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Nicolás Repetto: “No voy a buscar el podio de una carrera que no me interesa” – El Planeta Urbano

Hombre de TV, a Nicolás Repetto le gusta estar al tanto de la programación. “No soy un teleadicto, pero veo, sobre todo ficción argentina, que me parece muy buena.” Sus favoritos: los unitarios. También mira programas de deportes e informativos.

Incursionó en la pantalla chica en los 80, desde donde saltó a la fama con La noticia rebelde. Ya tiene casi tres décadas en el medio y es uno de sus emprendedores más arriesgados. Encima, Nicolás Repetto se da el lujo de vivir al margen de las presiones del rating.

Mi manera de estar en la TV tiene que ver con mi manera de estar en la vida, no soy dos personas separadas. La gente que me conoce lo sabe, aunque obviamente en la tele estoy haciendo un show”, dice él, un referente indiscutido de las últimas tres décadas de la TV argentina, un personaje al que, sin embargo, no le gusta vivir según las reglas del medio. A los 54 años, Nicolás Repetto se considera “un chico grande” y se dio el gusto de volver con Sábado Bus por Telefé, mientras se reafirma en la convicción de que sin disfrute no hay chance de tener éxito en ningún terreno de la vida.

–¿Está contento con el programa?
–Estoy feliz con el programa, con la gente que lo hace, estamos felices y orgullosos del programa que hacemos, sentimos que plantamos un pino, una bandera, una manera de hacer TV.

–Le interesa más la calidad que el rating, no muere por estar en pantalla y tiene un vínculo con el público que va más allá de la crítica. ¿Cuál es su relación con la TV?
–Trato de ser consecuente con lo que me hace sentir bien. Asumo los riesgos, asumo las pérdidas, las banco y sigo para adelante.  Nunca renuncié, tuve grandes éxitos, tuve fracasos… Y sigo en el juego.

–¿Cuándo fracasó?
–Cuando no conseguí hacer el programa que quería. Circo criollo iba a ser una cosa, pero terminé haciendo lo que pude con lo que tuve a mano, y el responsable siempre soy yo. Así como recibo el aplauso, cuando viene el palo también lo recibo yo. Hay otros que no funcionaron teóricamente, por el rating o alguna otra razón, que a mí me gustó haberlos hecho, como Nico trasnochado este verano en Canal 13, donde sentí que había entregado el barco de costa a costa, tal cual lo había prometido y con las expectativas que había para las armas que tenía. Pero siempre con el intento de ensanchar, de sumar, de tener alguna propuesta nueva. Hubiera sido mucho más fácil instalarme años y años en programas en los que me iba bien. Hay programas que tuvieron un éxito tremendo y los hice solamente un año.

–Se podía dar el lujo de dejar algo si se aburría.

–Sí, pero la sensación de aburrimiento suena medio caprichosa. Es una elección de vida. Yo además tengo una vida y de golpe el otro lado de la vida me empujaba más que el lado de tener que estar esclavo en la TV. ¿Qué ponía en riesgo el lado profesional? Puede ser, pero en ese momento no quería poner en riesgo el lado emocional, que es el que me sostenía para el profesional. Sin mi lado emocional que me sostenga, lo que menos tengo es ganas
de trabajar.

–Habla como si pudiera prescindir de la TV, del estrellato.
–Es que el sitio de estrella no lo puedo sostener. Si hay algo que me podría aburrir es la fama, no es un clisé, es como andar cargando con un saco de strass a la luz del día, no es una cosa cómoda. No reniego de ella, y acepto cuando estoy en lugares expuestos y públicos. Trato de acomodarme a esa situación, a la que le tengo que estar agradecido porque si no no trabajaría en lo que me ha apasionado desde chiquito que es la TV. Si me dijeran “¿querés ser un divo?”, diría “¡¡¡Nooooooooo!!!”.

–¿El rating es la medida del éxito?
–La medida de otros. Yo intento manejarme con las mías. Trato de no contagiarme con las medidas de otros, de no perseguir zanahorias ajenas. No voy a buscar el podio de una carrera que no me interesa. A partir de que vas madurando, ya soy un chico grande, vas esquivando tentaciones que no son las tuyas. Hay mucha contaminación de ideas con respecto a qué es la felicidad, qué es el éxito.

–¿Aprendió a convivir con la crítica?
–Sí, y aparte me interesa mucho la crítica. La crítica despiadada es parte del juego y no la tomo. Uno no puede tener cien por ciento de aceptación, habría que ser muy soberbio para pensar “yo
voy a llegar a todo el mundo”.

