Es la mala que todos adoran. La que se sabe inocente y a la vez despierta las fantasías mas escandalosas. La chica del momento trae raices autoctonas y las dispara en todo su arte: una serpiente de dos cabezas, simbolo inca del yin y el yang.

Le pregunto, pero no responde. Pide que apague el grabador. Entonces dice que tiene algo para contarme a cambio de que yo no “ponga” nada. Y mira ansiosa, como esperando una promesa de silencio que no sé si voy a cumplir. Igual se anima. Igual la escucho. Entre todo lo que suelta me habla de “la energía positiva”, de que “el bien atrae el bien y el mal al mal” y que prefiere “pecar de confiada antes que andar por la vida con tanta reserva”.

Y mientras me charla siento las pocas ganas que tengo de lidiar con el rollo de la ética profesional. Pienso en disfrutar su inocencia sin tanta vuelta. Frente al Word, ya veré qué hago.

 

Una hora antes Calu Rivero dominaba la escena. Se había entregado por completo a la propuesta lúdica de dibujar su mensaje 2012 junto al pintor Julio Lavallén, un grosso en el manejo de la improvisación en lienzo, experto en simbología, desnudos y retratos. Inspirada en sus raíces catamarqueñas, tomó de un libro de arte autóctono su disparador energético: una serpiente de dos cabezas, el símbolo inca más parecido al yin y el yang, la representación de lo bueno y lo malo, el Cielo y el Infierno, la vida y la muerte. Jugó también con palabras que Julio hizo trepar en un zigzag desde sus dedos hasta sus párpados: rancho, criolla, barro, chinita, hamaca, madre eterna. Después, con la obra acabada, perdió la ingenuidad que le quedaba frente a la cámara.

Jamás la había visto antes. Cuando pregunté en una mesa de íntimos quién era para ellos la chica del momento con mejor “vibra” (leer: buena onda, joven, linda, sexy, con cartel o pantalla y un futuro que prometa), tres de cuatro coincidieron: Calu.

 

El trío Poncho da prueba de eso: los chicos la llamaron para que les protagonizara el video de “Please me”, un tema que tiene más de dos años, y que con más de 600 mil reproducciones en Youtube se convirtió en el hit del verano.

En internet, la información es básica pero efectiva. Lo primero que tira Google es su web oficial (www.calurivero.com), en segundo lugar están sus imágenes y en tercero aparece su biografía de Wikipedia. La enciclopedia libre la presenta: se llama Carla María Soledad Rivero, nació el 5 de abril de 1987 en la ciudad Recreo, de Catamarca, a los 6 años se mudó con su familia a Córdoba Capital, a los 19 se instaló sola en Buenos Aires para estudiar actuación, su primer trabajo fue en Son de Fierro, despertó su rol de villana en Patito feo y lo repitió hasta llegar a El elegido, la novela éxito que protagonizaron Echarri, Krum y Bredice.

Lo que no figura, lo cuenta ella misma por Facebook o Twitter: se hizo su quinto tatoo que dice “músicaporfavor”, le divierte ser una DJ ocasional, se cortó el pelo en Roho para la nueva novela, posó para la última campaña de Getien.

El resto se pregunta bajo grabador.

Empieza hablando de lo que más le interesa: Dulce amor, la novela que irá a las 14 por Telefé: “Es genial el elenco, trabajar con gente tan grossa, como Sebastián Estevanez, Carina Zampini, Juan Darthés, Laura Novoa, María Valenzuela…”. 

 

–¿Otra vez vas a hacer de mala?

–Ojalá. Porque me encanta. Siempre garpa más la mala. La mala se divierte, lleva el ritmo de la escena, quiebra la trama. Pero mi personaje de ahora cuenta otra historia: la de tres hermanas, yo soy Natacha Bandi, una de ellas, la del medio, que al morir su padre deben hacerse cargo de la fábrica de golosinas que está a punto de quebrar. Soy rebelde, algo mentirosa y muy egocéntrica por haber sido la imagen de la marca. Lo interesante en mi trama es que llega a la casa un chofer que nos va a cambiar la vida, que es Darthés, y me enamoro de él. Un problemón porque él es mucho más grande que yo y tiene un nene de 8 años con el que mi personaje crea un vínculo muy lindo, muy especial…

 

–Una relación que se asemeja a tu vida.

