Con dos premios Oscar en su haber, una trayectoria impecable y la honesta admiración del mundo, Santaolalla destaca las virtudes de lo simple y cuida mucho su entorno.

 

Su carrera reciente se conoce casi con lujo de detalles, sobre todo desde que ganó su primer Oscar. Pero las condecoraciones internacionales empezaron en 2004 con un Bafta por musicalizar Diarios de motocicleta. Al año siguiente (2005) el Bafta comenzó con el que fue, quizás, el año de sus mayores consagraciones hasta ahora; y siguió como ya se sabe con su primer Oscar y un Globo de Oro por Secreto en la montaña. Y para coronar esta tríada de años de legítimos reconocimientos, 2006 trajo otro Bafta y su segundo Oscar con Babel. 

 

Indiscutible e indiscutido número uno, este músico, compositor y productor argentino es uno de nuestros mejores embajadores de talento en el resto del mundo. Premios aparte, sus trabajos más sobresalientes estuvieron en Amores perros, 21 gramos, My Blueberry Nights y Biutiful, entre otros films que brillan por su composición musical. 

 

Está claro que el cine lo adora, pero todo el ámbito musical también: trabajó con Charly García, León Gieco, Café Tacuba y Bajo Fondo Tango Club… y con tantos artistas más. Pero para entender semejante trayectoria, es necesario comenzar desde el principio. 

 

Sus comienzos 

Su carrera musical comenzó a sus 16 años cuando formó Arco Iris, su primera banda. Entre 1967 y 1988 grabaron once discos de rock folklórico. 

 

Su vida de artista lo llevó por los senderos del desapego al terruño, moviéndose constantemente entre nuestro país y Los Ángeles, ciudad que lo recibió con las oportunidades que un talentoso profesional necesita para desarrollar su arte en todo su esplendor. 

 

En sus primeros años creó otras bandas, como Soluna y Wet Pic Nic, de interesante repercusión en los pubs de L.A. con sus sonidos new wave. No olvidemos que estaban transitando los 70 con toda la fuerza del movimiento hippie. 

 

En el 82 regresó a la Argentina y editó el disco Santaolalla, junto a Willy Iturri, Alfredo Toth y Alejandro Lerner. Dicen los entendidos que fue el puntapié inicial a lo que sería el giro musical de los 80 con Soda Stereo, por ejemplo. 

 

Entre aviones y guitarras, produjo junto a León Gieco De Ushuaia a La Quiaca, y el segundo álbum de GIT. 

 

Ya consagrado como productor musical, trabajó con Café Tacuba, Divididos, Molotov, Julieta Venegas, Juanes, Jorge Drexler, Bersuit Vergarabat, Fobia, Árbol, Caifanes, Maldita Vecindad, Bajofondo… y la lista puede continuar ad infinitum, o casi. 

 

En 1995 sacó su segundo LP solista: Gas, que fue muy bien recibido por el mundo melómano. 

 

Y desde allí hasta hoy no paró de viajar y de producir música como una estrella. Como la estrella en la que se convirtió y que todos conocemos. 

 

Multifacético creador 

“El Gurú” Santaolalla (como se lo conoce en el medio) es uno de los nombres más buscados a la hora de realizar megaproducciones en Hollywood y en nuestro país. El Gurú no perdió la humildad de los verdaderamente grandes. El Gurú no olvidó sus raíces ni los valores importantes de la vida. El Gurú hoy reparte su tiempo entre sus pasiones y su familia. 

 

 


 

Porque Gustavo Santaolalla no sólo hace música. Ahora también es bodeguero en Mendoza y produce vinos en Luján de Cuyo. Don Juan Nahuel Reserva, Don Juan Nahuel y Celador son sus otras creaciones que ya se pueden encontrar en algunos restaurantes muy especiales para él. Productos de Cielo y Tierra (el nombre de su bodega) son creaciones de sueños de una vida. Sueños que comparte con su mujer, Alejandra Palacios, y su amigo Raúl Orozco. Malbec, Cabernet y Petit Verdot son los varietales de este emprendimiento que nació en Mendoza y que es disfrutado por los amantes del vino… donde ellos quieren. 

 

A esta altura podríamos decir que su arte es la fusión. Fusionó el folklore con el rock, el tango con la música electrónica, el cine con los vinos, el trabajo con la pasión. 

 

Y tuvimos la fortuna de encontrar a este verdadero número uno en la première de Eva de la Argentina, la película de dibujos animados dirigida por María Seoane y basada en los dibujos de Francisco Solano López… película musicalizada por Santaolalla, por supuesto. En medio de una locura de fotógrafos y cámaras, de periodistas y protagonistas, llegamos a él y le preguntamos: 

–¿Que es para usted ser un número uno? 

–No me veo de esa manera. Pienso que soy UNO que trabaja mucho, que ha tenido la suerte de conseguir logros a través del trabajo y, espero, a través del talento. Me siento UNO que está muy agradecido con la vida que me ha tocado. Con la familia y los amigos que tengo, y con la posibilidad de seguir haciendo proyectos que me motivan. Me encanta hacer cosas mágicas como esta película (se refiere a Eva), que realmente disfruté hacer. 

 

–¿Como vive un superexitoso afuera? 

–Yo vivo por el mundo, vivo viajando. Pero tengo muy adentro el tema de la identidad, y eso siempre me acompaña donde esté. No importa en qué lugar del mundo me encuentre, siento constantemente esa sensación de estar ligado a mi país, por lo que podría decir que nunca me fui y siempre estoy volviendo. 

 

Cielo y Tierra es el nombre de su bodega. Y estas parecen ser las palabras que sintetizan al hombre que tiene los pies bien plantados, y la cabeza volando en la más mágica creación. 

 

Música, películas, familia, vinos, composición y sentido común. Y el ingrediente que amalgama estas virtudes tiene nombre propio, el suyo: Gustavo Santaolalla. Un número uno por el que todos podemos decir: “Chapeau”.