Se ponen la armadura del stormtrooper, se peinan con los bucles alrededor de las orejas como la princesa Leia y cargan sus espadas luminosas para ir a la fiesta de las fiestas , la de los fanáticos de Star Wars . Manías y secretos de los fans más divertidos de la galaxia.

Son gente grande. Hay ingenieros, profesores universitarios, padres de familia. Pero pierden la chaveta por los personajes de La guerra de las galaxias. El fanatismo los lleva a ponerse trajes y máscaras hasta el límite de la asfixia, o a casarse vestidos como los héroes de la saga. Están nucleados en dos organizaciones madre y separados en buenos y malos. Sin embargo, cuando se presentan en público, no se matan a sablazos láser, sino que pelean juntos y recaudan dinero para caridad. La Fuerza los acompaña.

A nivel mundial existen dos clubes de fans de Star Wars reconocidos por George Lucas, el creador de la serie de películas, y su compañía Lucasfilm Ltd. Son la 501st Legion, que agrupa a los que gustan disfrazarse como los personajes del Imperio (el Lado Oscuro), con Darth Vader a la cabeza, y la Rebel Legion, donde se dan cita los que prefieren caracterizarse como Obi-Wan Kenobi, Han Solo o Leia, entre otros caballeros jedi, princesas, pilotos y más gente sensible.

Las dos organizaciones tienen filiales en la Argentina. Pero, como casi todos los bondis, este empezó su recorrido en los Estados Unidos. Más precisamente, en Carolina del Sur. En 1997, a un señor llamado Albin Johnson se le dio por fabricar un traje de stormtrooper (soldado de asalto con armadura blanca) con piezas de plástico termomoldeado. Fue así vestido al cine para ver la versión remasterizada de Star Wars y causó un revuelo.

Meses después, ya eran varios los que tenían el disfraz, y el club se amplió con todo el universo de malvados. El nombre 501st Legion fue un invento de Johnson, ya que no pertenecía a la saga, pero Lucas terminó incorporándolo, como un guiño para entendidos, en The Clone Wars y en Episodio III.

La Rebel Legion, por su parte, nació en 1999 como una reacción a la 501st, bajo el liderazgo de un tal Tony Troxell.

 A través de sus páginas web, ambos clubes fijan las pautas para realizar trajes completos y de calidad profesional que emulen a los de la pantalla.

De hecho, para asociarse, primero hay que ser propietario de un traje, someterlo a la evaluación de la entidad correspondiente y pasar la prueba.

Acaso porque empezó primero, o porque el mal seduce, el Lado Oscuro lleva la delantera en el reclutamiento. La 501st Legion cuenta en todo el mundo con 5.471 integrantes con un total de 8.833 trajes aprobados. En la Argentina posee 27 miembros.

En tanto, la Rebel Legion tiene más de 2.000 afiliados en el plano internacional. En el país son 19 personas aglutinadas en la Base Cruz del Sur.

Los socios locales de la 501st y de la Rebel Legion participan, a su vez, de Star Fans Argentina, que –con unos 500 inscriptos– es el punto de encuentro para todas las comunidades de seguidores.

En Star Fans se congregan, además, los fanáticos inorgánicos y otras agrupaciones o sitios de internet como The Force, Star Wars Fan Club Argentina, Renegados de la Fuerza, Game Chamber, Fuerza Imperial y Mandalorian Mercs.

Algunos, para complicar más las cosas, pertenecen a dos o tres entidades. Como se ve, el entramado de asociaciones posee tantos personajes y giros como la saga en sí misma.

Paulo Masiero tiene 35 años, vive en la localidad bonaerense de San Martín, es gerente en una multinacional y Commanding Officer (jefe máximo) de la Garrison (Guarnición) Argentina de la 501st Legion. Recuerda perfectamente el momento en que quedó prendado por La guerra de las galaxias y sus derivados. “Fue en 1981, en mi cumpleaños de 5. Mi viejo alquiló la peli en súper 8 y la pasó en la fiesta. Sentí asombro y nunca dejé de sentirlo”, dice. Tanta admiración le sirve para soportar la tortura que implica usar el traje de stormtrooper. Es una sarna con gusto, pero igual pica. “El casco te ahoga, es asfixiante. La pasás m a l . Se sufre. Muchos chicos les instalan adentro ventiladores de computación con baterías de 9 volts. Al menos respirás un poco y no se te empañan los acrílicos de los ojos”, explica Paulo.