–Cuando no está en la tele, ¿a qué se dedica?
–A los negocios inmobiliarios. Me gusta construir, comprar y arreglar, plantar árboles. He hecho bastante en mi vida con respecto a eso. He metido mucho ladrillo, y mucho sitio que estaba caído lo he levantado y lo he puesto a funcionar, y eso me ha dado una satisfacción tan grande como que me funcione un programa de TV.

“Asumo los riesgos, asumo las pérdidas, las banco y sigo para adelante. Nunca renuncié, tuve grandes éxitos, tuve fracasos… Y sigo en el juego.”

–También tiene campo.
–Sí, es el mismo caso: agarré un lugar que estaba totalmente descuidado y lo convertí en un lugar productivo. No es un campo para fin de semana, lo tengo para producirlo. Es un placer enorme que las cosas funcionen. Los que tienen campo, los que plantan árboles y demás, tienen cierto orgullo, porque es generar para comer, para darle de comer no sólo al país sino a muchas partes del mundo.

–¿Cómo vive el presente del campo?
–Todo el mundo intenta tirar para su lado y defender sus intereses económicos. Si se sacaran las retenciones, tendríamos un 30 por ciento más de ganancia y sería maravilloso. De todas maneras, no le ha ido mal al campo. Ha habido varios factores que ayudaron, pero sería una estupidez que al campo argentino, que es de los mejores del mundo, le fuera mal.

–¿Y el conflicto de 2008?
–Cambió mucho la relación entre Gobierno y campo en estos años. El año 2008 es un mal ejemplo, una situación llevada al límite. Todavía se puede mejorar la relación. Para mí cuando uno hace algo bien tiene que explotarlo. Una de las mejores cosas que hacemos en la Argentina es generar cereales y carnes. Si somos número uno en eso, sería una pena que el país no se basara en eso. Si gracias a los impuestos que se genera por las exportaciones de granos se puede hacer todo lo que se hizo y mantener a tanta gente, lo lógico es que campo y Gobierno funcionen aceitadamente.

–¿Cómo está su relación con el país? Alguna vez dijo que le gusta irse de la Argentina porque le gusta volver.
–Me gusta irme y me gusta volver, las dos cosas. Quiero a mi país, soy un tipo argentinísimo, hijo de argentinos, no tengo nada que me tire para otro lado. Pero también está bueno tomar distancia de la Argentina, me hace bien. Y se ve que de vez en cuando agota porque si no no habría tantos argentinos que se han ido.

–2001 también fue un extremo.
–Sí, yo en 2001 tenía una productora montada, un montón de programas al aire, había apostado a la Argentina. Me fui porque necesitaba un poquitito de aire fresco. Algunos critican eso, lo ven como una cosa antipatria, no me quedé para poner el hombro. ¿Qué era poner el hombro?
Con la crisis que había, ¿qué cosa interesante podía hacer en TV? ¿Cómo hacía para mantener mi productora? Ahora que vemos que se derrumba Europa y nosotros no, vemos que estamos mucho más curtidos, no nos asusta.

–Ese año de la crisis Jorge Guinzburg le preguntaba en un reportaje si seguía con su tradición de no ir votar. Y usted decía que sí, que eso era un voto afirmativo, que expresaba algo.
–Después cambié, y fui a todas las últimas votaciones, tengo la libretita llena de sellos. Porque sentí que había alternativas. Fui a las primarias, fui a todas. Hice la colita y voté. Y aparte porque me cambió la cabeza y estoy un poco más participativo de lo que nos sucede.

–Tiene tres camadas de hijos. Habrá sido un padre diferente con cada generación.
–Sí, a medida que fui creciendo debo haber mejorado porque arranqué siendo muy jovencito y fui un padre muy poco ortodoxo.
A la locura natural mía se suma que mi infancia no fue muy normal. Ahora es mucho más normal ser hijo de divorciados. Desde primer grado inferior hasta tercer grado en el colegio era el único hijo de padres separados.

–¿Lo miraban mal?
–Sí, no me dejaron tomar la comunión, por ejemplo.

–Y encima estuvo dos años pupilo en un colegio ultracatólico.
–En esa época no existía para mi familia que uno no fuera a un colegio católico. Después las cosas cambiaron mucho. Yo crecí con coscorrones. En el colegio me portaba mal y me tiraban de la patilla, había hecho mal la cama y el cura me hacía pasar la noche de rodillas.

