A los 25 años sacude el mundo del polo con un estilo que levanta al público de sus asientos. Hombre de campo, y de férrea disciplina, sabe que hoy el deporte trasciende las canchas y se mueve con la misma versatilidad en este nuevo partido mediático que lo quiere como protagonista.

 

Nos invitaron a la Ellerstina a ver la primera práctica para el Abierto de la República. El campo, una estancia de un estilo impecable y gran calidez, es el lugar donde vive el equipo dueño de la Triple Corona. El espacio donde entrenan, planifican y se gestionan los sueños de los Pieres, y donde hacen todo para que en las canchas del mundo se conviertan en realidad. Mientras los jugadores conversan sobre la práctica de la tarde, uno de los sponsors hace fotos para la marca, otro trae las nuevas camisetas y nosotros contribuimos al despliegue de cámaras que no paran de capturar cada momento del día. Después de almorzar me animo a jugar un partido de pool con Nicolás Pieres (el menor de los hermanos, que se incorporó éste año al equipo, con 20 años de edad y 8 de handicap). La conversación no tiene rumbo. Es el momento de descanso físico y mental. Hay risas y chistes sobre cada uno de los temas que caen sobre la mesa, hasta que llega la hora del partido. En pocos minutos los hermanos cambian el taco de pool por el de polo y se concentran al lado de la cancha. 

 

Miramos los ocho chuckers tomando mate con su padre y colaboradores, y vemos un despliegue deportivo de lujo. 

 

 

Terminado el partido, Facundo se baja del caballo, y con esa sonrisa que lo caracteriza nos pide hacer la nota al día siguiente en el hotel Alvear. La cita es un martes, a las 19, té de por medio, en el living de la suite que tiene para cuando está en Buenos Aires. 

 

–¿Se siente número uno? 

–No. Porque hay cuatro jugadores que lo somos, y estamos siempre compitiendo entre nosotros. A todos nos está yendo muy bien en la Argentina y en el mundo, y eso hace que no me sienta “número uno”. Sí puedo decir que estar entre ellos influye mucho en la confianza con la que entro en la cancha. El polo es un deporte de equipo. Como no estamos solos, entre todos tenemos que encontrar la manera para que el equipo funcione bien. 

 

–¿Qué es para usted ser número uno?

–Hacer las cosas bien, mantenerse, ganar y lograr cosas que otros no hayan alcanzado. Para ser un número uno hace falta tiempo y dedicación. 

 

–¿Qué es más difícil, llegar o sostenerse? 

–Mantenerse es más difícil. No digo que sea fácil llegar, pero varios tienen la posibilidad de hacerlo. Ahora, cuando se llega, hay que aprender a sostener la posición. Seguir ganando torneos, fundamentalmente. La organización es clave. Buenos jugadores como papá y Adolfito siempre lo dicen: “Hay que presentarse a jugar en las mejores condiciones posibles. Con un buen equipo y buenos caballos”, aunque suene obvio, es lo único que funciona. 

 

–¿Lo atraen las mujeres número uno en lo suyo? 

–No. 

 

–¿Qué es lo que lo seduce de una mujer? 

–Lo normal. Al principio, me tiene que gustar físicamente. Después me parece superimportante llevarme bien, divertirme. Si no, no puedo seguir estando con alguien. 

 

–¿Quiere una número uno al lado suyo, o prefiere alguien que lo acompañe? 

–Ni una cosa ni la otra. Si no tiene personalidad y sólo me acompaña, no me gusta, y si es muy fuerte me cansa. 

 

–¿Cree en la suerte o en la dedicación? 

–En las dos cosas. Lo más importante es la dedicación, pero siempre hay una cuota de suerte. Digamos que un 90 por ciento de dedicación y un 10 de suerte. 

 

–¿Cábalas? 

–No tengo muchas. La única cábala que repito siempre es usar medias coloradas. Todo lo demás puede ser momentáneo, pero no lo considero cábala. 

 

–¿En qué grado lo influyen los demás? 

–Me influyen, pero hasta un punto. Escucho los comentarios y lo que leo, para bien y para mal. Estoy pendiente de lo que dicen. Si me parece acertado, puedo llegar a cambiar algo, si no coincido con la opinión, sigo adelante. 

 

–¿Qué es lo que más lo divierte? 

–Estar en la Ellerstina, tranquilo, sin “tener” que hacer algo en particular. Otra cosa que me divierte mucho es jugar golf porque me permite no pensar en otra cosa. 

