Fena Della Maggiora se define como un tipo inquieto al que le costo animarse a hacer todo lo que le gusta. Y le gusta hacer de todo: cantar, escribir cuentos, conducir programas de TV y producir documentales. Ahora agrego un nuevo interés, el cuidado del planeta.

 

Fena sabe que es de Piscis, que tiene ascendente en Piscis y la Luna también en Piscis, pero aclara que no cree en la astrología; adhiere a este gobierno y destaca su lucha contra las corporaciones pero asegura no ser oficialista y que la manipulación del Indec es “terrible”; se considera un ser espiritual, pero nada místico y, por sobre todas las cosas, antirreligión.

Se define como un espíritu inquieto, pero viene de una familia clásica. Ese espíritu inquieto es su motor a la hora de elegir. Es músico, actor, conductor, productor, autor de cuentos infantiles e ilustrador de sus propios textos. Asegura tener más de 400 proyectos en la computadora, entre ellos, un documental que le gustaría filmar sobre el Monte Athos, en Grecia, donde, según dice la tradición, el gigante Athos le lanzó una gran piedra a Poseidón durante la Batalla de los Dioses. Esta península alberga 20 monasterios ortodoxos que forman el estado monástico más antiguo que existe. A sus 51 años es consciente de la necesidad de cuidar el planeta porque la cosa “es terminal” y hasta se compró “la bolsa de los mandados” y se encarga de inculcarles esto a sus hijos, Nina, de 11, y Lucio, de 3.

“Soy de una generación a la que eso no le fue inculcado y empecé a entenderlo de grande. Esto es terminal. Es la casa de uno, y si la casa de uno se cae a pedazos, o si se incendia, no se puede vivir, esto es más grave porque es el planeta, que abarca todas las casas”, responde Fena, relajado, así se lo ve, sentado, cruzado de piernas en el sillón del living de su casa de Palermo, un departamento antiguo, en el segundo piso de un edificio de 1930.

 

–¿La dirigencia política es consciente de lo que pasa?

–No, no veo conciencia en la dirigencia. No es prioridad para la dirigencia política de esta parte del mundo. Pero no sólo la dirigencia política, lo que me parece más difícil es cambiar la idiosincrasia, el pensamiento colectivo. Se pueden dictar leyes, se puede normar, se puede regular, pero creo que el 70 por ciento de los chicos tiran las pilas en el parque y el papel en la calle.

–¿Qué hace desde lo individual, en lo cotidiano, por el medio ambiente?

–Respeto todo lo que sean residuos, lo que hay que tirar y dónde hay que tirarlo; no tiro nada en la calle, cosa que hacía cuando era más joven, y soy muy respetuoso de los árboles. También me compré una bolsa para el supermercado, me siento un poco ridículo yendo con la bolsita de los mandados, pero suma.

–¿Cree que este tipo de actitudes contagian?

–No. Me gustaría decir que sí, pero no. Me da pena porque nuestros hijos y nuestros nietos van a vivir como en las películas de ciencia ficción, adentro de una cúpula. Esto habla de la raza humana, el ser humano de la revolución industrial para acá siempre pensó en el aquí y ahora y no en el futuro, un error crítico. Ecléctico, multifacético o inquieto, como él mismo se define, cuenta cuando fue que hizo un gran cambio. “Hubo un click en mi cabeza, hace cinco o seis años, por una charla con un amigo que me dijo que no entendía por qué me circunscribía a una sola cosa cuando hacía tantas bien”, recuerda.

–¿Y qué cambió a partir de ahí?

–Soy un tipo muy autocrítico, pero visto por el cristal de él me pareció que me estaba dando autorización para relajarme y hacer todo lo que quiero. Lo que hago no lo hago por dinero, sino porque me gusta. Si me llaman para una tira y me pagan un motón de mosca pero no me gusta, no lo puedo hacer.

–¿Cómo?

– No es una postura. También me he confundido, y las veces que me equivoqué la pasé como el orto porque me convencía de que me gustaba, pero sufría. Sí, me compré la casa, pero ese no era yo, y todo el mundo creía que era sí. Revertir eso es muy arduo, se hace muy cuesta arriba y hay que pasar un examen atrás de otro.

 

–¿Le importa mucho la opinión de los demás?

–Me costó revertir eso, y yo trabajo para mostrarles lo que hago a los demás. Lo que me gusta es mostrarles lo que sé que hago bien. Este país tiene un prejuicio muy marcado. Hay que explicar todo y el público tiene una cajita en la cabeza y rotula. Y si no te pueden identificar con algo fijo no te pueden identificar con nada, a mí eso ya me chupa un huevo.

–¿De dónde viene ese espíritu inquieto, de la familia?

–No, vengo de una familia tradicional, papá contador y mamá ama de casa. No se fomentaba eso, lo hacían mis amigos, mi familia cósmica. Yo no era un chico común y la gente con la que me asociaba no era común.

