¿Puede la conciencia colectiva recibir senales del futuro y predecir eventos de importancia global? Nada sucede sin que lo hallamos creado antes en nuestras mentes.

El temor al fin fue siempre el motor de los miedos de todo hombre que se sabe mortal. El ego traiciona al hombre, que viaja a un destino predeterminado que concluye en la muerte. ¿Pero que hay detrás del miedo a la muerte colectiva de la especie? ¿Es posible que nosotros estemos creando, inconscientemente, el destino final 2012? Si concedemos que esto es así, es posible que la precipitación hacia una fecha final (sea por los 13 baktun del calendario maya, el cambio climático, las tormentas solares, la inversión de los polos magnéticos o cualquier otra teoría disparadora del proceso profético que dice que este ciclo planetario está llegando a su fin) sea parte de una poderosa herramienta mental que el ser humano utiliza inconscientemente por desconocimiento de su potencial cuántico. Para la ciencia moderna no es descabellado pensar que exista una energía del fin del tiempo, algo así como un plan divino que magnetiza los eones hacia su conclusión (salto cuántico evolutivo, Punto Omega, extraño atractor o como se le quiera llamar) que inmanentiza el Escatón (el fin de los tiempos).

Nuestra física actual comienza a evaluar al Universo como un gigantesco campo de energía consciente que teje un plan, divino y perfecto, en el que nada sucede al azar. Como si fuera un organismo vivo que llama a sus partes constituyentes a través de un complejo sistema de filamentos cuánticos para prepararlo para un nuevo y superior estado de evolución de sí mismo. Tal vez algunos profetas hayan sido capaces de percibir y navegar en esta matriz de conciencia universal y podido visualizar en ella el alfabeto del lenguaje que construye lo creado. San Juan en las Revelaciones, Nostradamus, Solari Parravicini, los mayas y otros tantos han dejado evidencia profética de sus conexiones con una matriz de información que va registrando con base en nuestro recorrido pasado y presente lo que nos depara el futuro. Ese futuro que nosotros mismos vamos construyendo como consecuencia del transitar por la continuidad lineal del espacio-tiempo. Si somos parte constitutiva de este gigante organismo holónico, entonces somos inexorablemente los creadores de nuestra propia realidad. ¿Y vos ya aprendiste a surfear las olas de energía de la matrix al final del tiempo?

El meme 2012

Un meme es, en las teorías sobre la difusión cultural, la unidad teórica de información transmisible de un individuo a otro, o de una mente a otra, o de una generación a la siguiente. La inmanentización de 2012 (el fin de todo en 2012) sería la implantación del fin del mundo, o el de una gran transformación planetaria, desde una creencia individual hacia una colectiva. Al crear esta idea, al infundirnos con la creencia, al llevarnos a alguna de estas posibilidades, al convertirnos a estas ideas estamos haciéndolas realidad. ¿Qué es lo que creemos? Eso ayudamos a crearlo. El biólogo británico Rupert Sheldrake introdujo los conceptos de campos mórficos y resonancia mórfica en 1981, en su revolucionario libro Una nueva ciencia de vida: la hipótesis de causación formativa. Allí expuso que los humanos podemos crear conscientemente campos mórficos, los cuales influyen a otros cuando se consigue una masa crítica de intención. Los campos mórficos serían, literalmente, “campos de memoria”, ya que constituirían en sí mismos la información que conforma la memoria colectiva de cada una de las especies que hay en la naturaleza. En esa especie de memoria colectiva cada miembro de la especie puede apoyarse y, a su turno, puede realizar aportes. Esta autorresonancia creada a partir de pensamientos, creencias y sentimientos conforman el lenguaje que nos comunica con el campo matriz de la conciencia universal y finalmente nos aporta la energía necesaria para materializar lo que inconsciente o conscientemente creamos como realidad. La teoría holística, en efecto, trata a toda la naturaleza como algo vivo que no está constituido por átomos inertes de materia, como nos hizo creer la vieja ciencia, sino que –según demostró la física moderna– son estructuras de actividad energética dentro de campos conscientes de energía. Entonces la conciencia no es un principio metafísico, sobrenatural, sino una propiedad fundamental del universo autoconsciente de sí mismo. El universo total sería viviente y activo. El genial científico cuántico David Deutsch dijo que la evolución es la búsqueda de convergencia entre la materia y la mente, al final de la misma, la materia “colapsará en un espíritu consciente absoluto portando la experiencia vivencial de toda la evolución”.

La conciencia global

El Proyecto de Conciencia Global es un trabajo colectivo mundial nacido en la Universidad de Princeton, Estados Unidos, que analiza cómo afecta la conciencia global los campos magnéticos de la Tierra. El estudio se pregunta qué nos produce emocionalmente coincidir con millones de personas en un mismo foco de atención. Por ejemplo, en la muerte de una figura de relevancia mundial, un atentado o el mismo 2012. ¿Puede ser un agente transformador de la estabilidad geomagnética del planeta? Las lecturas del campo obtenidas nos muestran amalgamados dentro de una coherencia colectiva extraordinaria. Este experimento es la prueba de que somos una conciencia global. Este descubrimiento revolucionario implica que, por alguna razón, la focalización de las conciencias individuales se convierte en una especie de energía colectiva que tiene un efecto físico sobre la materia, transformando un patrón aleatorio en información coherente con capacidad de transformar la realidad colectiva del planeta. Los experimentos del Proyecto de Conciencia Global, como la teoría sobre la noosfera (campo de conciencia planetario) de Teilhard de Chardin, sostienen fácticamente que la conciencia del planeta llega a actuar como una sola y se ve afectada al instante por las modulaciones de su capa pensante, de la cual los individuos son holones o neuronas de un supercerebro, conectadas más allá de la velocidad de la luz por el campo mórfico de la información. Lo más increíble, pero científicamente real, es que el subconsciente humano registra los acontecimientos antes de que estos sucedan. Esto significa que podríamos ser capaces de predecir un evento de escala global, pero no sabríamos exactamente dónde ni qué sucedería. La clave aquí es la concepción de la humanidad como una fuerza geológica, una fuerza de la Tierra, incrustada en el río evolutivo del planeta. Esto es, la posibilidad de ser una unidad planetaria que usa la propia Tierra para lograr conciencia de sí misma. Un proyecto de la mente planetaria, lo que James Lovelock llamara Gaia, el supraorganismo que compone a la biósfera y trasciende la suma de sus partes, para sublimarse y quizá convertirse, como un alquimista superno, en una gigantesca piedra filosofal en donde la materia y el espíritu no se distingan y no exista la dualidad. No hay poder superior que el que logra la creencia de la mayoría que exige la verdad. No se puede detener este movimiento de despertar, es imposible pararlo. Tal vez si nos unimos y trabajamos como un solo bloque de conciencia coherente, aquello que deseamos tiene una mayor probabilidad de materializarse que aquello que no hemos deseado. Tenemos bastante evidencia de que esto es verdad. Lo que imaginamos juntos se podría manifestar como un cambio en lo real. Esto significa que tenemos una enorme, subexplotada (o al menos incontrolada) capacidad de cambiar el futuro y crear en 2012 lo que siempre deseamos y nunca logramos construir. Como dijo alguna vez John Lennon: “Imaginá. Espero que algún día te nos unas, y el mundo vivirá como uno solo”.