–Le tocó una época brava.
–Una época en la que el coscorrón era normal. No quiero pintar esto como que sufrí mi infancia, porque los chicos se adaptan a la costumbre que tienen. No fui sufrido, sí fui lo suficientemente voluntarioso como para cambiar esa situación y me ayudó mucho a despertarme y a conquistar cosas, porque no me vino nada regalado.

–¿Cómo era la relación con su padre?
–No viví toda la vida con mi viejo. Cuando mis viejos se separaron yo tenía 2 años y me fui a vivir con mi madre y mis abuelos.
Luego ella volvió a casarse y nos fuimos primero a Salta y después a Mercedes, en total fueron seis años durante los cuales no tuve contacto con mi papá. O sea que viví los primeros años con una presencia paterna, luego seis años sin padre pero con una nueva presencia paterna que era el marido de mi mamá, padre de mi hermano Adolfo. Entre los 9 y los 11 estuve pupilo y volví a ver a mi padre y cuando salí del pupilo me fui a vivir con él, que se había vuelto a casar y ya tenía una hija.

–¿Cuál fue su legado?
–Él siempre decía “es difícil encontrar lo que querés hacer pero cuando lo encuentres, hacelo bien. Si no te sale, seguí buscando lo que te salga bien”. A mí me sirvió, porque si no te podés instalar en la mediocridad, una mediocridad que te permita sobrevivir, sin correr riesgos. Es una frase movilizante. A la hora de emprender siempre la tuve en cuenta.

–¿Y su madre?
–No tengo en la matriz una formación de la familia típica. Mi madre tuvo varias parejas, cuando yo tenía 15 o 16 años se fue a vivir al exterior y no volvió hasta hace poco que la traje yo. Vivió en Centroamérica, en África, era muy viajera, y yo no la veía por  años. Una vez me llamaron, ella estaba en Centroamérica, que estaba muy enferma, entonces lo llamé a mi hermano Adolfo, que estaba viviendo en Brasil, y le dije “me parece que la vieja se muere, vamos a verla”. Fuimos para allá y la sacamos del lugar espantoso en el que estaba. Ella se fue recuperando y mi hermano se la llevó a vivir a Trancoso. Y luego la traje para Buenos Aires a un departamento un buen tiempo, hasta que, como es una mujer grande y no puede vivir sola, la puse en un geriátrico. Y la veo más seguido que antes, pero es difícil tener una relación de hijo y mamá con alguien que estuvo ausente todo el tiempo. Reconozco que soy un poco raro en el aspecto familiar. Quizás en esta última familia que formé con Florencia me pueda recibir de padre.

Agradecimientos: Daniel Hechter, Giesso,
Lentos Varios Volumen 2, Monono.

En pocas palabras

Nicolás Repetto nació en Mar del Plata el 11 de marzo de 1957. Sus padres, Francisco y Raquel, se separaron cuando él tenía sólo 2 años, y formaron nuevas parejas. Francisco se casó con Marta, la mujer de toda su vida, con quien tuvo a Andrés (periodista), a Inés (artista plástica) y a Ana, “que hace de todo un poco, es divina”, la define el conductor. Raquel tuvo otro hijo, Adolfo, que falleció en 2005 en un accidente automovilístico.

Los hermanos eran muy compañeros: “Adolfo era muy querible. Tuvimos muchas aventuras juntos que nos unieron mucho, así que para mí fue muy terrible su muerte”.

Tiene cinco hijos, de tres parejas distintas. Con Cecilia Fontanarrosa –con quien se casó a los 21– tuvo a Nicolás (31) y a Valeria (29), que lo hizo abuelo de dos nenas. Con la actriz y bailarina Reina Reech tuvo a Juana (23), también artista.

Y con su tercera esposa, la actriz Florencia Raggi, con quien comparte sus días y sus noches desde hace quince años, tuvo a Renata (13) y a Francisco (10). Incursionó en TV a los 25, y participó –como conductor, productor– en muchísimos ciclos. Pero los favoritos los cuenta con los dedos de una mano.

“Los recuerdos más cariñosos son para La noticia rebelde, porque fueron mis inicios como productor, con un grupo de gente con la que inventamos nuestro propio sistema en una TV que tenía pocas figuras nuevas. Era divertido, éramos outsiders jugando adentro. Después me encantó haber hecho Fax; a Nico al mediodía también le tengo cariño, fue el más popular de los programas que hice, me divertía, a pesar de que al año dije ‘basta de taaaanta popularidad’. Y Sábado Bus, claro.”