La sangre fría y la capacidad de asumir responsabilidades en los momentos difíciles son dos de las virtudes que hacen de la Pulga el mejor jugador del planeta.

Hay miles de respuestas cuando nos preguntamos qué es un número uno. Para un atleta será el recordman mundial de los 100 metros llanos, el hombre más rápido del mundo. Para los sudafricanos será Nelson Mandela, que acabó con la diferencia entre hombre blanco y hombre negro sin que se derramara una gota de sangre. Para algunos argentinos será “Marta, la número uno”. Para los católicos, el Papa. Para los serbios, el tenista Nolé Djokovic, que los puso en el mapa del mundo. Para otros, Neil Armstrong por haber sido el primero en pisar la Luna. Y así muchas más. Pero cuando se habla del número uno del fútbol, la respuesta es una sola: Lionel Messi. El chiquitín rosarino apodado Leo o La Pulga, de sólo un metro sesenta y nueve de estatura, ha heredado el título que sólo tuvieron Alfredo Di Stéfano, Pelé, Johan Cruyff y Diego Maradona. Y ser el Nº 1 del fútbol significa ser objeto de deseo en todo el mundo, en la Argentina, en Canadá, en Japón, Australia, China, Europa y donde sea. Y no importa si fue mejor o peor que sus antecesores, porque Messi vive en un mundo que a la televisación satelital de todos los partidos le suma los más de 27 millones de seguidores en las redes sociales (Facebook y Twitter).

Nacido el 24 de junio de 1987, el recientemente designado capitán de la Selección Argentina de fútbol a los 13 años se trasladó a España para incorporarse a la Masía, la escuela de divisiones inferiores del Fútbol Club Barcelona. A Leo sólo le importaba jugar a la pelota como lo había hecho primero en el Club Grandoli y luego en Newell’s Old Boys, ambos de Rosario. Nunca se imaginó que años después no iba a poder pasar inadvertido en ningún lugar del mundo, ni que firmaría el contrato más alto de la historia del fútbol, ni que grandes marcas internacionales como Adidas, Gilette, Pepsi o Dolce & Gabbana contratarían su imagen en cifras millonarias. Con 33 millones de euros anuales sumando el contrato con el Barcelona y los publicitarios ha superado en ingresos a David Beckham y Cristiano Ronaldo. Y a pesar de ello Messi es un número uno que mantiene la humildad aprendida en un club que prioriza el desempeño del equipo por sobre las individualidades.

“Entiendo que todos somos muy reconocidos en el ámbito futbolístico, tanto en el Barcelona como en la Selección Argentina”, nos contesta cuando le preguntamos que siente al ser tan renombrado. “Y que todos aportamos lo mejor de nosotros para un sólo fin, el de conseguir títulos. A veces se da y otras veces no.”

–¿Qué ventajas tiene en la vida cotidiana por ser reconocido mundialmente? ¿Y qué desventajas? 

–En la vida diaria, no sé si decir ventajas, porque la vida pierde privacidad, dejaste de pasar inadvertido para ser muy conocido, lo que te obliga a ser muy cauto en lo que hacés y dejás de hacer, porque los chicos están muy pendientes de copiar a la gente reconocida y sobre todo en el ámbito del deporte. ¡Qué no daría por poder sentarme a tomar un café con mis amigos en un bar sin que te persiga alguien que quiera sacar algo para vender a la prensa! Es que ya no puedo andar por la calle como lo hacía antes, tengo que ser más cuidadoso en cuanto a las formas, porque tanto a mí como a mi familia, muchas veces la prensa nos utiliza para vender, diciendo cosas que no son ciertas. Trato de no cometer errores que luego puedan ser cambiados y usados en mi contra. Sólo cuando estoy en mi círculo familiar y con amigos puedo ser el de siempre y contar la mayor cantidad de anécdotas. Por otra parte te da la posibilidad de devolver con actos algo de lo que recibís. Esto que dice lo hace realidad: hace muy poco la Pulga Messi le cumplió el sueño de jugar con él a Soufian, un niño de diez años que sufre el síndrome de Laurin-Sandrow y que admira al mejor jugador del mundo.

–¿Qué opina de la moda de las botineras? ¿Lo acosan? ¿Lo divierte? 

–No voy a negar que he tenido proposiciones pero todo va en función de lo que cada uno piense o acepte; es un juego que a veces divierte y otras te da mucha bronca, porque, como decía antes, la prensa aprovecha cualquier situación para vender más. En ningún momento Leo aceptó autodenominarse número uno, y una de las razones es porque “Parecerá demagogia, pero es la verdad y es lo que pienso. Un número uno es aquel que se levanta todas las mañanas para ir a su trabajo y piensa en cómo llegar a fin de mes para darle de comer a su familia y poder darles un estudio a sus hijos, ese es un número uno. He tenido la suerte de poder hacer lo que siempre quise y jamás se me ocurrió ser otra cosa”. Para el Fútbol Club Barcelona, que lo hizo debutar a los 16 años, “Messi es un jugador excelente, sensacional, único. Se trata de un futbolista muy creativo, con una enorme técnica individual que le permite desbordar a los rivales con facilidad. Es un jugador zurdo versátil que puede jugar tanto de centrocampista por las dos bandas como en posiciones de delantero neto, aunque la de extremo derecho es su posición más natural”.

“A pesar de no ser muy alto, su fuerza física y velocidad hacen que pueda aguantar las embestidas de los rivales. Tiene una potencia impresionante y su conducción de balón, que parece ir pegado a sus pies, no encuentra comparación. Es también un especialista en lanzamientos con el balón parado (tiros de esquina, tiros libres, penales).”

“La sangre fría y la capacidad de asumir responsabilidades en los momentos difíciles son otras de las virtudes que hacen de la Pulga el mejor futbolista del planeta.” En cambio, para los argentinos es la figura bochinesca que vuela por el campo de juego con la pelota atada al pie como cronopio buscando a su fama.

Aunque parte de la patria futbolera le reproche que no cante el himno antes de los partidos, Leo Messi se emociona cuando llega a cualquier lugar del mundo y se encuentra con retratos del Che Guevara o de Maradona. El 27 de julio de este año el Bureau Internacional de Capitales Culturales, mediante una votación ciudadana entre 327.496 personas, de 72 países diferentes, eligió a Lionel Messi Patrimonio Deportivo de la Humanidad de la Argentina. Un total de 42 jugadores argentinos, 57 brasileños y 41 mexicanos aspiraban a convertirse en Patrimonio Deportivo de la Humanidad, habiendo sido elegidos Messi por la Argentina, el brasileño Pelé y el mexicano Hugo Sánchez