El número uno representa la unidad universal, significa el comienzo, el origen. Si lo multiplicamos o lo dividimos por él mismo, siempre queda en 1, algo que no sucede con ningún otro número. A partir del uno se produce la irradiación del Todo.

El número uno representa la unidad universal, significa el comienzo, el origen. Si lo multiplicamos o lo dividimos por él mismo, siempre queda en 1, algo que no sucede con ningún otro número. A partir del uno se produce la irradiación del Todo.

 

La Gran Transformación
de la Unidad

Alrededor de todo el globo la gente está despertando al hecho de que la humanidad y el planeta están transitando una gran transformación.

Esta transformación está marcada por el aumento en la intensidad de los eventos globales. Mientras aquí, en la Tierra, el tiempo en sí mismo parece acelerarse y acumularse el caos, una nueva frecuencia de vibración galáctica está transmutando la existencia. Esto representa la oportunidad evolutiva más grande de nuestros tiempos.

Estamos viviendo un período de grandes cambios donde la realidad se transforma minuto a minuto con una rapidez exponencial, así todos somos obligados a expandir nuestras propias perspectivas de lo que es posible para poder entender el planeta que nos espera en poco tiempo. Grandes desafíos nos esperan y llevarán a la humanidad a encontrarse con un estado de conciencia global de unidad, la que nos conducirá a una existencia más armoniosa y de regreso a la tan largamente profetizada experiencia de reencuentro con el Uno.

 

El Regreso al Uno

El número uno representa la unidad universal, significa el comienzo, el origen.

Si lo multiplicamos o lo dividimos por él mismo, siempre queda uno, algo que no sucede con ningún otro número. A partir del uno se produce la irradiación del Todo. Por todo el planeta millones de personas creen que 2012 traerá una nueva realidad de armonía total, o el fin del mundo. Lo cierto es que el cambio está ocurriendo justo ahora, porque puede ser experimentado por todo aquel que busque un cambio en sí mismo.

Cualquiera que esté dispuesto a cambiar percibirá que el cambio está ocurriendo en el interior de todo ser humano en su vuelta de regreso al Uno. Porque en vez de ver todos los eventos que ocurren en este planeta como separados y caóticos, el secreto está en ver que cada aspecto de la existencia está sirviendo al plan divino de la creación. Lo creado se re-crea a cada instante, instando a la humanidad a descubrir su rol cocreacional, y a reconectarse con la fuente divina original de la creación, conocida como Dios por las religiones. No es casualidad que “religión”, que proviene del latín religare, signifique reunir, reunirse con la fuente de la Unidad.

Es creencia de los campos de investigación de la ciencia y de la espiritualidad que todo provino del Uno, y que al Uno debemos regresar. Hasta el despertar de esta espiritualidad naciente, nuestras sociedades, pensamientos y percepciones individualistas se habían alejado tanto como fuera posible del Uno,

y así como la humanidad se centró en la supervivencia del más adaptado al sistema, se separó al mundo en opuestos.

Muchos creyeron entonces que ellos eran los “buenos” y que los otros eran los “malos”, que unos eran luz y los otros oscuridad, que unos estaban en lo correcto y los otros equivocados. Como resultado de esta percepción dividida, cada ser humano, aún hoy en día, vive para sí mismo, velando por su propio interés personal, como un intento de encontrar la paz interior, modelando el mundo exterior con sus propias ideas de cómo debería ser ese mundo. Lo que la mayoría de la gente que despierta a su llamado de unidad está descubriendo es que la paz que buscamos no puede ser alcanzada creando cambios fuera de nosotros mismos, porque la verdadera paz sólo puede ser encontrada en el interior de cada uno.

Podemos ver la verdad de esto cuando consideramos que siete mil millones de personas intentan producir el cambio del planeta fuera de ellos mismos, para conseguir que el mundo encaje en su visión de los que para ellos está bien. En todo caso, cuando nos damos cuenta de que somos siete mil millones de personas con siete mil millones de visiones diferentes de cómo debería ser el planeta, vemos que la paz, tal como la buscamos, nunca podrá ser alcanzada.

