El yoga busca el equilibrio del cuerpo, pero también el de la mente, por eso es una práctica que conquista a las celebrities, gente que vive siempre bajo enorme presión.

Muchos de nosotros pensamos en el yoga como un conjunto de ejercicios para mejorar nuestra forma física. Unos desean mantener un cuerpo flexible. Otros, resolver dolores de espalda, tensiones musculares o jaquecas sistemáticas. A veces también lo asociamos con una práctica ocasional de meditación con efectos tranquilizantes. Pero todo esto es apenas una pequeña parte del todo. El yoga es una disciplina que tiene como objetivo alcanzar algo más que el bienestar individual físico: se orienta de forma integral al equilibrio mental y espiritual y a las relaciones armoniosas y pacíficas entre las personas. En la antigüedad el yoga era una práctica espiritual accesible sólo para algunos. Siempre estuvo rodeada de magia y exotismo, y relacionada con la fantasía de que para practicarlo había que entregarse a la vida ascética.

Hace miles de años los rishis, o sabios de la India, alumbraron los sistemas del yoga para aportarnos un estado de armonía, paz y unión con lo divino.

Su práctica estimula el crecimiento de la espiritualidad innata y trabaja para su mejoría moral, mental y física. Su fundamento descansa en los principios del vedanta, sistema filosófico de la India que enseña que cada alma es potencialmente divina y que los verdaderos poderes de los hombres son espirituales. La filosofía vedanta declara que toda la humanidad, y toda existencia, son una, y acepta cualquier fe como medio válido de realizar la verdad, de ahí su universalidad y la facilidad con la que se ha incorporado a la vida cotidiana en todo el planeta. En este sentido, el yoga va más allá de ser un mero trabajo físico con el que mejorar nuestra salud, pues considera al cuerpo como un vehículo del alma y enseña que el cuerpo físico individual debe mantenerse en buenas condiciones para que el alma individual pueda alcanzar el objetivo de la vida, es decir, la realización del ser.

Se busca alinear el cuerpo, para poder aquietar los pensamientos y lograr la tan anhelada integración cuerpo-mente-espíritu. Ayuda a estas mentes tan convulsionadas, y a estos cuerpos tan estresados de hoy en día, a abandonar las distracciones y disolver las tensiones. Este trabajo físico produce a la vez sudor, que favorece la limpieza y la depuración de toxinas. Las asanas, o posturas, son los ejercicios a través de los cuales el practicante hace de su cuerpo un instrumento para transitar el camino del crecimiento personal. Las asanas vitalizan, fortalecen y preparan la estructura biológica para un despertar más profundo. Es a través de la práctica que buscamos la inteligencia y la conciencia escondidas en el cuerpo, punto de partida para poder encontrar nuestra propia esencia. El objetivo de lograr un cuerpo sano es incrementar la capacidad para obtener un alto grado de observación, concentración, conexión, estabilidad, calma, etcétera.

A través de las asanas mejora el funcionamiento de los distintos sistemas anatómicos que componen el cuerpo, de prácticas de respiración consciente (pranayama), del aprendizaje de una relajación adecuada, de la simplificación de la dieta, transformamos nuestro ser, positivizando nuestros pensamientos y hábitos vitales. La integración de los mencionados elementos nos conduce, por el control de los sentidos, a la mejora de la concentración, nos acerca a la meditación que nos aporta silencio profundo, fortaleza espiritual y nos ayuda a desarrollar la paz interior.