De una sensibilidad perceptible a simple vista, esta actriz no suelta el histrionismo delante de la cámara, y se propone como un ser que busca siempre aprender.

 

Cuando hablamos de espiritualidad, generalmente llegamos a los mismos conceptos desde diferentes abordajes. Hoy es algo tan palpable que lo percibimos en el aire, y lo encontramos en la superficie de la mayoría de las personas con las que nos cruzamos.

 

Natalia Lobo es un claro ejemplo de ello. La naturalidad de vivir en la espiritualidad sin necesidad de salir de la realidad. Toma la vida como un juego de aprendizaje y lo traduce en todo lo que hace.

 

–Modelo, actriz, cantante. ¿Cuál es su expresión artística favorita?

–Cuando era chica creía que era cantar, pero con el correr del tiempo descubrí que actuar me apasiona. De hecho la combinación de las artes es lo que me resulta más interesante.

 

–¿Hoy elige qué hace y qué no?

–Llegué al punto de elegir y quiero poder seguir haciéndolo porque es la forma en la que siento que puedo seguir creciendo. La diversidad me enriquece. Ahora quiero desafíos, encontrar personajes a los que les pasen cosas. No quiero caer en los formatos chatos “que funcionan”.

 

–Pareciera que es algo que sucede en el mundo: encuentran un formato que funciona y siguen por ese camino repitiéndolo constantemente.

–Exacto. Yo busco todo lo contrario y por eso me alegra poder estar en el punto de mi carrera de poder elegir. Este juego me encanta. Yo le pongo el corazón a todo lo que hago, le pongo todo mi ser. Nada de lo que hago es superficial para mí, desde unas fotos hasta un personaje complejo. Es lo mismo. 

 

–La rotularon como hot, cara bonita, actriz comprometida, persona relajada… ¿Son facetas suyas o fueron momentos?

–Fueron etapas que aparecieron públicamente y que yo tomé como un juego. Porque  no me cuesta nada poner cara de trola y aparecer desnuda. Lo que me afectó es que hubo un momento en que eso era lo único que se tenía en cuenta y para mí era solo un juego, como te dije. Entonces sentía que no estaba siendo honesta, que tenía mucho más para dar. Nunca fui una bomba sexual. Sé que me sale fácil, pero no soy yo, es un personaje. Con mucho trabajo pude ir desarrollando y mostrando otras facetas artísticas. Pero no reniego de esa parte porque me sigue divirtiendo. 

 

–¿Cómo se lleva con los rótulos o las formas de encasillar?

–Es tremendo, pero es mucho más fácil encasillar que no hacerlo. Da la sensación de orden y los seres humanos se manejan mejor cuando creen que están ordenados. Pareciera que eso le quita vértigo a la vida. Todos en algún punto encasillamos. Yo trabajo persistentemente para no hacerlo porque la vida es cambio constante, y si algo permanece estable quiere decir que no evoluciona.

 

–¿Hasta dónde la afecta la mirada de los otros?

–Afecta. Trabajo para que cada vez sea menos y no me condicione. A la vez, por ser actriz, la mirada de los otros es importantísima. Sin la aceptación del otro me quedo sin laburo. Tengo que encontrar el equilibrio; ese es mi “juego” hoy. Dar todo de mí para conectar con la gente en cada uno de mis trabajos, intentando que eso no me desgaste.

 

–¿En qué sentido desgaste?

En todos. No es solo arriba del escenario o delante de una cámara. Es en el contacto cotidiano con los demás. Noto que cada vez hay más gente que no registra a quién tiene adelante, que parece no importarle si dijo algo que lo hirió o que le cagó el día con su mala onda. Hay mucho egocentrismo y eso me resulta agotador. Por eso, te confieso que mi vida hoy es de casa al trabajo y del trabajo a casa. Necesito volver a mi espacio y limpiar la energía que no me pertenece.

 

–¿Cree que en la vida es prueba y error?

–Claro que sí. Todos vinimos acá a aprender, y a todos nos costó y nos cuesta. Pasamos por diferentes pruebas, y en cada uno está trascenderlas o no. 

 

–¿Cómo se describiría?

–Soy la hija de una mujer muy mágica, y un artista exiliado que vive en España. Soy el fruto de un gran amor, con una infancia muy difícil, y eso me hizo ser una persona muy atenta a todo lo que pasaba dentro y fuera de mí. No concibo la vida sin espiritualidad, y busco siempre aprender, crecer, animarme, soltar los miedos. Me gusta pensar que soy una buscadora de la evolución y de la verdad. Esa es la intención.

