?

–Es un comienzo, todavía falta ordenar un poco las federaciones. Hay muchas cosas que están muy enquistadas y muy enviciadas en la dirigencia del deporte argentino y eso debe cambiar. Lo que está ha- ciendo Gerardo es estar al lado del deportista, darle soluciones, pero creo que el bisturí hay que aplicarlo en la organización de las federaciones

–¿Qué opina de la Ley de Medios?

–Me parece que es muy positiva. Yo no estoy a favor ni en contra de Clarín, no trabajo para el Gobierno, no milito, pero creo que la Ley de Medios tiene cosas muy buenas. La forma como se ha dado, los matices, las guerras mediáticas, creo que no sirven para nada, no le hacen bien al país, pero los cambios traen este tipo de choques.