–¿Y se daba cuenta?

– Sí, y sufría por eso, mis padres quisieron que tuviera una educación mas estándar y tuve una adolescencia de mucha rebeldía. Lee sobre religiones, pero no le interesa practicarla, sólo le llama la atención como fenómeno sociológico, y asegura que la detesta.

–¿Y en qué cree?

–Creo en un dios que protege a los seres que yo amo, es un pacto que tengo con él y seguro que me ayuda, y mis amados están bien y yo estoy bien. No creo en una entidad que regule la vida de los seres humanos, y de los animales y los vegetales, pero sí que en el principio de todo debió haber una entidad que cada uno procesó a su manera, y la peor fue la religión. A mi dios no le gusta que se arrodillen en el altar donde hay una figura.

–¿Se plantea cuestiones del tipo por qué estamos acá, para qué, habrá otras vidas?

–No creo en la reencarnación, soy muy poco místico, soy de entender lo que se puede razonar. No soy místico, sí soy espiritual, creo en el espíritu de las personas, sé que todos tenemos un alma formada de diferente manera.

–¿Cree en la astrología?

–No. Me parece divertida, pero no creo en el pronosticador que me dice que mañana me va a pisar un auto, sí creo que en el momento en que uno nace algo pasa. Asegura que no lee el horóscopo de Clarín, bueno, en realidad, aclara: “De Clarín no leo nada”.

–¿Cómo se informa?

–Leo todos los diarios, después saco mis conclusiones. Lo que está pasando con el periodismo es impresionante y no pasa acá solamente, está pasando en el mundo. Antes, si lo decían La Nación o Clarín, o cualquier diario, era verdad. Y no era verdad. Son intereses. Esa cadena que siempre existió no la tenía en cuenta como ciudadano común pero empezaron a agregarse elementos y dije “así que esto era mentira, y cuándo dijeron esto era en realidad esto otro”, y entonces empezamos a ser todos un poco periodistas. En la Argentina lo que está pasando es que el kirchnerismo, el gobierno de Néstor y después el de Cristina, se enfrentó a la corporación. Están tratando de voltear el muro de que la corporación es inamovible y está detrás de todo. No sé si van a llegar a buen puerto, pero en todo caso lo válido es intentarlo, cuando se logre eso van a existir verdaderas democracias en el mundo, ahora son corporatocracias. Se entusiasma con el tema, se balancea, se acomoda en el sillón del que sólo se levantó para chequear el aire acondicionado, el día de la entrevista hacía 39 grados de térmica. –Estoy contento con lo que está pasando y por eso adhiero a este gobierno, porque eligió el blanco que se debe elegir, y tuvo el cojín de hacerlo.

–Y entonces, ¿con qué se informa?

–Escucho radio.

–¿A quiénes?

–Escucho a Magdalena (Ruiz Guiñazú), que me parece que está cada vez peor, que está cerrada, que no ve nada, ella tiene un objetivo que es criticar al gobierno, su profesión se redujo a eso, a encontrarle el pelo al huevo sin rigor periodístico. Fena es un asiduo invitado a 6, 7, 8 (canal 7) y considera que este programa que produce Diego Gvirtz fue clave para mostrar “la costura de los medios”. “Nadie ve 6, 7, 8 pero todo el mundo habla de lo que se dijo en el programa sobre Clarín o La Nación. Lo que pasó con ese programa es que salta la chantada. Nos han engañado durante 30 años y eso te indigna. Uno ve 6, 7, 8 y sale indignado por estas cosas pero también salen indignados los que fueron descubiertos. ¿Por qué te indignás, loco?, ¿porque te descubrimos el truco? No deberías indignarte, deberías corregir el rumbo y hacer un mea culpa.

–¿Se da manija con Magdalena entonces?

–Con Magdalena, con Nelson Castro, con los tipos en los que antes confiaba, con (Joaquín) Morales Solá, con Luis Majul, que me parece un trucho. Y también me doy manija con los ultrakirchneristas bobos, porque no me parece bien ser un ultraoficialista que no ve que hay cosas bien y otras no.

–¿Quiénes son los bobos?

–Una cantidad de diputados ultraoficialistas. Los periodistas ultraoficialistas no, nadie les cree, sí están los periodistas anti-K y los del medio. Para Fena, lo mejor de este gobierno es “la cruzada de las corporaciones” y además subraya que es “muy loable empezar a determinar que el reparto de la torta sea más justo”. Sin embargo, critica al Indec y sus estadísticas de la inflación. “La manipulación del Indec es terrible y no engañan a nadie porque existe la góndola, existe el chino de acá a la vuelta y la verdulería de acá abajo”. Por último, advierte sobre lo que denomina “una corte de pícaros”. “Me parece que hay una corte de pícaros que tendría que ser limpiada, en el segundo nivel, pícaros y aduladores que buscan el negocio”, concluye, preocupado porque teme que puedan “socavar todo lo importante” que haga la Presidenta.