Sofisticación y belleza de altura. El primero de los hoteles creados por la sociedad entre el diseñador y Mohamed Alabbar domina Dubai desde el cielo.

El exquisito estilo de Armani fue plasmado en este hotel ubicado en el Burj Al Khalifa, que hoy es el edificio más alto del mundo.Tiene dos veces la altura del Empire State Building, y todas las excentricidades del caso. El hotel ocupa 40 mil metros cuadrados.

No cuenta con front desk. En su lugar, un lifestyle manager es el encargado de recibir a los pasajeros en una sala que simula una pasarela en colores negros y grises, sin arte alguno que distraiga la mirada del estilo Armani.

Las 160 suites están diseñadas con la textura y las formas de su creador: cueros en colores neutros, paneles de madera oscura cebrada y las más refinadas texturas para los pisos crean ambientes formales pero con un toque de estilo completamente despreocupado. Escritorios de metal con sillas rojas simulando un río de piedras son los únicos toques de color en los espacios.

La paleta monocromática domina todos los ambientes, incluidos los ocho restaurantes. Sólo en el Hashi Suhi Bar, el rojo de Ferrari le da un golpe de color extremo al gris dominante. 

La discoteca Privé es el único lugar donde se rompe la estética casi minimalista, con un LCD gigante que pasa imágenes abstractas a modo de arte en movimiento. Todos los elementos convergen para que el pasajero se sienta en su propio mundo Armani.

El hotel de Dubai es el primero de una serie de siete hoteles de lujo y spas, destinados a abrirse en los próximos diez años, junto a Mohamed Alabbar.

Con una inversión de más de un billón de dólares, esta sociedad tiene a Milán, Londres y Nueva York como las próximas ciudades en su agenda.

Cuando el lujo no es vulgaridad, y el estilo predomina sobre los excesos, estos acuerdos comerciales llevan a las grandes marcas que dominan el mundo de la moda a trasladarse a terrenos tan sólidos como un edifico. Y en este caso a llenar de Armani un hotel, o siete.