En rol de padre separado transita una segunda soltería y sus confidencias ex matrimoniales repercuten en formato CD. Con miedo a la muerte y una postura “atea” que no lo convence, escupe on the record el replanteo filosofal de su existencia. Noble y algo místico.

El dilema de Noble pasa por el verbo “estar” y se ramifica en cada una de sus circunstancias: con quién, dónde, cómo, cuándo, cuánto, por qué y para qué.

Estar solo, habiendo pasado los 40. Estar instalado en un barrio cerrado de zona norte, habiendo sido un pibe del oeste. Estar soportando algunas críticas tras su show K cuando él no es del riñón de la Presidenta, aunque le caiga muy bien y aplauda buena parte de su política. Replanteos más, planteos menos, para él siempre son bienvenidos: “Peor sería no hacérselos”, cree.

Iván la tiene clara: a sus 43 reconoce que peca de descreído, que en general no le agradan los compromisos y que no es su estilo andar por la vida entregando cheques en blanco. A nadie. Hoy está. Mañana quién sabe.

 

–¿Hiciste terapia?

–Un año. Al principio me resistía. Tenía esa postura boluda de decir: “No creo en los psicólogos, tengo amigos y me gusta el vino” (risas). Y eso que mi hermana y mi vieja son psicólogas las dos, pero tenía esa mirada medio tonta. Seguro que los amigos y el tinto te dan cosas, pero difícilmente sea la mirada profunda que buscás en el análisis.

 

–¿Qué viste?

–Más allá del disparador con el que llegás, como puede ser una ex pareja, pude mirarme y trabajar algunas taras. Las que no pude cambiar, intenté asumirlas.

 

–¿Por ejemplo?

–La soledad. Me preocupaba no poder pasar más de 18 horas con la misma mujer. Y la terapia me hizo ver que quizá la soledad tiene mala prensa, que por ahí no poder formar pareja no es tan malo. También hice yoga, que me gustó mucho y me ayudó a reencontrar el equilibrio.

 

–¿Todo eso generó tu separación?

–También tuvieron que ver mis 40. Poco antes o algo después, el cambio de década te pega. En mí se hizo sentir bastante: después de los 40, todo deja de ser lo que era. Salís dos noches seguidas y la carrocería te hace sentir que anda averiada. Con el fútbol lo mismo, un contacto bobo te duele una semana. Juego, bah, jugaba para un equipo no sé por qué denominado “de actores”. Están desde Diego Torres y el baterista de Attaque 77 hasta Diego Peretti, pasando por algunos de los ex Casi Ángeles. El fútbol hermana gente que decís “¿qué hacen estos juntos?”. Está bueno.

 

–¿De qué jugás?

–De lo que puedo (risas). Arriba, juego arriba. Lunes y jueves. Ya pensé seriamente en organizar un partido homenaje. Qué estafa es la vejez. Le tengo asco. Asco y mucho miedo.

 

–¿Miedo?

–Por supuesto. Es a lo único que le tengo miedo. Y a su hermana mayor. ¿A quién le vas a tener miedo si no? ¿A la Afip? La peor tragedia de la vida es la muerte. Y envejecer es como el prólogo. A los 40 te desean que vivas otros 40 más. ¿Y eso qué quiere decir, que pasé Dolores? No, yo a los 80 voy a querer vivir 40 más seguro.

 

–¿Tenés religión?

–No, pero me dan ganas de tenerla. Cada vez más. Como dice el escritor británico Julian Barnes: “No creo en Dios, pero muchas veces lo echo de menos”. Me pasa eso. Lo pienso y me inclino por la filosofía atea, sin embargo recuerdo cada vez más seguido la fe cristiana y apostólica de mi abuela que iba a misa y se la pasaba horas rezando. Ella decía que le hacía muy bien, tenía un amparo. Los que no tenemos religión estamos muy solos de verdad. La angustia, el dolor, te deben acercar más a Dios. Quizá por eso también sea tan coherente mi resistencia. Prefiero no pasar la experiencia. ¿Pero ves?, tampoco descarto la religión.

 

–Otro replanteo.

–Bienvenido sea. Si estuviera viviendo y pensando como a los 23 sería un pelotudo. De hecho ya no soy tan rockero, en la música ahora le doy prioridad a las letras, que de tan melancólicas y nostálgicas suenan casi a tango. Como todo pibe del oeste curtí mucho barrio, pero si quiero que mi hijo de 6 años ande tranquilo y feliz en bicicleta como andaba yo a su edad, no me queda otra que transar y vivir en un barrio cerrado de zona norte como en el que vivo.

