¿Pico o Juan? A lo que respondió: “Sólo mi madre me dice Juan”. Desde ese momento, el tenista nos contó todo lo que queríamos saber… y al final confesó: “Nunca me abrí tanto en una entrevista”.

¿Pico o Juan? A lo que respondió: “Sólo mi madre me dice Juan”. Desde ese momento, el tenista nos contó todo lo que queríamos saber… y al final confesó: “Nunca me abrí tanto en una entrevista”.

 

Llegó corriendo del gimnasio y tiró el bolso en el piso. Con sus pelos revueltos, equipo de entrenar y zapatillas, nos saludó como si nos conociera de toda la vida. Siempre sonriendo, siempre la mejor predisposición: “No sé posar para fotos, pero ustedes me dicen y lo hacemos”. Esas fueron (casi) sus palabras introductorias. Volvió a sonreír y se sometió a las fotos como un profesional. Hasta podría decir que le divirtió. 

 

Estaba apurado, tenía un compromiso. Pero nada de esto hizo que quitara atención sobre la nota. Nunca miró el reloj. 

 

Pico no tiene vueltas. Es claro y directo en sus respuestas. Casi no las piensa, salen con la naturalidad de quien dice lo que siente. Y eso es lo más interesante de esta entrevista.  

 

Nos sentamos en un sillón comodísimo y, sin mayores preámbulos, comenzó la charla. 

 

–¿Es naturalmente nómada o la vida lo llevó a serlo? 

–Creo que una cosa lleva a la otra. El tenis es un deporte muy solitario que lleva a ser egoísta. La competencia en sí es uno contra otro, entonces te hace pensar todo el tiempo en vos. Eso hace que no esté muy pendiente de “dónde” estoy, salvo que esté en casa. Fue muy duro partir tan chico, pero lo elegí yo. Sufrí mucho y extrañé a mi familia, a mis amigos, la vida que tenía en Tandil, pero todo eso me enseñó a tomar decisiones difíciles y a fortalecer mi carácter. Cuando te bancás presiones fuertes, vivís solo y tenés que llevar el día a día con vos mismo (navidades y años nuevos incluidos) se complica. 

 

–¿Cuánto tiempo pasa en la Argentina y cuánto afuera? 

–Hoy estoy diez meses en diferentes partes del mundo y apenas dos en mi país. Si tengo que ser sincero, me gustaría llegar a dar vuelta estos números y pasar la mayor parte del año con mi gente. Ya llegará ese día. 

 

–¿Qué quiere hoy?  

–Si tengo que basarme en mi carrera, creo que estoy en el principio del final. Voy a tratar de jugar tres o cuatro años más, y dar lo mejor de mí en lo que me queda. Confieso que soy de observar mucho. Trato de tomar decisiones y no moverme. Si me equivoco, lo asumo y sigo adelante. Si hay obstáculos, también. 

 

–¿Y mañana? 

–Después del tenis, mi sueño es formar una familia con muchos hijos, más de cuatro. ¿Nenas? Me encantaría, muero de amor. Y varones también, para que jueguen al fútbol. No haría jugar a mis hijos al tenis ni loco.  

 

–¿Dónde? 

–Viviría en Tandil y haría vida de club. Quiero algo simple, donde los chicos respiren aire puro y puedan correr por la calle. Vivir libres, como me crié yo. 

 

–¿Se arrepiente de algo? 

–Creo que no. Las decisiones son siempre pensadas y tengo un grupo humano que me contiene, entonces el margen de error se achica, y la verdad es que no me arrepiento de nada de lo que hice. Soy muy chico todavía para arrepentirme, ¿no? 

 

–Si pudiera cambiar una sola cosa de su vida, ¿qué sería? 

–En vez de ser tenista hubiera sido futbolista. 

 

–¿Lo atrae una mujer triunfadora en lo suyo? 

–Soy muy abierto. Me llamaría más la atención en principio, pero no creo que me gustaría tener a una número uno al lado. De todas maneras, para mí el amor pasa por otro lado. Me tiene que gustar ella, y ya. El amor llega solo, no hay que buscarlo. 