 

–¿Lo que menos? 

–Estar con gente que no me gusta. En esos casos me voy, prefiero no quedarme.  

 

–¿Cómo vive ser un personaje mediático? ¿Le gusta? 

–Me divierte, pero no tanto. No me gustaría ser como Messi, que no puede salir a la calle y caminar. En mi caso es distinto porque estoy en un punto medio. Puedo hacer mi vida normal, y a veces me gusta que me reconozcan. Confieso que es una especie de sensación encontrada, porque por un lado me gustaría contribuir a popularizar el polo y a los jugadores, pero tampoco me encanta la exposición. Igualmente, creo que es más importante el objetivo de llevar al deporte a otros niveles. 

 

–¿Cuáles son sus sueños? 

–Precisamente ahora estoy cumpliendo uno. Poder jugar en el equipo con mis dos hermanos es un deseo que siempre tuvimos, y ahora se incorporó Nico. Así que estamos empezando a vivir ese sueño de competir en el torneo más importante, los tres juntos. Ganar el Abierto de Palerm

o con Nico sería cumplir un gran sueño. 

 

–Un día en la vida de Facundo Pieres. 

–Cuando entreno me levanto temprano para hacer kinesiología y entrenamiento físico. Almorzamos con amigos y todas las tardes hacemos prácticas de polo. Los días que no entreno aprovecho para dormir un poco más, o vamos a jugar golf, o nos quedamos conversando con los petiseros, una vida de deportista normal. 

 

–¿Cómo se ve en diez años? 

–Ojalá que parecido (se ríe). Me gustaría poder cumplir estos sueños que tenemos con mis hermanos, y por supuesto tener una familia con varios hijos. 

 

–Lugar favorito en el mundo. 

–La Ellerstina. 

 

–Si viaja por placer, ¿qué lugar elige? 

–Me gusta mucho el sur argentino, también Punta del Este, París, Londres y Nueva York. Depende mucho del tipo de vacaciones. 

 

–¿Solo o acompañado? 

–Acompañado. 

 

–Un momento. 

–El momento en el que nos entregan la Copa de Palermo, y compartirlo con mis viejos y toda la gente que está con nosotros. 

 

–¿Conquistar o que lo conquisten?

–Las dos cosas, pero me gusta más conquistar, es más divertido.

 

–¿Su casa o la de ella?

 –Mi casa. Me siento más cómodo. 

 

–¿Amor? ¿En qué anda? 

–Estoy de novio hace seis meses con Agustina, y estoy muy bien. 

 

–Su mayor atributo. 

–No me gusta hablar de mí. Preferiría que le pregunte a otra persona. 

 

–Lo peor. 

–No me pongo de mal humor muy seguido, pero cuando estoy de mal humor no me aguanto a mí mismo. 

 

–¿A qué le tiene miedo? 

–A la muerte. No me imagino terminando esta vida. 

 

–¿Cree que hay algo después de la muerte? 

–Quiero creer que sí. Estoy en ese camino, buscando creer. 

 

–Una palabra que lo defina.

–Simple. 

 

–Cuando viaja, ¿qué no puede faltar? 

–Una computadora y un teléfono. 

 

–¿Qué lo saca o lo pone de pésimo humor? 

–Ver en otras personas las cosas que no me gustan de mí. 

 

–¿Qué lo conmueve? 

–La pobreza. Que la gente se muera de hambre, eso sí me hace mal. 

 

–¿Qué no perdona? 

–La traición. 

 

–Un perfume. 

–212 de Carolina Herrera. 

 

–Un trago. 

–Fernet, y prefiero hacerlo yo. 

 

–Si no hubiera jugado al polo, ¿a qué se hubiese dedicado? 

–Tal vez al golf o al tenis. En ese caso sí hubiera intentado ser número uno. 

 

–¿Cree en las profecías de 2012? 

–No. 

 

–Si realmente fuera el último año de su vida, ¿qué haría? 

–Haría muchas cosas que no hice hasta ahora, como ganar con mis hermanos y tener un hijo. 

 

–¿Y si fuera el último día? 

–Lo pasaría con mi familia y con la mujer que quiero, o haría cualquier cosa (y se ríe con cara de pícaro). 

 

Terminando con la entrevista me mira y se ríe porque sabe que está entregado. Se nota que siente esa dualidad respecto de la exposición, pero también se puede leer en su mirada que tiene claro que todo es parte del juego. Del gran juego que al cierre de esta edición está intentando ganar: el Abierto de Palermo.