La palabra militante suele tener connotaciones políticas.Pero eso no se aplica a Nicolás Pauls: actor y músico, marido, padre y trabajador por los derechos de los animales y por la preservación del medio ambiente.

Nico ama treparse a los árboles, agasajar y cuidar a los suyos, y es a la vez un hombre comprometido desde el respeto y dispuesto a colaborar con las causas que comparte. Acaba de filmar el largometraje Hugo, Paco y Luis y tres chicas de rosa, del puertorriqueño Edmundo Rodríguez. Está grabando Cuentos bicentenarios y Manduca para el canal de Cultura de la TV abierta y ya está comprometido este año para Vivo en la Argentina, además de participar en la miniserie Inconsciente Colectivo, de Mariano Hueter. Para completar un escenario agitado, está grabando un disco con nueva banda, Horizonte, junto a Lea Lopatín, Pol Medina, Tomi Dieguez, Nacho Loizaga y Anita Pauls.

La apretada agenda no le quita ni tiempo ni espacio para compartir con su familia, y eso se nota. Nico es así. No interpreta fuera de la cámara y no tiene miedo de mostrarse tal cual es. Esa mañana de campo, entre mates y comentarios agudos, el reportaje se convirtió en una estimulante charla.

–¿Cómo entiende los cambios climáticos que están sucediendo en el mundo?

–Hay varias interpretaciones al respecto. Una, que el planeta está reaccionando inexorablemente a la falta de respeto por parte de los seres humanos. Yo creo que el planeta es un ser vivo, que respira, y que tiene sus ciclos y sus reacciones frente a lo que le sucede. En este sentido, los desastres naturales que están ocurriendo pueden tener que ver con la ira de este ser vivo, que al igual que nosotros se expresa. En este punto adhiero a lo que James Lovelock propone cuando habla de Gaia. Su idea es esta: el planeta es un ser vivo que se está manifestando. Los desastres naturales van a ir dándose en magnitudes cada vez más grandes, y menos espaciadas, por la necesidad de deshacerse de la sobrepoblación. Por otro lado, estamos asistiendo a una cuestión cíclica. Más allá de lo mal que el ser humano trata a su hábitat, hay ciclos naturales que se dan y que no se pueden cambiar. Los ciclos de la vida son, y no tienen posibilidad de cambio.

–¿Cómo toma conciencia de lo que está sucediendo?

–Creo que siempre fui una persona atenta y conectada con lo que sucedía a mi alrededor, pero la verdadera toma de conciencia llegó hace 20 años, cuando dejé de comer carne. Cuando me volví vegetariano, todas esas ideas comenzaron a tener más fuerza. Al principio tenía una mirada desesperanzada respecto de los cambios que veía. Pero a medida que fue pasando el tiempo y comencé a estar más en contacto con grupos y gente que realmente hace algo por cuidar la Tierra, me di cuenta de que todos los días somos más. Esto no quiere decir que los seres humanos podamos evitar cambios inherentes a cuestiones cíclicas, pero sí tenemos en nuestras manos mejorar nuestra calidad de vida mientras estemos acá, y dejar de agredir al planeta.

–¿Se volvió vegetariano por convicción?

–Por respeto a las entidades vivientes. Dejé de comer todo tipo de carnes hace 20 años, y hace casi 10 que soy vegano (sólo consumo lo que produce la tierra). Para mí es una forma de elevar la conciencia.

–Este tipo de alimentación tiene que ver con varios tipos de movimientos espirituales.

–Absolutamente. Todo está totalmente relacionado. Tanto en lo referente a la alimentación como en todo lo demás en la vida, elijo vivir de este modo. Nadie me propuso ni me obligó a nada.

–¿Y cómo lo expresa dentro de su familia?

–Mis hijos son vegetarianos de concepción. Mi mujer es vegana (ya lo era cuando nos conocimos) y mis hijos se gestaron en un vientre vegetariano, y fundamentalmente Olivia, que tiene 6 años, tiene clarísimo el motivo por el cual no nos alimentamos de entidades vivientes. Es por respeto, y nada más que por eso. Si yo quiero un mundo más respetuoso, tengo que empezar por mí. Y ese aprendizaje a través del ejemplo es el que quiero para mis hijos. Una vez vi un cartel en la calle que lo expresaba clarísimo: “Nuestros padres nos enseñan a amar a los animales y después nos los sirven en un plato”. Creo que la contradicción es parte de la naturaleza humana, pero cuanto menos uno se contradiga, es más fácil encontrar un equilibrio en la vida.

–¿Está asociado con alguna ONG o fundación ambientalista?

–Toda asociación que milite por algo con lo que estoy de acuerdo, cuenta conmigo. La prensa muchas veces se acerca a estas organizaciones sólo cuando se asocia gente que trabaja en los medios públicos. En ese sentido, estoy alineado con todas las que lo necesiten. Con Conciencia Solidaria, en la lucha contra la megaminería a cielo abierto, no sólo en la Argentina sino en todo el mundo. Es alarmante, está devastando la Tierra y el derecho al agua, es tremendo. También colaboro con Libera, que es una asociación animalista española. Con ellos estamos en campaña para evitar que se sigan usando caballos como medio de transporte del material reciclable que recogen los cartoneros, o recicladotes urbanos. La idea es preservar los animales y colaborar con los únicos que están haciendo un trabajo digno de ser valorado, y a gran escala.

