Una cobertura del Roxy Surf Jam 2012 fue la excusa perfecta para viajar a Mar del Plata y conocer de cerca la filosofía de vida de este deporte. Aquí, los detalles del evento que agrupa a las mejores chicas surfers del país.

 

Sábado, 12 PM

Nueve periodistas nos encontramos en Aeroparque para emprender un viaje de prensa a las playas de Mar del Plata. ¿El motivo? Cubrir el campeonato femenino de surf organizado por Roxy (la línea femenina de Quiksilver) y probar el programa Sheraton Fitness by Core Performance.

Sábado, 9 PM

Nos dirigimos a un bar de surfers cercano a la calle Alem. Allí nos encontramos con dos gerentes de Marketing de Quiksilver, que nos recomendaron un plato proveniente de Indonesia, muy típico de los surfers, y nos incitaron a tomar cerveza. La comida en cuestión resultó fabulosa, y nuestros anfitriones aprovecharon el momento para hablarnos de surf. De qué si no. Nosotros, que no entendíamos nada del tema, prestamos atención y aprendimos que el surf, más que un deporte, es una filosofía de vida. Pasadas las doce, nuestros anfitriones emprendieron la retirada. Al día siguiente, a las cinco de la mañana, saldrían a surfear en el mar helado de Playa Grande. Por hobby, por deporte, por amor al surf. El primer hecho revelador del viaje: los surfistas se levantan a las cinco de la mañana para aprovechar las olas del alba. Conclusión: los surfistas están locos, o nosotros somos tan dejados que preferimos pensar eso a sentirnos culpables por levantarnos a las diez.

DOMINGO, 11 am

La playa Honu Beach, cercana al faro de Mar del Plata, está preparada para la Copa Roxy 2012, algo así como el campeonato argentino de chicas de surf. Ornella Pellizari, máxima exponente de esta disciplina en la Argentina, participa y les pasa el trapo a todas. Ella supo estar cuarta en su categoría a nivel mundial. Es rubia, de estatura baja y mirada pacífica. Luego de recibir su premio, nos cuenta que pasa el año viajando por 14 países diferentes. Para lograr su cometido, sigue una estricta rutina de alimentación sana, entrenamiento aeróbico y una determinación emocional muy fuerte. Tiene 23 años y viaja sola, busca sus propios sponsors, vive cambiando pasajes on line en busca de tickets económicos y combinaciones de fechas que se ajusten a su calendario y no se deja amedrentar por las australianas o las brasileñas, que cuentan con entrenadores propios, marcas que las apoyan y un mar amable durante todo el año. Tal es la determinación de esta chica oriunda de Mar del Plata, que ni el mar helado de invierno ni la falta de facilidades económicas logran hacerle bajar los brazos. Ornella está sola con el mar y su tabla, no tiene novio ni piensa en eso y su máximo objetivo es seguir surfeando, cueste lo que cueste.

LUNES, 11 am

Nos reunimos en el gimnasio del Sheraton. Los periodistas grabamos lo que pasa pero no hacemos nada por nuestro cuerpo. Los surfers entrenan, mientras su coach nos explica la rutina de ejercicios que practican durante los viajes. Cuando cambian de horario cada día, sufren el jet lag y no siempre encuentran el espacio indicado para alimentarse bien y entrenar lo suficiente. Lo novedoso del caso, al menos para nosotros que no nos ejercitamos aunque tengamos el gimnasio a una cuadra, es la propuesta del Sheraton para cuidar el cuerpo durante los viajes. Rutinas de entrenamiento de pocos minutos, que hasta pueden practicarse en la habitación, un menú con comida sana y un sistema de relajación especial para aliviar el jet lag forman parte de la propuesta, que los surfers nómadas aprueban por su estilo de vida exigente y aseguran que funciona para cualquier viajante frecuente que necesite mantenerse en forma.

Terminamos de escucharlos, asentimos en cada una de sus explicaciones y bajamos a almorzar al restaurante del hotel. Obviamente, el menú es sanísimo y muy naturista. Sorprendentemente, nos encanta. Aunque uno de los periodistas no puede con su genio y comete el exabrupto de pedir una botella de vino tinto. Los surfers lo miran raro, pero no lo juzgan. Toman un licuado de cosas sanas y raras, hablan poco y corren al mar, mientras nosotros nos sumamos al vicio de nuestro colega y terminamos echados en las estupendas reposeras de la magnífica pileta del hotel.