 

Las Cosas Como Son:
Una Sola Cosa

Ahora comenzamos a descubrir que la única forma de lograr la paz verdadera y duradera es aprender a estar en paz con las cosas como son. Esta nueva perspectiva holística de la realidad nos está conduciendo a comprender que todo es perfecto como es. Cuando se logra entender que todos los eventos y seres que existen lo son –en pos de un plan divino– es cuando logramos la evolución de la conciencia y aprendemos que todo está sirviendo al Uno. Así establecemos que los eventos en nuestra vida ocurren para asistir la evolución del ser espiritual que nunca muere porque es parte del Uno.

Cuando logramos atravesar todos los desafíos de la vida en gracia y gratitud, estamos alcanzando la habilidad de ver todo como Uno y que, ese todo, al ser divino, está embarcando al ser individual en su viaje de vuelta hacia el Uno.

Aquellos afortunados que lograron alcanzar esta sabiduría creen en aquel dicho que asegura que el conflicto crea conciencia, por lo que creen que muchas personas en estado de conflicto están, en realidad, en camino de hallar su estado de conciencia. El conflicto entonces es, para muchos, el aliento necesario para que aquellos alejados del Uno logren hacer el cambio interior que les permita regresar al Uno.

Entendiendo los
Cambios Planetarios

Las grandes transformaciones que acontecen en el planeta son parte de la evolución, y conducirán a muchas personas a la posibilidad de verse frente a su propia muerte con el fin de permitir el cambio que necesitan. Para muchos, la pérdida de todo lo que consiguieron en el mundo material ocurrirá por un propósito superior, porque ese no es el mundo real, ni siquiera es una necesidad evolutiva. No será hasta que el lujo y el dinero fallen en satisfacer nuestro ego, y se vea amenazada con la extinción, que muchos descubrirán que la riqueza material y el éxito externo son inservibles. Eso servirá de inspiración para buscar el único y real camino hacia la evolución, para encontrar un nuevo propósito para la vida. Logrando esto, por fin comprenderán que no somos seres humanos teniendo una experiencia espiritual, sino que somos seres espirituales teniendo una experiencia como humanos. Las entidades espirituales que somos agradecerán cuando logremos liberarnos de las obsesiones materiales del ego, dando paso a la percepción del espíritu único que nos une a todos.

Llegaremos entonces a ver el mundo de una nueva forma, donde la destrucción y la muerte, que la humanidad ha negado por miedo durante años, tendrán un lugar y un propósito por el cual el espíritu se liberará del aprendizaje material, de las ataduras de su experiencia humana.

Cuando finalmente la gente se canse de desear que el mundo sea lo que no es y aprenda a estar en paz con las cosas como son, y vean todo como parte de un plan divino, aprenderán a ver lo inútil de sus esfuerzos por controlar y poseer el mundo fuera de nosotros. Es nuestro egoísmo y nuestro ignorante uso del libre albedrío lo que nos ha llevado colectivamente a crear nuestro estado actual de existencia planetaria. Tal vez con un cambio de 180 grados del desinterés personal y un completo traspaso de la voluntad personal a la voluntad del Uno permitiremos a las fuerzas reales de cambio operar a través nuestro y liberarnos de la ilusión de este mundo. Es por esta razón que ahora no son pocos los que creen que van a ser tremendos los cambios en los eventos externos, los que inspiren el verdadero e importante cambio interno de la humanidad. Pero cuando hayamos logradoel cambio interno, finalmente el mundo externo comenzará a cambiar, y este es el propósito divino y de perfección de todo.

Con esta perspectiva unificada de la existencia será que el individuo aprenderá a renunciar a “mi” voluntad por “la” voluntad divina marcando nuestro ansiado y largo camino de evolución y de regreso al Uno. Entonces aprenderemos a amar, porque amaremos las cosas como son, no como queremos que sean.