En Oriente la felicidad se concibe como una cualidad producto de un estado de armonía interna que se manifiesta como un sentimiento de bienestar que perdura en el tiempo, y no como un estado de ánimo de origen pasajero, como generalmente se la define en Occidente.

La pregunta sobre la felicidad es esencial en el surgimiento de la ética en Grecia. Los filósofos encontraron respuestas muy diferentes, lo cual demuestra que, como decía Aristóteles, todos estamos de acuerdo en que queremos ser felices, pero en cuanto intentamos aclarar cómo podemos serlo empiezan las discrepancias.

 

La Kabalah es, de acuerdo con sus seguidores, el manual de instrucciones del juego de la vida. En la esencia semántica de la palabra lekabbel (recibir) está también la esencia espiritual del ser humano como deseo (de recibir). El ADN espiritual de las personas es el deseo.

Tomemos el ejemplo de los hermanos gemelos, que son genéticamente idénticos y sin embargo los distingue el deseo, lo que cada uno quiere. Toda acción humana está alimentada por algún tipo de deseo, consciente o inconsciente. Estamos siempre buscando recibir algo. La Kabalah explica cómo funciona el sistema mediante el cual recibimos aquello que buscamos. Cómo se manifiesta en nuestras vidas desde lo metafísico hasta lo físico: en pocas palabras, podríamos decir que es el manual de las leyes espirituales de causa y efecto.

Todos los grandes seres, dice Claudio María Domínguez, dicen “cada vez más tú, cada vez menos yo”. Por tú, agrega, entendemos esa gracia superior que hace que la creación surja y se expanda, y por yo, el mero ego, limitado, identificado con un cuerpo, lleno de deseos, expectativas, juicios y recuerdos, que hace que nuestra vida sea chata y epidérmica, necesitada de afecto, por la incapacidad de ver que todo aquello que reclamamos ya es nuestro, estuvo siempre en nuestro interior y es la sustancia y esencia de lo que somos.

La respiración tiene una conexión muy fuerte con las emociones y con nuestra mente, asegura Juan Mora y Araujo, de El Arte de Vivir.

Cada emoción tiene un ritmo de respiración que la caracteriza.

Entonces, si aprendemos cuál es el ritmo de respiración correspondiente al estado de felicidad, podemos activarlo respirando. Buscamos que la mente se identifique con la quietud, con la paz y con la armonía a través de la respiración.

Hasta aquí, los distintos caminos para encontrar el estado ideal.

La edición de El Planeta Urbano de diciembre pretende lograr un acercamiento hacia el universo interior, ese lugar tan olvidado o tapado por el ego. Nada mejor que ser mejor. Y para eso hay que pensar en el otro.