 

–¿Cree que los recicladores o cartoneros tienen conciencia real de lo que están haciendo o sólo lo toman como un trabajo?

–Hay varias cooperativas que reúnen a estos trabajadores y hacen un trabajo extraordinario. Lo que también es cierto es que hace falta ayuda por parte del gobierno nacional y el de la Ciudad. Hay un negocio enorme detrás de la basura, y seguramente por este motivo no se involucran como deberían. La necesidad llevó a que en un momento dado del país se crearan organizaciones como El Ceibo (2001). Y no digo “ojalá que haya más crisis”, digo que aprendamos que de las crisis pueden surgir organizaciones completamente destacables.

–¿Cree que los seres humanos somos hijos del rigor y necesitamos mensajes apocalípticos para tomar conciencia y cambiar?

–Tendríamos que tener datos muy precisos para entrar en un tema así porque es delicado, pero sí hay mucha manipulación de la información en todo sentido. Y también soy consciente de que no se puede cambiar un sistema mundial de un día para el otro. Hoy todo se mueve por los derivados del petróleo. Va a llevar años que eso cambie, porque lo cierto es que hablamos también de un recurso finito. Los seres humanos hoy tenemos que comenzar a modificar conductas. Eso es lo que podemos hacer.

–¿Cree que nosotros vamos a ver el cambio? 

–Creo que vamos a asistir al comienzo del cambio. La vida es movimiento constante. La conciencia se está expandiendo y eso puede hacer que veamos el co- dirección más natural.

–Si tomamos este momento como un ciclo de la Tierra, ¿a qué parte del ciclo cree que estamos asistiendo?

–Yo creo que la verdad está en la página de atrás. Ahora, si tenemos que hablar de ciclos, estamos en el final de uno, y eso implica caos. El final de todo paradigma transita el caos hasta la instalación del nuevo paradigma.

–Defina sustentabilidad.

–Es hacer algo sin generar un residuo dañino para el entorno. Lo sustentable es respetar el ciclo natural de las cosas. No acelerar al manzano para que dé más frutas porque se va a agotar. La sustentabilidad también protege lo que uno usa en los procesos productivos.

–¿Cómo lo plasma en su realidad?

–Fundamentalmente aprovechando la basura orgánica para hacer un compost que uso como fertilizante.

–¿Cómo se hace?

–Separo la basura orgánica de la seca. Llevo la seca a la gente de El Ceibo. A la orgánica, la de la comida, la mezclo con tierra y lombrices, y la dejo. Este compost se transforma en un abono extraordinario que uso en las plantas.

–¿Esto lo hace en su huerta?

–En los meses de verano sí, porque los pasamos en un campito. Pero durante el año estamos en la ciudad y no tenemos una huerta muy grande. Igualmente usamos todo el espacio que tenemos para producir. No hace falta tener hectáreas para poder hacer tu propia huerta. Con macetas en tu casa, zapallos o pepinos, o tomates, o aromáticas, que se dan muy fácil. Es decir, producir nuestra propia comida es un acto de amor más que una cuestión de espacio y tiempo. Porque el espacio se genera y el tiempo es una cuestión que pasa por cada uno. En los libros de Antonio Urdiales Cano se puede encontrar toda la información necesaria sobre todos estos temas.

–¿Qué le sugeriría a los lectores?

–No sugiero, porque creo que estas cuestiones son muy personales. Pero sí hay un pensamiento que tengo sobre el tiempo que me gustaría compartir. Todos elegimos como usamos nuestros tiempos. Por ejemplo, el tiempo que te lleva llamar a un delivery, pedir una pizza y esperar a que llegue, es el mismo que te lleva cocinarte algo completamente saludable. O esperar el delivery de algo mejor. Y en esas pequeñas elecciones es donde se hacen las grandes diferencias.

–¿Puede hacer una proyección de cómo siguen las cosas?

–Es imposible proyectar porque estamos sujetos a infinidad de cambios y movimientos. Lo que sí veo en la generación de mis hijos es que hay mucha más conciencia sobre la mirada que tienen y el respeto por la naturaleza, los ciclos, los ritmos. No creo que se pueda esperar algo bueno de una sociedad que se alimenta de muerte. Y estoy viendo en la generación de Olivia que cada vez hay más niños, hijos de padres carnívoros, que se hacen vegetarianos, respetan la ciudad y no tiran papeles a la calle. Ellos son los que van a hacer el verdadero cambio. En este punto cito a Hipócrates, que fue el primer gran médico occidental conocido en la historia, que decía: “Que la comida sea tu alimento, y el alimento tu medicina.” La única manera de cambiar algo es empezar a cambiar la alimentación, y a partir de ahí se generan los demás cambios.

–¿Qué desea entonces?

–Deseo que tomemos conciencia de cómo son las cosas en realidad. Que seamos más respetuosos, más cuidadosos del medio ambiente y de nosotros mismos, que la avaricia deje de mover al mundo, y que tomemos una dirección más saludable. Ahora, como ya dije, tengo una visión desesperanzada sobre la condición humana. Por eso creo que como los cambios, las crisis y los desastres naturales van a ser cada vez más lapidarios, vamos a llegar a cambiar para bien… porque no nos va a quedar otra.

–¿Es más difícil ser vegetariano y sustentable hoy viviendo en la ciudad?

–No, hay muchísimos lugares donde se consigue de todo, mercados geniales, deliverys, restaurantes. Solo tenés que elegir, nada más.