–Sí. Yo creé un vínculo muy lindo con André, el hijo de Emma (se refiere al músico Emmanuel Horvilleur, ex de Celeste Cid). Incluso tomé el papel pensando en él. Dije sí, yo sé, yo puedo hacer esto. ¿Sabés en realidad cuál es el gran desafío de esto?

 

–No, contame.

–El público. Aunque en Patito feo hacía de villana, los chicos que me veían por la calle me adoraban: era alucinante porque los niños son muy fans, no lo pueden disimular, es muy lindo. En Casi ángeles llegué a los más adolescentes. Y con Alguien que me quiera y con El elegido toqué a los más grandes. Ahora con la novela de la tarde ¡llego a las abuelas!, a las mujeres más grandes que no ven escenas fuertes, que no quieren malas palabras. Me encanta. Me encanta experimentar esa dualidad.

 

–¿Por eso la serpiente de dos cabezas?

–Sí, creo que la vida siempre te muestra el doblez y está bueno conocer las dos caras. En todo. Y te hablo desde algo más frívolo, como puede ser la moda, que adoro el diseño de indumentaria, hasta un trabajo solidario. Yo cuando puedo me sumo en ayudar. Es algo que necesito, que me hace bien. Arranqué cuando iba al colegio en Córdoba: los fines de semana colaboraba en estimulación temprana a niños de cero a cinco años. Después me comprometí con Tom’s Shoes, la fábrica que regala un par de alpargatas por cada par vendido. ¿Sabés qué hice con ellos? Experimentar el estar descalza un día entero, van dos años ya que lo hago y es impresionante porque vivís lo que viven estos chicos que no tienen ni qué ponerse en los pies: el pisar un charco, el frío, la mirada de la gente que pasa por la calle. Es muy fuerte.

 

–¿A vos cuánto te importa el qué dirán?

–No demasiado. Mi mamá me enseñó que si no te la creés vos, no se la cree nadie. Y eso me hizo perder la inseguridad en muchas cosas. Gracias a eso conseguí mi primer trabajo. Me presenté a un casting y me preguntaron sorprendidos si no tenía un video para mostrar lo que hacía, y directamente les dije: “¿Para qué? Yo soy muy buena como actriz, ¿querés que te lo demuestre?”. Improvisé y quedé en Patito feo. Quizá esta cosa de ser de pueblo me hace un poco inimputable: yo trato a todos de igual a igual, como era en Catamarca, en Córdoba, es acá. Nunca me deslumbraron los títulos, la plata o la fama. 

 

–¿Y qué te desvela?

–Seguir manejando mi carrera como hasta ahora. Tener coherencia a la hora de elegir las marcas con las que me vinculo más allá de lo comercial. Los desafíos, el crecimiento. Y te doy un ejemplo: Nike me ofreció correr en su maratón de 21 kilómetros, me preparé, fui a San Francisco, llegué y ahora me nombraron “Embajadora de running”, eso está buenísimo porque uno no lo busca pero nace a raíz de algo piola. Siempre fui muy activa, pero antes de eso no pasaba de la vuelta en bicicleta. Ahora corro tres veces a la semana y empecé con natación también. Me cambió muchísimo el cuerpo para mejor, estoy supermarcada, contenta conmigo.

 

–¿Al fin alguien sin complejos?

–La verdad que no. No tengo una cara perfecta, ni buenas lolas, ni nací rubia de ojos celestes, pero me acepto como soy. Incluso, sé sacarles provecho a mis imperfecciones, no me pesan para nada. Aspiro a una belleza natural, a tener una vida saludable. Preservar la belleza desde el cambio de hábito y costumbres. Norman Briski, que fue mi profesor de teatro, una vez me dijo: “Hay que hacerse cargo de lo que uno genera” y me di cuenta de que tenía razón. Yo me hago muy cargo de la energía que provoco. Sé cuando transmito sensualidad, desinterés o lo que sea.

 

–¿Y cómo está tu energía?

–Hoy estoy muy en armonía con todo lo que me rodea. La ley de la atracción es muy fuerte en mí. Creo en el Universo en que te llega lo que pedís, en que si traés mala onda te viene mala onda, en que si das recibís más. Juego mucho con eso, está buenísimo. Por ahí tengo que estacionar y me mentalizo: “Voy a encontrar, voy a encontrar…”, y a la cuadra encuentro un lugar (risas). La energía de Calu se adueña de eso y de mucho más. Hasta de un silencio que ni fue prometido.