 

–La adrenalina de cada partido, ¿la siente en otros ámbitos de su vida? 

–No. Esos cinco minutos anteriores al partido o la conciencia de estar representando al país, por ejemplo en Copa Davis, escuchar el himno, esa cosa que te hace transpirar las manos, no la encuentro en otro lado. Y según me dicen amigos que ya dejaron la carrera, no se vuelve a sentir. Por eso trato de disfrutarlo muchísimo. Sé que son momentos de tensión total, pero al mismo tiempo de una intensidad única. 

 

–¿Es adicto a esa adrenalina? 

–No, no soy adicto… para nada. 

 

–¿Hasta dónde quiere llegar?  

–Hasta donde dé mi tenis. Yo me esfuerzo todos los días para dar lo máximo. Me sentiría realizado si llego a ser Top 10 y me retiro habiendo ganado la Davis para la Argentina. 

 

–¿Hasta donde cree que va a llegar? 

–A estar en el Top 10, y a ganar la Davis para la Argentina. 

 

–¿Le gusta jugar? 

–A muchas cosas: tenis, fútbol, Playstation… (hace una pausa y mira con esos ojos achinados que lo hacen aún más divertido) a la seducción, aunque creo que no lo tomaría como un juego. 

 

–¿Por qué no lo toma como un juego? 

–Porque para estar con una chica tiene que haber sentimientos de por medio. Y no me gusta jugar con la gente. 

 

–Su lugar favorito. 

–Tandil. 

 

–Su comida favorita

–Bife de chorizo, con ensalada o puré. 

 

–¿Cocina?  

–¡Hago un café con leche buenísimo! Bato el café varios minutos hasta que esté blanco, y le pongo más leche que agua, como cuando era chico.  

 

–Trago favorito.  

–Vodka con jugo de manzana y un poquito de Sprite. 

 

–¿Conquistar o que lo conquisten? 

–Conquistar. Siempre. 

 

–¿Su casa o la de ella? 

–Mi casa. 

 

–¿Es cabalero? 

–¡Muy! Por ejemplo, si gano, seguramente la noche anterior al próximo partido voy a comer al mismo restaurante, y pido el mismo plato. Otra es bañarme en la misma ducha, tuve momentos raros en vestuarios esperando ducha, o jugar con el mismo modelo de remera, ponerme cintas en las muñecas. Escuchar el mismo tema antes de entrar al partido es clave. Si uno funciona, puedo llegar a escucharlo cien veces o más. Ahora estoy con “Magnificent”, de U2. 

 

–Una fobia. 

–Cuando estoy en el exterior y quiero ver a Estudiantes me agarra una especie de fobia. Me pongo nervioso, sufro, me desespero, eso es lo más parecido que conozco a una fobia. 

 

–Confiéseme un toc. 

–Cuando estoy de viaje, envuelvo las almohadas con toallas porque no me gusta la tela de las sábanas de los hoteles. Sólo en casa duermo como todo el mundo, con funda de sábanas, se entiende, ¿verdad? 

 

–¿Cree en las profecías de 2012? 

–No, es sólo para asustar a la gente. 

 

–Si se acaba el mundo pasado mañana, ¿qué hace? 

–Me despido de toda mi familia y me voy a Las Vegas con mis amigos, hasta que explote el mundo. 

 

En ese momento sonó su teléfono por décima vez. Miró la pantalla y se disculpó: “Tengo que atender este llamado”. Y mientras conversaba mirando por la ventana, se le notaba que no podía disimular la sonrisa. 

 

Cuando volvió para agradecer la nota, todo quedó en evidencia. Acababa de cortar el teléfono con su novia Zaira Nara, de la que no habíamos hablado en la entrevista… pero no hizo falta.

 

Y así, el número 27 del ATP mundial se despidió de nosotros con la misma naturalidad con la que nos recibió. La humildad de su actitud, la falta de “pose” y la sinceridad con que respondió a todas las preguntas resultan seductoras para cualquier mujer, aunque ya sabemos que su corazón está ocupado. Corrió hacia el show de una banda que tocaba ese día, y después de pasar la tarde con él, nos quedamos con la certeza de que para este jugador todavía queda mucha tela para cortar.