Del cuello para abajo debe usar ropa negra de algodón o lycra adherida al cuerpo. Él lo resuelve con una camiseta de manga larga y una “calza de vieja culona que hice adaptar”. Encima van las placas blancas de la armadura, que son de plástico o de fibra de vidrio y se agarran entre sí con velcros y elásticos.

Con un asistente, un stormtrooper canchero tarda 15 minutos en disfrazarse. Después tiene que tomarse un respiro cada 20, porque de lo contrario, sostiene Paulo, “ve lucecitas de colores por la falta de aire y eso indica que está a punto de desmayarse”.

¿Por qué las armaduras brillan tanto? Porque tienen pintura bicapa, como los coches. Aparte, las limpian con Blem y, cuando aparece algún rayón, les pasan autopolish, igual que a un Torino de colección. Hay un motivo para cuidarlas tanto, y es que el traje tiene un costo mínimo de 600 dólares.

Paulo está armando otros tres trajes: un clon, un Darth Vader y un snowtrooper. Su hijo, Brian, de 7 años, va a las convenciones de ciencia ficción disfrazado como el Capitán Rex. La esposa y madre, una santa, acompaña y saca fotos.

Los fanáticos no pueden lucrar con el vestuario. Sin embargo, es normal que los llamen para eventos de firmas como Adidas o Disney. En ese caso, Lucasfilm les permite que cobren los gastos de traslado y, además, las agrupaciones solicitan que se hagan donaciones en su nombre.

“Generalmente estoy encargado de mediar para conseguir las donaciones, que van a El Jagüel de María, un hogar de niños en riesgo de Pilar. Veo qué necesitan y me aseguro de que el aporte llegue”, dice Gabriel Olivera, un ingeniero de 33 años que usa el pelo largo como Qui-Gon, el caballero jedi que suele interpretar. Pertenece a Star Fans desde 2009 y a la Rebel Legion desde mediados de 2011.

Christian Tovar, de 39, docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de La Plata, acota: “También tuvimos presencia en un festival organizado por la Asociación Leucemia Mieloide Argentina (Alma), fuimos una de las atracciones del encuentro, y colaboramos con otras entidades y hospitales”. Como oficial ejecutivo de la Rebel Legion, Christian viste igualmente de jedi y comparte el fanatismo con su novia.

Pero si de unir amor y fantasía galáctica se trata, nadie les gana a Diego Arévalo, de 34 años, ingeniero de Sistemas Informáticos de Quilmes, y a su esposa, Rebeca. La de ellos fue una boda temática y se llamó Episodio X. Diego, miembro fundador de Star Fans y Commanding Officer de la Rebel Legion de la Argentina, se vistió como Obi-Wan Kenobi, y su mujer, como la reina Amidala de Naboo.

Salieron de la iglesia en medio de una escolta que cruzó sus sables de luz en lo alto, y luego subieron a un carruaje. En el salón estaba Darth Vader. A la hora del carnaval carioca, los trajes se desvirtuaron un poco porque Diego terminó con un turbante en la cabeza, y Rebeca, con un casquete de plumas onda reina de la comparsa, según se ve en internet.

Estar en el lado luminoso de la Fuerza tiene una ventaja económica. Algunos delos trajes son más baratos. El vestuario de jedi genérico arranca en 500 pesos, aunque puede escalar hasta 3.000, según el nivel de detalle, sostiene Diego.

–¿Podría resumir la filosofía de Star Wars?

–Es como pedirme que resuma la Biblia –contesta–. Para mí es como una religión. La enseñanza sería: vivir y dejar vivir, ser buena persona y ayudar a los que lo necesitan. Hacia el final, es inevitable preguntar por un caso reciente en Manchester, Inglaterra, donde un hombre mató a su novia porque le tiró la colección de muñecos de Star Wars. Los aficionados locales coinciden:“El detonante podría haber sido otro. Es un hecho muy lamentable protagonizado por un pobre loco. El fanatismo por Star Wars no lleva a matar. Evidentemente, ese muchacho estaba mal de antes”. Palabras y acciones de gente grande, con los pies sobre la Tierra, aunque el corazón y la mente vuelen a una galaxia muy, muy lejana.