 

–¿Cuáles son sus prioridades en la vida?

–Durante muchos años fueron: mujer y profesional. Desde que nació mi hijo todo cambió porque conocí el verdadero amor.

 

–¿Y qué parte tiene la espiritualidad en todo esto?

–Como te dije antes, eso es lo que soy. Está tan dentro de mí que no lo concibo como algo a tener en “la lista” de prioridades, simplemente está.

 

–Si pudiera elegir un momento, ¿cuál sería?

–El presente.

 

–¿Y un lugar en el mundo?

–Cualquier lugar donde haya un árbol.

 

–¿Alguna creencia que la haga sentir centrada?

–Conecto todos los días con la tierra, con el cielo, con mi cuerpo y con la divinidad. A veces no puedo, pero esos días también son reales.

 

–¿Qué ama?

–La naturaleza. ¡La amo con locura!

 

–¿Qué odia? ¿Hay algo que odie?

–El miedo. Quedarme atrapada en el miedo y no poder salir.

 

–Los que saben dicen que ese es nuestro trabajo hoy, trascender los miedos. 

–¡Claro, es así! Por eso a lo único que le tengo miedo es al miedo.

 

–¿A qué le tiene miedo?

–(Risas… y largas) A no poder con el miedo, porque miedo tenemos siempre. Es químico, es algo que pasa por el cuerpo. Lo que uno tiene que hacer es ver cómo transmutarlo y trascenderlo. Aprender a entregar es una de las formas más accesibles para pararse frente al miedo. Y te puedo decir que el escenario es un gran maestro en este sentido, porque te demanda esa entrega. 

 

–La entrega no es fácil.

–Claro que no. La entrega es soltar todo. El cuerpo sabe lo que tiene que hacer, porque ya lo hizo mil veces. Fijate que en la vida cuando uno tiene que hacer algo, si entrega y no piensa, seguro sale bien. Porque el conocimiento está. Ahora, cuando le ponés la cabeza, lo más probable es que pifies porque en la mente residen todos los miedos. 

 

–¿La famosa lucha entre el Ego y el Ser?

–Definitivamente. Hay que moverse hacia el Ser; el Ego mete la cola constantemente, y así es como se genera “la lucha”. Si observamos, todos tenemos patrones de conducta que se repiten y que son Ego. Entonces, si ya sabés que estás actuando según su patrón, el mundo creado por la mente desaparece. Uno tiende a no darse cuenta de que el personaje aprendido se apodera de uno mismo. Pero en el momento de tomar conciencia y de separarse de ese personaje, inevitablemente desaparece y se lleva consigo todos sus miedos y no hay más lucha.

 

–¿Cuál es el valor más importante en una persona?

–La nobleza y la bondad ante todo.

 

–¿Cómo encauza su espiritualidad?

–Yo nací en un medio en el que la espiritualidad era algo absolutamente cotidiano. Mi abuela era curandera, mi madre es mágica… entonces para mí la espiritualidad es algo que está tan dentro de mí, te diría que lo que me costó aprender a mí fue lo concreto. 

 

–De ahí se entiende claramente que esté en pareja con un hombre muy espiritual.

–Sí. Yo no puedo estar con alguien que no hable mi idioma. No puedo vivir fuera de la magia ni en las conversaciones banales. Si no interviene la magia en mi vida, no me resulta interesante. Lo puedo sostener un poco, pero no me quedo.

 

–¿Y el yoga?

–Y, casada con Pirillo imaginate. Ahora, te digo que él es muy concreto. Ahora lo acaban de nombrar el único profesor de Ashtanga habilitado en la Argentina. Pablo es una persona muy consciente y anclada en la realidad. Porque no se puede trabajar con este tipo de yoga siendo un colgado. El Ashtanga es muy fuerte y demanda mucho compromiso físico. Por eso para enseñarlo tenés que estar bien anclado. Lo que te da el yoga es mucha flexibilidad en el cuerpo, y eso hace que puedas trasladarlo a otros aspectos muy fácilmente.

 

–¿Qué cree que pasa en 2012?

–Nada, sólo se cumple un ciclo en nuestro sistema. Hay una vuelta de la Tierra en el espacio que tarda 26 mil años en producirse. Pero no es tan dramático como quieren hacernos creer.

 

–¿Qué pasa con el nuevo ciclo?

–Ni idea, pero tampoco deberíamos estar preguntándonos eso. Es ridículo pensar que todo va a permanecer estático. Si estamos flotando en una pelota en el medio del espacio, ¿cómo se supone que no haya movimiento?.