 

–Suena a culpa.

–La siento. Reconozco que soy bastante culposo. En general siento que no me merezco tanto las cosas buenas que me pasan. Y vivir cómodo es una de ellas. Aunque podés ser un imbécil viviendo en un monoblock y ser un tipo inteligente viviendo en La Horqueta, hay una mirada social de pequeño burgués que se siente. Yo mismo hace quince años creía que en los barrios cerrados vivían sólo los garcas o proyectos de garcas. Definitivamente la paternidad te cambia la cabeza. 

 

–¿Cómo es Benito?

–Un hermoso salvaje. Extraño mucho su época de bebé. Será que a la vez que ves crecer a tu hijo, por añadidura te ves envejecer a vos. Lo noto en todo: Benito es como era yo a su edad, no tiene filtro, conserva una mirada de las cosas muy asombrada, una mirada que uno ya va perdiendo. Hasta los 37 no quise saber nada de hijos, incluso eso me generó una pequeña discordia no bien me casé porque mi ex mujer tenía ganas de ser madre. Hoy hago apología de la paternidad: vuelvo loco a mi mejor amigo del alma por no ser padre todavía. 

 

–¿Formarías una nueva familia?

–Me lo pregunto, claro. No sé. Nunca, ni antes de casarme, creí en una pareja para toda la vida. Eso que mis viejos siguen juntos y vienen acá y almuerzan de la manito. No sé qué será de mí. Lo único que puedo decir hoy es que no me veo a los 50 años saliendo con pibas de 20. Bueno, igual, eso no suena nada mal (risas). No sé, creo que prefiero bancar al ángel de mi soledad antes que a un amor endemoniado.

 

–Al menos los desamores te inspiran.

–Cierto, tienen su lado productivo. Este quinto trabajo solista lo demuestra. Nunca antes había hablado tanto de mi vida íntima como en este disco (se refiere a El otro lado de los ángeles, CD que produjo el músico de jazz Mariano Otero, marido de Florencia Peña, y en el que Fito Páez participa del tema “Parte por parte”).

 

–Le pegás a tu ex, Julieta Ortega, y a una buena parte de su familia.

–No fue mi intención pegarle a nadie, aclaro. Si lo hice, pido disculpas. Y como dicen las películas: “Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia”. Para mí fue muy terapéutico y placentero cuando lo terminé, hice mi ritual descorchando un tinto para festejar. Es más, si me seguís preguntando no te voy a poder contar demasiado porque cuando termino un disco no vuelvo a oírlo nunca más. Es tan fastidioso el tema de la grabación, que en el proceso llegás a escucharlo veinte veces por día. Hay un momento en que tenés que soltarlo, sino no ves la luz. Yo ya lo solté.

 

–Sos muy autoexigente.

–Sí, soy muy cruel conmigo. Pienso en los colegas. Pienso en los discos que me gustan y pongo cuando llego a mi casa y siempre esa comparación es impiadosa. Si vengo de escuchar a Stevie Wonder o a Paul McCartney y atrás mando un disco mío, me dan ganas de abrir una carnicería. Me pregunto para qué estoy haciendo esto si nunca voy a poder arrimarle el bochín. Lo mío no es arte ni vocación, es cien por ciento actitud, desfachatez. Si estudiaba Sociología cuando surgieron Los Caballeros de la Quema… Yo apenas me considero un escritor de música.

 

–¿Y qué música escuchás?

–Mucho y variado. El mejor testimonio es mi equipo, ¡vamos a ver qué hay! Iván Noble camina hasta el living y abre la compactera de cinco CD: Maria Bethânia, Elis Regina & Tom Jobim, Elton John, Sinatra y Spinetta. Pone play para enganchar uno al azar. Cae en “Aguas de Março”. Noble se sienta, agarra la guitarra y rasguea en ritmo. É pau, é pedra, é o fim do caminho (Es palo, es piedra, es el final del camino) É um resto de toco, é um pouco sozinho (es un resto de tronco, está un poco solito) É um caco de vidro, é a vida, é o sol (Es un pedazo de vidrio, es la vida, es el sol) É a noite, é a morte, é um laço, é o anzol (es la noche, es la muerte, es un lazo, es el anzuelo) É peroba do campo, é o nó da madeira (Es caoba del campo, es el nudo de la madera.) Ahí está Iván Noble: donde y como quiere. Ahí queda.